El Nobel de la Paz homenajea la lucha de las mujeres y la "Primavera Árabe"

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Entrega nobel |Telemadrid

La ceremonia de entrega del Nobel de la Paz 2011, que por primera vez distinguió hoy a tres representantes del género femenino, se convirtió en un homenaje a la lucha de las mujeres de todo el mundo y a la "Primavera Árabe".

La presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf, y su compatriota Roberta Gbowee, reivindicaron los movimientos de mujeres de África y Asia y recordaron a todas las que han obtenido antes el Nobel de la Paz, con especial atención a la keniana Wangari Maathai, la primera africana que lo obtuvo -en 2004- y que falleció este año.

Sin dejar de destacar la lucha de las mujeres, la yemení Tawakkol Karman, la última de las tres en hablar en el Ayuntamiento de Oslo, centró su intervención en defender las revueltas del mundo árabe.

Las tres fueron distinguidas con el centenario galardón por el Comité Nobel noruego "por su lucha no violenta por la seguridad de las mujeres y sus derechos a una participación plena en el trabajo de construcción de la paz".

Y en sus discursos estuvieron muy presentes las mujeres, también "aquellas que con su lucha privada y silenciosa ayudaron a formar nuestro mundo", en palabras de Johnson Sirleaf.

"No tengáis miedo de condenar la injusticia, aunque estéis en minoría. No tengáis miedo de buscar la paz, aunque habléis con una voz débil. No tengáis miedo de exigir la paz", dijo a sus "hermanas" de todo el mundo Johnson Sirleaf, de 72 años, que en 2005 se convirtió en la primera presidenta africana elegida de forma democrática.

Su compatriota Gbowee, de 39 años, comenzó recordando los inicios del movimiento pacifista y multiétnico Women of Liberia Mass Action for Peace, que impulsó en 2002 con otras seis mujeres, "nuestras propias convicciones y diez dólares", y que luego contribuyó a poner fin a la segunda guerra civil en su país.

"Usamos nuestro dolor, nuestros cuerpos destruidos y nuestros sentimientos heridos para confrontar la injusticia y el terror en nuestro país. Éramos conscientes de que sólo a través de la no violencia podríamos acabar con la guerra", dijo Gbowee, recordando que las mujeres fueron "juguetes de guerra" en el conflicto.

Gbowee opinó que la elección de las premiadas llega en el mejor momento, cuando "mujeres que antes eran víctimas silenciosas y objetos del poder de los hombres, derriban los muros de las tradiciones opresoras con la fuerza invencible de la no violencia".

También al poder de la resistencia no violenta apeló Karman, de 32 años y la más joven de las galardonadas, por su papel central en la lucha por los derechos de las mujeres y la democracia en Yemen.

Vestida con el hiyab y dirigiéndose a la audiencia en árabe, Karman aceptó el premio "en nombre de la juventud revolucionaria de Yemen y otros países árabes", que luchan contra "la guerra conducida por líderes despóticos que oprimen a su propia gente".

Esa "revolución juvenil" es pacífica, popular, cuenta con la participación de miles de mujeres y tiene "exigencias justas y objetivos legítimos", según Karman, que la comparó con los procesos políticos surgidos en Europa del Este tras la caída de la URSS.

"La conciencia humana no puede estar tranquila viendo cómo la juventud árabe, que está floreciendo, es segada por la máquina de muerte que los tiranos sueltan contra ella", dijo la activista yemení, reclamando el apoyo del mundo "democrático".

Karman defendió que los procesos en el mundo árabe deben de incluir obligatoriamente la deposición de los dictadores, de sus cuerpos de seguridad y de su "red de nepotismo"; la creación de instituciones para una fase de transición y la creación de un estado "moderno, civil y democrático".

El discurso de Karman cerró la ceremonia, que duró casi dos horas, contó con la asistencia de la familia real y el Gobierno noruegos y tuvo un variado repertorio musical, con un guiño a las galardonadas al incluir a la liberiana Miatta Fahnbulleh, la beninesa Angelique Kidjo y el egipcio Ahmed Fahti.

Las tres ganadoras de este año suceden en el palmarés del premio al activista chino Liu Xiabo, quien no pudo viajar a Oslo el año pasado por estar preso.

El Comité Nobel noruego no elegía a tres ganadores desde 1994, cuando el premio fue a parar a los entonces primer ministro israelí, Isaac Rabin; ministro israelí de Asuntos Exteriores, Simon Peres; y presidente de la autonomía palestina, Yaser Arafat.

Johnseon Sirleaf, Gbowee y Karman se repartirán los 10 millones de coronas suecas (1,1 millones de euros o 1,5 millones de dólares) con que está dotado el premio, al igual que los otros cinco Nobel que se entregan también hoy en Estocolmo.

