Japón pide ayuda al Organismo Internacional de la Energía Atómica

La alarma nuclear se incrementó hoy en Japón por la confusión en torno a la central de Fukushima (noreste del país), donde los continuos problemas en varios reactores han aumentado el temor a una fuga de radiactividad descontrolada.

El Gobierno nipón, hasta ahora muy precavido en sus declaraciones sobre la crisis en la central, admitió por primera vez que "muy probablemente" tres reactores de la central 1 de Fukushima han sufrido una fusión de sus núcleos a causa del sobrecalentamiento.

Ahora el objetivo de los equipos que trabajan en esa planta, operativa desde hace 40 años, es mantener intactos los recipientes primarios de contención de los reactores (las "capas" que los protegen) y evitar una peligrosa fuga de radiactividad en la zona, donde se ha evacuado a unas 200.000 personas.

Los esfuerzos para controlar los reactores se vieron dificultados por una explosión hoy en el edificio del reactor 3 que dejó once heridos, entre ellos siete trabajadores de la central y cuatro militares.

El Gobierno dijo que la explosión, similar a la ocurrida el sábado en el reactor 1, no fue nuclear sino química, causada por una acumulación de hidrógeno.

También aseguró que no dañó al reactor ni provocó una fuga masiva de radiación, ya que los niveles de radiactividad en torno a la central no parecían haberse disparado tras el accidente.

En cambio, el estallido pudo haber causado daños a cuatro de las bombas anti-incendios que estaban preparadas para enfriar los reactores a través de la inyección de agua de mar, según la Agencia para la Seguridad Nuclear de Japón.

A última hora de la tarde, este organismo indicaba que solo había una bomba en funcionamiento para tratar de enfriar el reactor número 2, pese a que el 1 y el 3 todavía necesitaban nuevas inyecciones de agua marina, según la agencia local Kyodo.

La confusión sobre la situación de la planta se incrementó con informaciones contradictorias de la compañía propietaria Tokio Electric Power (TEPCO), que poco después de anunciar que la temperatura en los reactores 1 y 2 era por fin estable, sorprendió al advertir de un nuevo y grave sobrecalentamiento del segundo.

Y, pasada la medianoche, se sucedían las informaciones sobre serias dificultades con la temperatura del núcleo del reactor 2.

El propio portavoz del Gobierno, Yukio Edano, llegó a criticar a TEPCO al indicar que las informaciones que estaba haciendo llegar a la oficina del primer ministro eran "poco precisas".

La preocupación llevó a efectuar exhaustivos controles de radiactividad en la zona, donde en la noche del domingo se hablaba de casi 200 personas que podían haber estado expuestas a radiaciones, sin que la cifra se confirmara hoy, lunes.

En medio de estas pruebas, hoy se detectaron síntomas de radiactividad de bajo nivel en 17 miembros de un equipo militar de EEUU que colaboraba con helicópteros en las labores de asistencia en la provincia de Miyagi, una de las más afectadas por el seísmo.

El descubrimiento llevó a que esa brigada suspendiera temporalmente sus trabajos, incluidos las operaciones del portaaviones de propulsión nuclear Ronald Reagan.

Según los militares de EEUU, el origen de esa radiactividad habría sido una columna de humo proveniente de la central, que contaminó al personal de tres helicópteros con un nivel bajo, equivalente a la radiación ambiental que se acumularía en un mes.

CRECE EL NÚMERO DE VÍCTIMAS

Por otra parte, según el último recuento policial, 1.833 personas murieron y otras 2.369 se encuentran desaparecidas a causa del grave seísmo de 9 grados de magnitud en la escala Richter ocurrido el viernes y que originó un devastador tsumani. No obstante, la cifra final aumentará hasta varios miles debido a que las autoridades locales de las provincias afectadas están facilitando datos de desaparecidos y fallecidos que superan con creces el recuento oficial.

La agencia local Kyodo, en la costa de la provincia de Miyagi, la más afectada por el terremoto, se han hallado unos 2.000 cadáveres mientras otros 200 o 300 cuerpos fueron localizados en su capital, Sendai. En la localidad costera de Minamisanriku, también en Miyagi, las autoridades todavía no han podido localizar desde el viernes a unas 9.500 personas, la mitad de la población, aunque se cree que algunos pudieron refugiarse en pueblos vecinos. Tampoco se conoce el paradero de otros 8.000 residentes del pueblo costero de Otsuchi, en la provincia de Iwate.

Unos 100.000 militares al mando del operativo de salvamento peinan la zona nordeste de Japón en busca de víctimas arrastradas por la ola gigante de diez metros de altura, mientras que 550.000 habitantes han sido evacuados a causa del desastre.

Un nuevo seísmo de 6,2 grados de magnitud -la última de las casi 280 réplicas- se produjo a las 15.13 hora local (06.13 GMT) con epicentro en el Océano Pacífico, frente a las costas de las provincias de Miyagi e Iwate y a unos 10 kilómetros de profundidad, informó la Agencia Meteorológica nipona.

El temblor pudo sentirse con fuerza en Tokio, la mayor ciudad del mundo con más de 30 millones de habitantes, donde el ambiente era de tristeza y los ciudadanos recurre a medios de transporte alternativo como la bicicleta, ante los cortes de suministro eléctrico.

El Gobierno hizo un llamamiento a conservar y repartir la energía, y autorizó cortes eléctricos rotatorios de entre tres y seis horas a partir de hoy. Cerca de 45 millones de personas pueden verse afectados por los cortes, que excluirán el centro tokiota y que tampoco afectarán al aeropuerto internacional de Narita, en la capital nipona.

También se está racionando la gasolina en la costa oriental, donde siguen paradas las refinerías de crudo. La Agencia Meteorológica del país ha advertido a la población nipona de una semana de réplicas y de un 70 por ciento de posibilidades de que hasta este miércoles se registre un terremoto de 7 grados en Japón.