Tarde huérfana de trofeos con deslucidos Juanpedros en la Feria de Málaga

cultura

| 19.08.2017 - 15:25 h

EFE

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Ni una sola oreja se ha cortado hoy en el séptimo festejo de la feria de Málaga, una tarde condicionada por el poco juego de la corrida de Juan Pedro Domecq, y en la que Ginés Marín ha logrado lo más destacado, aun sin llegar a redondear el triunfo.

FICHA DEL FESTEJO.- Seis toros de Juan Pedro Domecq, justos de presentados, flojos y descastados en general.

Francisco Rivera Ordóñez, Paquirri, de azul rey y oro: media (palmas); y pinchazo y estocada (ovación).

Cayetano, de obispo y oro: estocada (ovación tras petición); y pinchazo y estocada (palmas).

Ginés Marín, de verde hoja y oro: dos pinchazos y dos descabellos (ovación); y varios pinchazos (silencio).

Al finalizar el paseíllo, se guardó un minuto de silencio por las víctimas del atentado de Barcelona.

En cuadrillas, saludaron en banderillas Iván García y Alberto Zayas.

La plaza registró tres cuartos de entrada en tarde agradable.

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DEL ÉXTASIS AL OCASO

Llegó el día después de la euforia y la tarde no pudo ser más anodina. No acompañaron los toros de Juan Pedro Domecq, que hoy sí se lidiaban al completo y que mostraron una gran falta de raza y fuerzas, lo que condicionó el discurrir del festejo.

Ginés Marín recibió al tercero, primero de su lote, por verónicas muy templadas para después echarse el capote a la espalda y seguir por gaoneras y chicuelinas. Brindó al público y comenzó la faena de muleta teniendo que medir la altura a la que conducir al animal debido a la manifiesta flojedad del mismo.

Faena de gusto, de temple y empaque, basada sobre la mano izquierda. Citó de frente, con el pecho por delante, sacando los muletazos de uno en uno, pero de manos muy bajas y enroscándose también el animal a la cintura.

En su segundo, sexto de la tarde, un animal con casi seis años, lo paró con verónicas rodilla en tierra de empaque para terminar con una larga.

Animal complicado, que se quedaba muy corto y reponía muy rápido. Se la jugó el extremeño acortando mucho las distancias y dejándoselo pasar muy cerca de la taleguilla, llegando a asustar al personal que se entregó con Ginés, a pesar de la sosería del de Juan Pedro, que acabó metido en las tablas.

Muy dispuesto llegó al coso malacitano Cayetano Rivera. En su primero, que lo recibió de capote con una revolera para seguir por verónicas, empezó la faena de muleta sentado en el estribo. Pero el toro se fue viniendo muy a menos y, acusando la falta de fuerza, apenas se empleó, sin acabar de salir del terreno de tablas.

Aun así, Cayetano lo intentó sobre ambos pitones, agradando al personal, el cual después de una estocada pidió con mayoría la oreja que la presidenta declinó en otorgar.

En su segundo no consiguió conectar del todo con el tendido. Faena de altibajos sobre ambos pitones, en la que el animal soltaba un gañafón al final de cada pase.

Quiso lucirse Cayetano e intentar despertar al público de su letargo y cerró la faena con ayudados por alto, todo lo contrario de lo que el animal le pedía, mirando al público. Los naturales finales citando de frente de uno en uno fue de lo más lucido de su faena.

Una pena que el toro no le aguantase más porque la faena hubiera tenido mayor duración. El fallo con las espadas le privó de cortar trofeo alguno.

Francisco Rivera no tuvo la despedida que hubiera soñado. No terminó de entenderse con ninguno de sus toros que le tocaron en suerte, llegando incluso a no parear a su primer oponente.

Ambos toros adolecieron de falta de fuerzas, y, además, el cuarto, su segundo, protestaba incluso llevándolo a media altura.