Acuerdo internacional para frenar la contaminación en la Antártida

La Antártida recibió hoy un compromiso internacional para frenar la contaminación que causan actividades científicas y, sobre todo, las decenas de miles de turistas que visitan el llamado "continente blanco" cada año.

El compromiso fue acordado por delegados de 28 países en la reunión anual del Consejo de Administradores de Programas Antárticos Nacionales (COMNAP, por su sigla en inglés) al cabo de cuatro días de deliberaciones en Buenos Aires.

Las partes resolvieron coordinar políticas ambientales que incluyen la creación de áreas de protección del ecosistema y un mayor control para impedir incumplimientos de normas ecológicas y de seguridad.

Una de las principales preocupaciones del comité es la "conducta negligente" de turistas que visitan la Antártida en pequeños buques que están fuera de los registros de la agencia internacional que regula esa actividad en el continente austral.

"No queremos limitar la presencia de turistas en la Antártida pero sí vigilar mejor sus actividades para que respeten las normas ambientales", apuntó a Efe Mariano Mémolli, delegado argentino en la reunión de Buenos Aires.

Mémolli calculó que unos 40.000 turistas visitan anualmente el "continente blanco" y buena parte de ellos viajan en barcos que no están avalados por la agencia internacional de turismo en la Antártida.

Mémolli explicó que buques turísticos no registrados viajan hacia la Antártida desde puertos de países que no son parte del tratado, que entró en vigor en 1961 y cuenta actualmente con 48 signatarios, entre miembros consultivos (plenos) y adherentes.

Estos 48 países llevan adelante programas de investigación científica ya sea por medio de bases propias o en cooperación con otros y resulta imposible llevar un recuento de la cantidad de residuos que generan sus actividades, apuntaron otras fuentes del COMNAP.

Los portavoces señalaron que en la reunión de Buenos Aires también hubo mucha preocupación por los pequeños o grandes derrames de combustible que pueden ocasionar los barcos que navegan por la zona antártica.

El último accidente grave ocurrió en 2007 con el naufragio del crucero "Explorer", que estaba registrado en la agencia internacional de turismo antártico cuando naufragó cerca de las islas Shetland del Sur con 185.000 litros de gasóleo a bordo.

Episodios como el del "Explorer" han disparado en los últimos años la investigación para desarrollar microorganismos que reduzcan la presencia de hidrocarburos, una de las materias pendientes entre los países con intereses en el continente.

Algunas de estas investigaciones se presentaron durante la reunión bienal que celebró paralelamente en Buenos Aires el Comité Científico de Investigaciones Antárticas (SCAR) con la presencia de un millar de expertos de 40 países.