Tres novillos desaprovechados y una buena entrada en Las Ventas

cultura

| 06.08.2017 - 15:20 h

EFE

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Tres novillos de alta nota de Araúz de Robles, lidiados en segundo, quinto y sexto lugar, sin embargo, no fueron convenientemente aprovechados por sus lidiadores, en la cuarta y última novillada clasificatoria del certamen de nocturnas de Las Ventas, que volvió a registrar una buena entrada.

FICHA DEL FESTEJO.- Seis novillos de Araúz de Robles, bien presentados en líneas generales y de juego desigual. El mejor, el encastado segundo, un gran novillo; también "se dejaron" mucho los manejables quinto y sexto; flojo y a la defensiva, el primero; aplomado el tercero; sin raza ni clase, el cuarto.

Guillermo Valencia, de barquillo y oro: pinchazo, media atravesada y tres descabellos (silencio tras aviso); y pinchazo, media desprendida y atravesada, y larga agonía (silencio tras aviso).

Luis Manuel Terrón, de sangre de toro y oro: pinchazo hondo y dos descabellos (silencio tras aviso); y estocada tendida y caída que "hace guardia" y descabello (división al saludar tras aviso).

Fernando Flores, de celeste y oro: estocada (silencio); y pinchazo y estocada (vuelta al ruedo tras petición).

En cuadrillas, Pedro Lara y Miguel Martín bregaron con eficacia al tercero y sexto, respectivamente.

La plaza registró más de un cuarto de entrada en tarde-noche muy calurosa.

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FRANCAS OPCIONES PARA TAN POCO RODAJE

La cuarta y última novillada clasificatoria del certamen internacional de "nocturnas" ideado -e improvisado- por Plaza 1 para cubrir los primeros festejos de la canícula madrileña deparó para el aficionado pocas cosas buenas. Pero haberlas las hubo. Pocas, pero las hubo.

Primero hay que destacar la buena entrada que registró nuevamente la plaza, con casi un tercio de su aforo cubierto, lo que demuestra que esta fórmula funciona, y todavía sería mejor con un poquito más de ambición en los despachos. Y después también cabe resaltar la casta y la calidad del segundo novillo, y la manejabilidad de quinto y sexto, los tres desaprovechados por sus lidiadores.

Y es que ese segundo de la función fue bueno de verdad. Encastado, con prontitud en los cites, codicia en sus acometidas y yendo siempre por abajo, sin embargo, el extremeño no se hizo con él, desbordado por momentos e, incluso, desarmado en varias ocasiones. Lástima de oportunidad perdida, pues "Extenuada", que fue como se llamó el utrero, fue de lío gordo.

Y el quinto, sin ser lo del anterior, en cambio, fue también novillo de francas posibilidades, y Terrón, todo voluntad, acabó otra vez ahogado en una faena tan larga y tesonera como vulgar y anodina en lo artístico. Volvió a faltarle acople al de Higuera de Vargas. Se acordará seguro de la ocasión desaprovechada en la primera plaza del mundo.

El otro novillo de nota fue el sexto, con el que Fernando Flores dejó los mejores muletazos de la función dentro de una faena de buena actitud aunque le faltara mayor rotundidad. Se le notó el poco rodaje que aún atesora este joven extremeño, que, sin estar mal, debió estar mejor a tenor de las opciones que le brindó el utrero. Al final dio una vuelta al ruedo.

Su primero, en cambio, fue un novillo que, pese a cumplir sobradamente en el peto, se vino abajo en el último tercio, sin pasar del embroque hasta pararse por completo. Difícil papeleta para el otro extremeño de la terna, que puso mucha voluntad pero sin poder resolver nada en lo artístico.

A portagayola se fue Guillermo Valencia a recibir al "parte plaza", novillo alto, zancudo, escurrido de carnes y cómodo por delante, que ya apuntó muy pocas fuerzas de salida, lo que corroboró después en el caballo y en un quite por chicuelinas de Terrón.

En la muleta tendió a defenderse y a "acostarse" por los dos pitones. El joven colombiano trató de llevarlo a media altura, sin obligarle demasiado en una faena pulcra y aseada, pero ayuna de emoción, quede dicho que por falta de oponente.

No pudo redondear tampoco nada del otro mundo Valencia con el cuarto, novillo sin raza ni clase a partes iguales, sin humillar y frenándose también en la mitad de las suertes.