Segundo día de arresto de Sócrates marcado por mutismo sobre su declaración

El ex primer ministro portugués José Sócrates ya ha pasado dos noches en dependencias policiales y dos días en el Tribunal, donde está llamado a declarar como sospechoso de corrupción, junto a los otros tres detenidos por la misma causa.

Aunque el sábado estuvo más de cinco horas en la sede del Tribunal Central de Instrucción Criminal y hoy se encuentra allí desde primera hora de la mañana, el mutismo sigue siendo la nota dominante en torno a su interrogatorio judicial.

Su abogado, João Araújo, no ha querido comentar nada a la entrada del Campus de la Justicia, un lugar en el que ya había estado el ex jefe del Gobierno luso hace años, cuando fue el encargado de inaugurarlo, tal y como puede verse en un placa conmemorativa del acto.

Sócrates ha vuelto ahora como sospechoso de supuestos delitos de fraude fiscal, blanqueo de capitales y corrupción, por lo que fue detenido la noche del viernes en el aeropuerto de Lisboa, nada más aterrizar procedente de París.

Algunos medios apuntan que los investigadores de este caso sospechan que el ex primer ministro sabía lo que iba a ocurrir y estaba informado de las otras detenciones, registradas el jueves, porque había retrasado su vuelo de regreso a Lisboa en dos ocasiones.

Añaden que el hecho de que haya regresado voluntariamente puede ser considerado un atenuante por el juez. Los otros tres detenidos son un empresario y amigo de la infancia de Sócrates, que actuaría como testaferro del político, su chófer y un abogado. Los tres siguen en la misma sede judicial, sin que haya trascendido nada de su declaración ante el juez encargado de esta causa.

Es un caso que ha provocado una gran conmoción en el país porque se trata del primer ex jefe del Gobierno detenido por delitos de corrupción, pero para muchos no ha sido tan sorprendente.

De hecho, el nombre del político socialista había salido en varios escándalos precedentes -el caso inmobiliario Freeport o los de corrupción "Face Oculta" y Montebranco -, aunque nunca hasta ahora había sido "oficialmente" sospechoso.

Las reacciones políticas a su situación siguen siendo de mucha prudencia y cautela, aunque todos coinciden en que este escándalo puede tener repercusiones en las elecciones legislativas del próximo año y, sobre todo, en el Partido Socialista (PS), que estrena nuevo líder en medio de todo esto.

Se trata del popular y carismático alcalde de Lisboa, António Costa, elegido secretario general anoche con el 96 por ciento del apoyo de los simpatizantes.

En su primer discurso como líder de la oposición, Costa incidió en que hay que separar los sentimientos de amistad y solidaridad de la acción política y la misión del partido.

No obstante, dio un espaldarazo a Sócrates, al afirmar que el PS "no adopta las malas prácticas estalinistas de eliminación de las fotografías de este o aquel".

El partido, añadió, "asume toda su historia de buenos y malos momentos", es solidario personalmente y respetará "escrupulosamente" el dictamen de la Justicia en éste y en cualquier otro proceso.

En causa está el origen de una fortuna de al menos 20 millones de euros, a la que se suman otros 3 millones que Sócrates habría pagado por un piso de lujo en París.

Las sospechas surgieron tras detectarse transferencias bancarias muy elevadas en su cuenta corriente y la de su madre, movimientos de dinero "sin justificación conocida y legalmente admisible", según la Fiscalía General de la República.

Desde el Gobierno no ha habido reacciones, aunque hoy el primer ministro, Pedro Passos Coelho, lanzó un mensaje claramente alusivo, sin citar a Sócrates en ningún momento, al afirmar que los políticos en Portugal "no todos somos iguales".

Los sueños y los objetivos en política se alcanzan con esfuerzo, y lo que no se puede hacer es dar marcha atrás ante la primera dificultad, afirmó el jefe del Ejecutivo en un acto de su partido celebrado en la localidad de Guarda, en el centro de Portugal. Incidió Passos Coelho, se puede decir: "No todos somos iguales", gracias a que se ha trabajado mucho por lograr "esa diferencia".