Hollande: "El cambio está en marcha"

Sarkozy, obligado a remontar para seguir en el Elíseo

internacional

| 22.04.2012 - 20:52 h
REDACCIÓN

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Nada más conocer su victoria en la primera vuelta de las presidenciales francesas, François Hollande afirmaba: "Esta noche me he convertido en el candidato de todas las fuerzas que quieren cerrar una página y abrir otra nueva. Los resultados son un voto de confianza a mi proyecto para devolver a Francia el crecimiento y el empleo", señaló el socialista desde la sede de su partido.

Hollande se alza como un candidato capaz de dar un nuevo rumbo a Francia y a la política de austeridad y recortes, pese a su criticada falta de carisma.

El hombre que dirigió el aparato del Partido Socialista (PS) de 1997 a 2008, cuya carrera ha transcurrido entre los pasillos de su formación y la política local en la región rural de Corrèze, aspira a protagonizar "una presidencia normal" frente a un quinquenio cargado, a su juicio, de "anormalidad" e incumplimiento de promesas.

A sus 57 años y sin haber formado parte nunca de un Gobierno francés, ha sabido mantener el apoyo que se le otorgó en las primarias de su partido con una estrategia caracterizada por la ausencia de riesgos y de grandes meteduras de pata.

Representante del ala más centrista del PS, Hollande aboga por volver al equilibrio de las cuentas públicas en 2017, un año después que el actual presidente y contrincante conservador Nicolas Sarkozy, pero, a diferencia de este último, se muestra reacio a inscribir en la Constitución la "regla de oro" del equilibrio presupuestario.

El socialista, líder improbable hasta la caída del exdirigente del Fondo Monetario Internacional el socialista Dominique Strauss-Kahn por sus escándalos sexuales, ha conseguido colocar a la izquierda en la primera línea de la conquista al Elíseo, en manos de la derecha desde la salida de François Mitterrand en 1995.

Frente a la sintonía entre Sarkozy y la canciller alemana, Angela Merkel, que han hecho equipo en la defensa del equilibrio y de los ajustes, Hollande considera que no puede haber recuperación económica sin medidas que apuesten por el crecimiento y es tajante en su voluntad de renegociar el tratado presupuestario europeo.

Esa actitud le ha dado así protagonismo adicional, más allá de las fronteras francesas, y le ha hecho afirmar que "jamás Francia, la izquierda y Europa se han jugado tanto" como en estas elecciones, de las que se celebrará la segunda vuelta el próximo 6 de mayo.

Formado en la prestigiosa Escuela Nacional de la Administración (ENA), cuna de la mayor parte de los políticos galos, Hollande ha acompañado su crecimiento político de una transformación física y personal que le ha llevado a perder peso y pasar de un carácter bromista e irónico a uno más serio, reposado y "presidenciable".

Preocupado por integrar a todas las corrientes socialistas, está satisfecho por que nunca haya habido tanta cohesión en sus filas como en estos comicios y pretende que su eventual ascenso al poder llegue no solo como castigo de la población a Sarkozy, sino también como alternativa viable de cambio.

Padre de cuatro hijos junto a la también socialista Ségolène Royal, de la que se separó tras las presidenciales de 2002, en esta nueva aventura le acompaña la periodista Valérie Trierweiler, que pretende mantener su trabajo e independencia en caso de que su pareja resulte vencedor.

En el programa que puede llevarle al Elíseo figuran propuestas como gravar con un tipo del 75 % a los contribuyentes que ganan más de un millón de euros al año, crear 60.000 empleos en el campo de la educación o regular el sector financiero separando la actividad especulativa de los bancos de la financiación de la economía.

Para cumplirlo y respetar el compromiso de Francia con sus socios europeos de disminuir el déficit al 3 % del Producto Interior Bruto (PIB) en 2013 su programa supondrá 20.000 millones de euros de gastos suplementarios, que el socialista busca costear con un aumento de la presión fiscal sobre los ricos.

Ambición en ese empeño no le falta y, pese a la fama que acarrea de bueno, blando y sin agallas, esa aspiración aparentemente se perfiló ya desde que era niño: "Cuando sea mayor, seré presidente", se indica que dijo una de sus tías en un documental que este lunes difundirá Canal+.

