Benedicto XVI hace un llamamiento a la paz en su bendición 'Urbi et Orbi'

Pide el cese de la violencia en Siria y la reanudación del diálogo entre israelíes y palestinos

El Papa dice que el gran pecado del hombre es querer ocupar el puesto de Dios

Papa orbi

internacional

| 25.12.2011 - 12:47 h
REDACCIÓN

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Benedicto XVI pide el cese de la violencia en Siria, "donde ya se ha derramado tanta sangre", y la reanudación del diálogo entre israelíes y palestinos.

El papa también pidió ayuda para los pueblos del Cuerno de África que sufren la hambruna y para los refugiados de esa región, "tan duramente afectados en su dignidad".

Ante miles de personas reunidas en la plaza de San Pedro del Vaticano, el Pontífice pronunció el tradicional Mensaje de Navidad, en el que también requirió la solidaridad y ayuda para las poblaciones del sureste asiático, especialmente Tailandia y Filipinas, que han sufrido graves inundaciones.

Benedicto XVI, en un tradicional discurso en el que repasa la situación del mundo, abogó por la "plena reconciliación y la estabilidad" en Irak y Afganistán, así como en los países del Norte de África y Oriente Medio.

"¡Que el nacimiento del Salvador afiance las perspectivas de diálogo y la colaboración en Myanmar, en la búsqueda de soluciones compartidas!. ¡Que el nacimiento del Redentor asegure estabilidad política en los países de la región africana de los Grandes Lagos y fortaleza el compromiso de los habitantes de Sudán del Sur para proteger los derechos de todos los ciudadanos!, prosiguió el papa.

El Pontífice aseguró que Jesús vino al mundo para salvar al hombre de ese "mal profundo y arraigado" en el hombre y en la sociedad, que es separarse de Dios, de intentar ocupar su puesto y ser dueño de la vida y de la muerte de los hombres".

"Volvamos la vista a la gruta de Belén: el niño que contemplamos es nuestra salvación. Él ha traído al mundo un mensaje universal de reconciliación y de paz. Abrámosle nuestros corazones, démosle la bienvenida en nuestras vidas", señaló el papa.

El papa señaló que el "gran pecado" de los hombres es actuar de manera presuntuosa por sí solos, competir con Dios, intentar ocupar su puesto y decidir lo que es bueno y malo, ser dueño de la vida y de la muerte. Aseguró que Jesús vino al mundo para salvar al hombre de todos los tiempos, "que no sabe superar por sí solo las dificultades y peligros y necesita poner su mano en otra más grande y fuerte, una mano tendida hacia él desde lo alto".

"Jesús fue enviado por Dios para salvarnos de ese mal profundo, arraigado en el hombre y en la historia, que es la separación de Dios, el presuntuoso orgullo de actuar por sí solo, intentar competir con Dios y ocupar su puesto, decidir lo que es bueno y es malo y ser el dueño de la vida y de la muerte", afirmó Benedicto XV