El Calderón cumple 50 años

El tortuoso traslado del Atlético al Manzanares

Aficionados del At. Madrid

deportes

| 01.10.2016 - 12:57 h
REDACCIÓN

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El Vicente Calderón, estadio del Atlético de Madrid, cumple este domingo 50 años. Necesitó de un largo proceso de construcción, siete años desde el inicio de las obras hasta el primer partido oficial de los rojiblancos: un tortuoso traslado desde el Metropolitano hasta el estadio del Manzanares.

El trayecto desde Cuatro Caminos a su nuevo hogar fue complejo para el Atlético, con inconvenientes arquitectónicos, financieros y administrativos, que llevaron siete años para poder disputar sus partidos en el nuevo estadio y seis más para su inauguración oficial, el 23 de mayo de 1972 con un España-Uruguay (2-0), ya con el campo bautizado con el nombre del presidente Calderón.

PRESIDENTE Y ARQUITECTO

Un trayecto que comenzó en la cabeza de otro presidente rojiblanco: Javier Barroso, que fue también el arquitecto del proyecto, puesto en marcha después de una primera tentativa de ubicar el nuevo estadio en la Ciudad Universitaria, desechada al encontrar unos terrenos a buen precio en la ribera del Manzanares.

"El Metropolitano era un campo antiguo, con la mayoría de entradas de pie, en el que no se podía recaudar mucho dinero por entradas", recuerda Ildefonso Martínez, sobrino del expresidente rojiblanco. Barroso había sido portero del club en los años veinte, entrenador en los treinta y presidente de la Real Federación Española de Fútbol la década siguiente.

El viejo estadio de Cuatro Caminos, del que se planeó una ampliación para la que se llegaron a emitir unas obligaciones de crédito, tenía limitaciones naturales para seguir creciendo, que obligaron a plantearse mudar al Atlético a un nuevo estadio.

"El Metropolitano no daba para más, había problemas para el acceso a tribuna y no se podían hacer más ampliaciones. No tenía solución", explica Bernardo Salazar, historiador futbolístico.

TERRENOS BENDECIDOS

Para ello en 1958 se acuerda la compra de unos terrenos entre el Puente de Toledo y el de Segovia a la Canalización del Manzanares, entidad dependiente del Ministerio de Obras Públicas. Los terrenos son bendecidos el 7 de diciembre por el capellán del club, Pablo Serrano, y las obras comienzan el 3 de agosto de 1959.

El proyecto original de Barroso pretendía que el estadio costase unos 200 millones de pesetas (unos actuales 1,2 millones de euros) y estuviera concluido para la temporada 1962-63. No obstante, a finales de 1961 la falta de liquidez obliga a detener las obras. La cercanía del río había obligado a una cimentación que disparó los costes del estadio.

Al Atlético, que seguía por aquel entonces en el Metropolitano, le había ido bien deportivamente. Venía de ganar dos Copas (1960 y 1961) y una Recopa al Fiorentina italiano que requirió de un desempate, el 5 de septiembre en Stuttgart, con victoria rojiblanca 3-0 y goles de Miguel Jones, el angoleño Mendonça y Joaquín Peiró.

PROBLEMAS DEPORTIVOS

Pese a que unos días después, en la Asamblea General de Socios del Atlético, la directiva había desmentido los rumores de venta de Peiró en una complicada situación financiera, 15 días después la Junta Directiva rojiblanca acepta la venta del 'Galgo de Metropolitano' por 25 millones de euros al Torino italiano.

"El Torino ofrecía condiciones imposibles para el Atlético en aquel momento", recuerda el sobrino del entonces presidente Barroso. Muchos aficionados atléticos, acudieron enfadados a protestar a la sede del club, en la calle Barquillo.

A los problemas deportivos -el club llega a ocupar posiciones de descenso- y económicos se suma la demora de la venta del Metropolitano, que se concreta en 1963. "Mantenemos nuestra fe, nuestras preocupaciones y nuestros desvelos por llegar a la meta del Estadio Manzanares", afirma Barroso a los socios en asamblea.

LA SOLUCIÓN

La solución al complicado trance del conjunto rojiblanco pasa por un constructor y empresario cántabro: Vicente Calderón. El Marqués de la Florida, Luis Benítez de Lugo, fue quien se lo presentó a Barroso.

"Calderón era consejero del Banco de Valladolid y tenía prestigio. Fue presentado a Barroso como alguien que podía salvar al club", afirma Salazar. Calderón es nombrado vicepresidente tercero el 31 de diciembre de 1963 y el 21 de enero de 1964 Barroso y sus dos vicepresidentes dimiten.

