Una empresa española lidera producción de nuevo biocombustible con camelina

Inmaculada Gómez coordinadora de la Iniciativa Española de Producción y Consumo de Bioqueroseno para Aviación (Archivo)

economia

| 03.09.2015 - 09:00 h
REDACCIÓN

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Fomentar el desarrollo de una industria española de biocombustible usando cultivos sostenibles de camelina como materia prima y minimizando el impacto ambiental es el principal objetivo de la Iniciativa Española de Producción y Consumo de Bioqueroseno para Aviación, apoyada por la Unión Europea.

La "Camelina Sativa" es una planta utilizada generalmente para producir aceite vegetal con el que se elaboran jabones y otros compuestos químicos o para alimentación animal y su principal ventaja es que crece en suelos pobres y con poca lluvia.

Además, se puede sembrar en terrenos en barbecho porque es beneficiosa para la rotación de cultivos, "con lo cual el agricultor obtiene así un rendimiento, una cosecha, en un terreno que normalmente no le produciría nada, sin perjudicar cultivos para alimentación", según explica a Efeverde la coordinadora de esta iniciativa, Inmaculada Gómez Jiménez.

El posible mal uso de la tierra y la interferencia en la producción de alimentos han sido en los últimos años las principales críticas contra la producción de biocombustibles, pero ambas quedan anuladas gracias al uso de la camelina.

El proyecto ITAKA (por sus siglas en inglés "Initiative Towards sustAinable Kerosene for Aviation") es una idea puesta en marcha por la sociedad española Servicios y Estudios para la Navegación Aérea y la Seguridad Aeronáutica (SENASA) tras el acuerdo entre el ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, el de Fomento y el de Industria, Turismo y Comercio junto con el Observatorio de Sostenibilidad en Aviación (OSA).

"Es un proyecto pionero", explica Gómez Jiménez, "en el que ahora mismo contamos con 11 socios de 9 países liderados por España", con tres empresas nacionales: SENASA, Camelina Company España y Compañía Logística de Hidrocarburos.

En la actualidad, "existen tres tipos de tecnologías aprobadas de transformación para generar biocarburantes..., el proceso Fischer-Tropsch (que usa carbón, biogás o biomasa), el HEFA (con aceites y grasas) y la transformación de azúcar de caña: nosotros trabajamos con el segundo tipo."

La ventaja del HEFA es que puede elaborarse "usando distintos productos, desde el aceite usado de cocina hasta la camelina, que es nuestra apuesta principal".

En 2014 fueron sembradas con esta planta en torno a 2.700.000 hectáreas en España, especialmente en Castilla La Mancha, "aunque en los últimos tiempos se ha producido una expansión del cultivo hacia Castilla y León, Aragón y Andalucía".

La cosecha "depende de la temporada", precisa Gómez Jiménez, pues "en años malos, obtenemos entre 500 y 700 kilos por hectárea, aunque el valor normal está en unos 1.500 kilos".

De esta cantidad, en torno a un 35 % se destina a la producción de aceite para el biocombustible y el resto se dedica a fabricar tortas de harina que sirven como pienso "con la particularidad de que además tienen gran contenido en Omega 3".

Se trata de una producción todavía pequeña aunque "existe interés por parte de las compañías aéreas" en el desarrollo del proyecto ya que, aunque no es más barato que combustibles de origen fósil, sí resulta más eficaz "y una media del 25% de los costes de una compañía aérea se invierte en este gasto".

Además, "los viajeros no notan la diferencia, pero el medioambiente sí" puesto que "al contener menos impurezas, resulta más eficiente y genera menos residuos, lo que beneficia la lucha contra los inconvenientes del cambio climático".

En lo relativo a las emisiones, "aplicamos el marco europeo de la directiva de energías renovables para disminuirlas en un 35 %, aunque buscamos un mínimo de reducción del 60 % de este biocombustible respecto al fósil".

El biocarburante desarrollado por ITAKA ha sido probado ya con éxito en una veintena de vuelos Amsterdam-Aruba de la compañía holandesa KLM y en un viaje Madrid-Barcelona de Iberia y, con un presupuesto de 19 millones de euros, está considerado como "el proyecto bandera" de la UE en esta materia.

Ahora será probado en un aeropuerto europeo "a finales de este año o principios del que viene" suministrándolo a todas las compañías que operen allí lo que, en caso de éxito, puede suponer el espaldarazo definitivo a su producción masiva.