1-1. El Atlético no puede con el Villarreal

Ángel Correa y Carlos Bacca ponen las tablas

Simeone: "Me quedo con la intensidad y la lucha"

Correa: "Tenemos que seguir trabajando"

Atlético de Madrid-Villareal

deportes

| 28.10.2017 - 19:26 h

Efe

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Un testarazo del colombiano Carlos Bacca, el 1-1 a diez minutos del final para el Villarreal, frustró de nuevo al Atlético de Madrid, frenado otra vez por su enésimo ejercicio de falta de gol y merecedor de mucho más por ocasiones y ambición, pero replegado y empatado cuando se sintió más cerca del triunfo (1-1).

Porque la diferencia entre los tres puntos por los que jugó el conjunto rojiblanco y el punto que sumó finalmente a su cuenta en la clasificación fue de eficacia en ataque, la que aún rebusca sin éxito el Atlético en sus últimos encuentros y la que sí tuvo su rival en el único tramo en el que se lanzó hacia la portería local.

UNA VICTORIA EN SEIS PARTIDOS

Una victoria en sus últimos seis partidos oficiales -siete con el de este sábado- han mermado de confianza al Atlético. Se nota en sus encuentros más recientes, sin tanta seguridad ni determinación. Por eso, cada jugada que le funciona le rearma, como si necesitara de una reafirmación constante para convencerse de su capacidad real.

Después de un cuarto de hora anodino, con el Villarreal sin más pretensión que poseer el balón, siempre con pases cercanos, sin casi riesgos, apenas una vez por el área contraria en una acción de Bacca que acabó mansa en las manos de Jan Oblak, y con el Atlético sin conectar en su ataque, de pronto encontró un plus en ese sentido.

Una combinación de unos cuantos toques, que comenzó con un rebote, pero que se desarrolló con soltura de un lado a otro del campo hasta la derecha, hasta el centro de Juanfran y el remate desviado de cabeza de Saúl Ñíguez; una jugada puntual entonces, allá por el minuto 17, que fue un estímulo incalculable para el Atlético.

OCASIONES ROJIBLANCAS

Ya con la presión más ajustada, ya con las ideas ofensivas más afinadas y ya más incisivo, sobre todo desde la actividad por la banda derecha de Correa, en crecimiento este curso. Suyo, instantes después, fue el siguiente disparo y suyo fue el buen pase que acabó en la nada por la precipitación de la volea de Gameiro.

No fue mucho entonces, pero suficiente para palpar que el partido ya había cambiado, que estaba más donde lo quería el Atlético que donde lo aguardaba el Villarreal, exigido ya con más continuidad, porque el centro del campo rojiblanco ya tenía más la pelota, porque aparecían Gameiro y Griezmann, desacertado en dos intentos, porque profundizaba Correa y porque recuperaba más y más rápido la pelota.

Salvo en el marcador y un lapsus, el pasillo que ofreció la defensa atlética para el pase profundo de Manu Trigueros que dejó solo a Cedric Bakambu camino de la meta de Oblak hasta la irrupción salvadora de Savic, el partido ya era del Atlético sin más discusión que su propia falta de gol, recurrente últimamente en el equipo.

PÓLVORA MOJADA

El primer tiempo lo terminó con tres ocasiones más. La primera fue doble, con un remate de Griezmann que repelió con el pie Barbosa y que luego salvó bajo palos Víctor Ruiz, a tiro de Saúl Ñíguez; las otras dos a balón parado, el cabezazo de Diego Godín al que voló el guardameta y la impresionante volea de Thomas que se marchó fuera.

Otra vez le faltó pegada al Atlético, ganador a los puntos, pero 0-0 al intermedio. Lo recibió el Villarreal como un alivio. Su proposición fue tímida en el primer tiempo, del que salió a trompicones, agarrado a su portero y con la duda de cuanto más duraría su resistencia... o la falta de gol del equipo rojiblanco.

La respuesta: una oportunidad del Villarreal con un lanzamiento desde fuera del área de Rodri al que se estiró Oblak y dieciséis minutos más; el tiempo que tardó en encontrar el Atlético el gol que había merecido antes, del que no estaba tan cerca en ese momento y que logró por medio de Correa, su máximo goleador hasta la fecha.

GOL DE CORREA

El gol, superada mínimamente la hora de partido, fue suyo, pero nada habría sido posible sin la genialidad que inventó Griezmann; un pase extraordinario de volea, magnífico por visión de juego, ejecución y resultado, a la irrupción por la derecha del argentino, que rebasó a su marcador con el control y batió a Barbosa (1-0).

Un impulso para el Atlético, pero también para la reacción del Villarreal, que, entonces sí, fue un bloque más reconocible, más ambicioso, más valiente para proponer mucho más que la posesión de balón y más efectivo de lo que había sido su adversario en todo el encuentro, con un cabezazo de Carlos Bacca que igualó el duelo.