El ministro de Defensa israelí abandona el Partido Laborista y funda su propio partido

internacional

| 17.01.2011 - 17:59 h
REDACCIÓN
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El ministro israelí de Defensa y actual líder del Partido Laborista, Ehud Barak, anunció este lunes que abandona esa formación para crear un nuevo partido con el que poder seguir en el Gobierno sin recibir constantes críticas a su liderazgo. Barak anunció de forma sorpresiva su decisión en una comparecencia de prensa en el Parlamento israelí (Kneset) acompañado por cuatro diputados laboristas que lo seguirán en esta nueva aventura política, que, en principio, no socava la estabilidad del primer ministro del país, Benjamín Netanyahu.

"Hemos solicitado a la Comisión del Parlamento la formación de una nueva facción que recibirá el nombre de Independencia (...) Un partido centrista, sionista y democrático", anunció Barak en la comparecencia ante la prensa en la que no aceptó preguntas.

Acompañado por los cuatro correligionarios -Matan Vilaní, Shalom Simhon, Einat Wilf y Orit Noked- precisó que la nueva formación tratará de rescatar el espíritu del partido precursor del laborismo, el Mapai del histórico dirigente David Ben Gurión, aludiendo a su carácter más pragmático.

"Nuestro orden del día será primero el Estado, luego el partido", declaró el ministro israelí, que animó a los que piensen como él a sumarse a la nueva formación que tendrá por misión defender "todo lo que sea bueno y correcto para Israel".

Barak dio a conocer su decisión tras haber solicitado en una carta a la Comisión de la Kneset el poder salir del Partido Laborista para crear una agrupación parlamentaria nueva, que en el futuro se transformaría en partido.

Según analistas, la coalición de gobierno que encabeza Netanyahu sale reforzada de la crisis laborista, porque aunque pierde el apoyo de ocho diputados sale más cohesionada ideológicamente. Los ocho representantes laboristas que pierde representaban el ala más paloma de la agrupación y desde hace varios meses instaba a Barak a abandonar el gobierno israelí por el parón de las negociaciones de paz con los palestinos.

"Ha llegado el momento de dejar de mentirnos a nosotros mismos y de abandonar un gobierno que nos ha conducido a un callejón sin salida", afirmó en rueda de prensa el ministro de Asuntos Sociales, Itzhak Herzog, tras entregar la dimisión. A él le siguieron los de Industria y Comercio, Benjamín Ben Eliezer, y de Minorías, Avishai Braverman.

Los tres ministros y cinco diputados preparaban una rebelión si el partido no se retiraba de la coalición de Netanyahu, lo que hubiera dejado a Barak sin presupuestos públicos y sin cargo de ministro, barajan los analistas como teoría.

Barak habría incluso coordinado su decisión con el primer ministro, extremo que parece verse reforzado en el hecho de que el partido conservador Likud instruyó a sus miembros apoyar el "divorcio" en la comisión parlamentaria.

Cuarta formación política de Israel con 13 diputados de los 120 escaños que integran el Parlamento, el Partido Laborista es miembro de la Internacional Socialista y vive desde el primer período de liderazgo de Barak, 1996-2001, sumido en las disputas internas que mantenían la formación en constante peligro de quiebra.

El titular de Defensa permanecerá por ahora en el Gobierno junto a sus otros cuatro seguidores, aunque bajo la bandera de la nueva formación.

Esto deja a Netanyahu con el apoyo de 66 parlamentarios, una exigua mayoría aunque monocorde en cuanto al proceso de paz, y en la que el Partido Laborista era la voz más disonante en una coalición dominada por partidos ultra-conservadores, nacionalistas y religiosos reacios a hacer concesiones a los palestinos.

Aun así, Vilnaí, que acompaña a Barak en su nueva andadura, manifestó que el incipiente partido impulsará los intentos por retomar la negociación con los palestinos, estancada desde el mes de septiembre.

Con su decisión, el ya ex líder laborista se desquita de sus detractores en el seno del partido, que le acusaron de haber conducido el partido de forma personalista, dejado a un lado sus ideales y no haber impulsado suficientemente el proceso de paz.