"Gracias Uribe por devolvernos la esperanza"

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Juan Manuel Santos ya es el nuevo presidente de Colombia, juraba el cargo anoche en Bogotá, frente a 5 mil invitados. Su compromiso: luchar contra el paro, y contra el narcoterrorismo de las FARC. Santos ha dado las gracias a su antecesor Álvaro Uribe, por devolver a Colombia la esperanza en el mañana.

En su primer discurso como presidente, Santos tendió la mano a Venezuela para normalizar unas relaciones rotas desde hace semanas. Además el nuevo líder del ejecutivo colombiano habló de un diálogo con las FARC, pero sólo si entregan las armas y renuncian al secuestro, el narcotráfico y la extorsión

"Juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia", respondió Santos, cuando el presidente del Congreso, Armando Benedetti, le tomó el juramento y le impuso la banda presidencial en la histórica Plaza de Bolívar, en el centro de Bogotá.

En la investidura de Santos estuvieron presentes casi una veintena de altas personalidades entre jefes de Estado y Gobierno, vicepresidentes, y el Príncipe Felipe de Borbón, en representación de España.

Precisamente con el Príncipe mantuvo una reunión Santos y le dijo que su país aguarda más inversión de las grandes, medianas y pequeñas empresas españolas durante una reunión poco antes de tomar posesión como jefe de Estado.

Durante la mañana Santos había estado junto con su círculo familiar más estrecho y algunos asesores en la Sierra Nevada de Santa Marta, donde los "mamos" (sabios) de cuatro etnias indígenas que habitan el lugar le entregaron un bastón de mando y le pusieron en cada mano una pulsera para "protegerlo de los malos espíritus".

Santos, de 58 años, fue candidato del Partido de la U y venció al dirigente del Partido Verde, Antanas Mockus, en una elección en la que obtuvo más de 9 millones de votos, la mayor votación en la historia de Colombia.

El nuevo presidente, casado y padre de tres hijos, prometió en su campaña continuar las exitosas políticas de seguridad de Uribe en la lucha contra la guerrilla y el narcotráfico, además de impulsar reformas sociales para reducir el desempleo urbano de más de 12 por ciento y la pobreza en la que vive casi la mitad de los 44 millones de habitantes del país.