SARKOZY: "UN POLÍTICO AMBICIOSO OBLIGADO A REMONTAR"

El presidente y candidato Nicolas Sarkozy, a quien los resultados de la primera ronda de las presidenciales acercaron hoy peligrosamente a la derrota final, culmina cinco años de mandato marcados por la crisis financiera y económica internacional y por el cambio gradual de sus políticas de Gobierno.

Superado en el primer asalto por el socialista François Hollande, el líder conservador, que cierra quinquenio con una impopularidad superior al 60%, deberá ahora hacer un esfuerzo titánico para remontar en un momento de turbulencias financieras internacionales que han desalojado del poder a otros muchos mandatarios.

Asido a su lema "Francia fuerte", Sarkozy, de 57 años, pretende aún convencer a sus conciudadanos de que el país no se puede permitir alzar a un candidato sin experiencia y juega con esa baza para venderse como un líder sólido capaz de minimizar el impacto de la crisis.

Pese a este primer revés electoral, el presidente saliente, considerado un animal político y un hiperactivo monstruo mediático, ha prometido luchar hasta el final en pos de una complicada reelección.

Y en su pelea por atraerse el favor del electorado, no duda siquiera en lanzar propuestas propias de sus mayores enemigos, el flanco socialista y la ultraderecha, o incluso molestar a sus socios europeos.

La idea de que el Banco Central Europeo (BCE) trabaje por el crecimiento, introducida a una semana del cierre de la campaña, rompió el pacto de silencio mantenido sobre esa entidad con la canciller alemana, Angela Merkel, y le acercó a una postura defendida por el aspirante socialista.

Su amenaza de suspender la aplicación del acuerdo de Schengen si no se reforma para reforzar el control de las fronteras y su endurecimiento de las políticas contra la inmigración ilegal reflejan, asimismo, un viraje hacia la derecha cuestionado de manera oficiosa por miembros de su propio equipo.

En este lustro, su sintonía con Merkel en la defensa de políticas de austeridad y recortes y su presencia en la primera línea de asuntos de política internacional, desde Siria hasta Libia, le han dado fuerza.

Pero dentro del país el desgaste ha sido patente, pese a que Francia haya capeado la crisis mundial mejor que sus vecinos del Sur.

Sarkozy se jacta de que Francia sea el único país de la OCDE cuyo PIB desde 2009 no ha caído ni un trimestre, pero no puede esconder que desde 2007 la deuda pública ha batido todos los récords conocidos.

El paro ha aumentado en un millón de personas y el déficit se sitúa en el 5,2 por ciento mientras el país crece por debajo del 1 por ciento.

El presidente-candidato reconoce que todavía queda mucho por hacer y se presenta con un programa con el que aspira a que Francia "retome el control de su destino" con el equilibrio de sus finanzas, y para lo que calcula un ahorro necesario de 53.000 millones de euros.

La austeridad defendida puertas afuera ha ido acompañada de cambios a nivel personal, con los que ha intentado borrar la imagen de presidente "bling bling" que se dejaba ver demasiado junto a adinerados empresarios, algo que le identificó entre muchos como el jefe de Estado de los ricos.

La pérdida de la triple A en el mercado de deuda, el retraso de la edad de jubilación de los 60 a los 62 años, su política de no sustituir a uno de cada dos jubilados o la debilitada situación del sector educativo tampoco han contribuido a hacerle ganar apoyos.

En esta batalla, le acompaña la exmodelo y cantante Carla Bruni, con la que se casó en 2008 y con quien tuvo el pasado octubre a su cuarto hijo, una niña llamada Giulia, a la que se le ha evitado en todo lo posible su exposición mediática.

Un hipotético segundo mandato pondría un broche de oro a la carrera de alguien que ha escalado todos los peldaños del poder francés, con un inicio en el municipio acomodado de Neuilly-su-Seine y el paso por diversos gabinetes ministeriales.

Su derrota definitiva reflejaría, sin embargo, que pese a sus advertencias de que el voto por Hollande colocará a Francia en la misma situación que Grecia o España, los franceses han optado por los vientos renovación que azuza el socialista.