Calderón queda como presidente en funciones y gana unas elecciones el 17 de marzo en las que es el único candidato. Entre sus primeros fichajes llega un jugador procedente del Betis: Luis Aragonés. Por aquel entonces se cierra la venta del Metropolitano a la Inmobiliaria Vista Hermosa.

Los problemas no acabarán ahí, ya que la venta del estadio de Cuatro Caminos obliga al Atlético a marcharse. Se negocia con el Real Madrid para jugar en Chamartín, que exige las mismas condiciones que tuvo cuando jugó en el Metropolitano en los cuarenta durante su construcción: que sus socios tengan acceso a los partidos, algo inasumible con el número de socios del momento.

ELECCIÓN DE ASIENTO

"Llegaremos al Manzanares sin pasos intermedios", anuncia Calderón, que consigue varias prórrogas de la inmobiliaria hasta culminar en el Metropolitano la campaña 1965-66, en la que el Atlético sale campeón de Liga. El último partido en Cuatro Caminos fue el 7 de mayo de 1966, victoria 1-0 contra el Athletic de Bilbao con gol de José Enrique Gutiérrez Cardona.

En el verano de 1966, los socios rojiblancos pudieron escoger su asiento en el nuevo estadio gracias a una maqueta ubicada en el Palacio de los Deportes. Incluso se sacan unos abonos por cinco años para facilitar la financiación.

No sin solicitar aún más aplazamientos, como el del primer partido liguero en casa contra el Barcelona, y con la autorización municipal 'in extremis', obtenida solo con 48 horas de antelación, el Atlético puede inaugurar su nuevo estadio.

Lloviznaba en el estreno del Manzanares contra el Valencia, deslucido por la hora (las 12.45 horas del mediodía), la retransmisión televisiva y la falta de aforo: unas 20.000 personas de las casi 40.000 que cabían en un estadio aún no terminado, con grúas que asomaban sobre el segundo anfiteatro y sin la tribuna principal.

"Irse tan lejos, era complicado. Muchos de los aficionados del Metropolitano eran más aficionados al fútbol que al Atlético y no se animaron. El metro tampoco estaba en aquel momento", recuerda el historiador Bernardo Salazar, presente en aquel encuentro en una tribuna distinta a la del abono de su familia, ubicado en una de las zonas inconclusas del estadio.

PRIMER ENCUENTRO EN EL CALDERÓN

El primer encuentro en el Calderón, con resultado 1-1, primer gol de Luis Aragonés y empate de Paquito en la segunda parte para el conjunto valencianista, tuvo como presencia oficial la del ministro José Solís, secretario general del Movimiento, y Gregorio López Bravo, ministro de Industria.

Nadie acudió por parte del Ayuntamiento, ya que el alcalde Carlos Arias Navarro esgrimía que nunca se le había presentado un expediente de la obra del estadio ni se había solicitado la licencia, en un conflicto entre la autoridad municipal y el Ministerio de Obras Públicas, de quien dependía la Canalización del Manzanares a la que el Atlético compró la parcela.

"Como consecuencia de ello, tras la inauguración el Ayuntamiento exigió que se presentara un proyecto y se legalizara la situación. El conflicto se solucionó cuando el Atlético presentó el proyecto, pero se le impidió hacer unas pasarelas sobre el río que daban acceso a la tribuna", explica Pedro Montoliú, periodista y cronista de la Villa.

SE PARALIZAN LAS OBRAS

El conflicto fue tenso y obligó a Calderón a pedir apoyo a sus contactos en el régimen, lo que no libró al estadio de una nueva paralización de obras en la tribuna que faltaba por construir, reanudadas en junio de 1971 y completadas en febrero de 1972.

Antes de la conclusión de la obra, los socios rojiblancos proponen en Junta General que se cambie la denominación a Estadio Vicente Calderón. El presidente pide unanimidad, que se obtiene en una votación a mano alzada: el Manzanares ya tenía nombre propio.

La inauguración definitiva del Estadio Vicente Calderón, con la presencia de Franco y el entonces príncipe Juan Carlos de Borbón en el palco, se produce con un España-Uruguay, con victoria 2-0 para el combinado español que dirige Ladislao Kubala.

El partido sirvió de despedida de la selección del rojiblanco Isacio Calleja y el segundo de los goles fue obra de otro atlético, José Eulogio Gárate. Un final feliz para un camino tortuoso que el Atlético transitó entre Cuatro Caminos y el Manzanares: entre el Metropolitano y el Vicente Calderón.