LA CEREMONIA DE LOS NOBEL SE ESCRIBE EN SUECO CON EL PREMIO A TRANSTÖMER

La ceremonia de los Premios Nobel en Estocolmo se escribió, hoy más que nunca, en sueco con la entrega del galardón de Literatura al poeta Tomas Tranströmer, que fue saludado con una cerrada ovación y que protagonizó los momentos más espontáneos del acto.

Desde su silla de ruedas, Tranströmer, aquejado de una apoplejía, fue el protagonista de la parte más emotiva de la ceremonia, cuando llegó al centro del escenario para recoger su Nobel, un honor que ningún sueco recibía desde hacía 37 años.

El rey Carlos Gustavo de Suecia saludó cariñosamente al poeta, de 80 años, en el momento de hacerle entrega de la medalla y el diploma que le acreditan como Premio Nobel de Literatura 2011.

En ese momento los 1.570 invitados dedicaron una cerrada ovación al poeta, a la que se sumaron la reina Silvia, la princesa heredera Victoria, su esposo, el príncipe Daniel, y el príncipe Carlos Felipe.

Tranströmer regresó a su sitio entre el resto de los premiados, pero no por ello dejó de centrar la atención de la sala.

Mientras sonaba un fragmento de "Rosamunde", de Franz Schubert, el poeta sintió curiosidad por ver la medalla y el diploma y pidió a sus colegas que le ayudaran a abrir el estuche y la carpeta para poder contemplarlos.

Unos pequeños momentos que se escaparon al protocolo en el Konserthuset (Sala de Conciertos), donde la sobriedad fue la nota dominante de una ceremonia en la que los galardonados no pronuncian palabra y en la que cada una de las categorías es presentada por un representante de la academia correspondiente.

En el caso de Tranströmer el encargado de la presentación fue el profesor Kjell Espmark, que destacó que se trata de "uno de los muy pocos escritores suecos con influencia en la literatura mundial" y citó pasajes de algunos poemas, como "Carrillón" o "Schubertiana", cuajados de las "brillante metáforas" e imágenes que le caracterizan y con referencias a su otra gran pasión, la música.

Pero aunque la ceremonia tuvo en Tranströmer a su protagonista absoluto, el rey Carlos Gustavo hizo entrega también de los galardones de Física, Química, Medicina y Economía.

Durante el discurso inaugural, el presidente del Consejo de la Fundación Nobel, Marcus Storch, destacó que para hacer frente a los desafíos que vive la Humanidad, como la crisis financiera o el cambio climático, son necesarias la ciencia y la creatividad, que dependen, entre otros factores, de la educación.

Pero sus primeras palabras fueron para mostrar el "gran pesar" con el que habían recibido la noticia de la muerte de uno de los Nobel de Medicina de este año, Ralph M.Steinman.

Esta es la primera vez que se da un galardón póstumo, y ha sido posible porque el fallecimiento del médico canadiense no se conoció hasta después de anunciarse el premio. Storch agradeció a la esposa de Steinman, Claudia, su presencia en la ceremonia para "honrar la memoria de su marido".

Durante su discurso, Storch recordó que "la Humanidad está haciendo frente a importantes desafíos" como "los graves problemas" causados por la crisis financiera y el aumento de la deuda, los problemas medioambientales o la pobreza.

Para encontrar soluciones, apunto, es necesaria la ciencia, pero también la creatividad, además de una buena educación, pues "un sistema escolar que funcione correctamente es necesario para el desarrollo de la sociedad y la libertad del individuo".

Tras la introducción de Storch fueron entregados los premios. Primero el de Física para Saul Perlmutter, Brian Schmidt y Adam Riess por descubrir que el Universo se expande cada vez más deprisa.

El de Química a Dan Shechtman por el descubrimiento de los cuasicritales. El profesor Sven Lidn destacó de él su tenacidad para enfrentarse a la "verdad establecida", pues en un primer momento la comunidad científica creyó que estaba equivocado.

En el área de la Medicina los premiados fueron Steinamn, Bruce Beutler y Jules Hoffmann por sus descubrimientos sobre el sistema inmunitario humano. Y Thomas Sargent y Christopher Sims recibieron el Nobel de Economía por "sus investigaciones empíricas sobre las causas y efectos en la macroeconomía".

La ceremonia, que se cerró con el himno nacional sueco "Du gamla, Du fria" (Vieja y libre tierra), estuvo jalona de interludios musicales con obras de Giacomo Puccini, Franz Schubert y Franz Lehár a cargo de la Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo.

Como manda la tradición, la sala estaba adornada con flores que cada año proceden de la localidad italiana de San Remo, donde tal día como hoy murió Alfred Nobel en 1896.

En esta ocasión, los colores elegidos fueron blanco y amarillo, para lo que se emplearon más de 25.000 flores y hojas, entre ellas rosas de Navidad blancas, lirios gloriosos y amaryllis.