Oreja para los retazos de Paco Ureña y sólida actuación de Javier Jiménez

cultura

| 16.03.2017 - 16:08 h

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Con una sola oreja para Paco Ureña, que ha sorteado un muy buen lote de toros de Jandilla, se ha saldado la corrida de hoy de la feria de Fallas de Valencia, en la que, aun sin trofeos tangibles, ha destacado la sólida meritoria actuación del sevillano Javier Jiménez.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Jandilla (1º y 5º con el hierro de Vegahermosa), de muy buena presentación, con cuajo y buenas hechuras. Corrida muy interesante, con tres toros destacados (1º, 2º y 5º), por calidad y bravura, y otros tres deslucidos o complicados por falta de fondo y entrega.

David Mora, de fucsia y oro: dos pinchazos y estocada desprendida (silencio); dos pinchazos, estocada tendida atravesada y descabello (silencio tras aviso).

Paco Ureña, de champán y oro: estocada y dos descabellos (vuelta al ruedo tras petición de oreja y aviso); estocada desprendida (oreja).

Javier Jiménez, de corinto y oro: estocada muy trasera y descabello (silencio); pinchazo y estocada ladeada (palmas).

Entre las cuadrillas, destacó Ángel Otero, que se desmonteró tras banderillear al primero.

Sexto festejo de abono de la feria de Fallas, con un tercio de entrada en los tendidos y algunas rachas de viento.

FIRMEZA Y CONCENTRACIÓN

La preciosa y seria corrida que ha lidiado en Fallas la divisa de Jandilla ha tenido, básicamente, casta. Y con variados matices, pues si algunos la han desarrollado para emplearse a fondo en sus embestidas, otros la han traducido en una actitud compleja a poco que no se les llevara toreados con la suficiente firmeza y coherencia técnica.

Los ha habido incluso que sacaron problemas y dificultades, como el sexto, ante el que, por eso mismo, Javier Jiménez ha hecho la faena de mayor mérito e importancia de la tarde.

No ha habido oreja para el joven sevillano, pues el público no la ha pedido después de que un pinchazo en lo alto, que en estos tiempos parecer quitar mérito a todo lo demás, precediera a una estocada en rectitud y volcándose sobre el morrillo.

Pero el esfuerzo de Jiménez ha merecido con creces el trofeo, una vez que, tras abrirlo con una apurada larga a portagayola en la que el de Jandilla le ha pasado por encima, le ha cuajado un manojo de decididos lances a la verónica en los medios y, con la muleta, ha acabado imponiéndose en un auténtico derroche de firmeza y estrategia lidiadora a las nada claras intenciones del animal.

Esa escasa entrega del toro ya ha quedado clara en el inicio del trasteo de muleta, cuando, en el remate de una apertura con pases de rodillas, ha prendido a Jiménez secamente por la rodilla izquierda en una colada repentina, aparentemente sin mayores consecuencias.

Aun así, desde ese mismo momento el astado se ha "orientado" y ha empezado a gazapear y a probar antes de arrancarse, sabiendo lo que se dejaba atrás en cada pase.

Si ese peligro no ha trascendido al tendido ha sido porque el torero de Sevilla nunca ha dudado y ha esperado hasta el último momento a que el toro tomara su muleta para irle sacando, poco a poco, muletazos cada vez más templados y limpios, con una firmeza y una seguridad rotundas, antes de que llegara ese pinchazo que ha enfriado los ánimos de un público otras veces hartamente generoso.

Por ejemplo, como se ha mostrado en el turno anterior, cuando se ha pedido y concedido una oreja a Paco Ureña, una vez que ha cerrado con otra estocada contundente su faena al encastado quinto, con el que el diestro murciano se ha debatido entre los altibajos de concentración que exigía un animal que no regalaba una sola embestida si no se le toreaba con precisión y mando.

Y así fue como Ureña ha tenido fases de faena realmente buenas, sobre todo al natural, frente a otras inconcretas y deslucidas. Prácticamente, lo mismo le ha pasado antes con el primero de su lote, solo que éste, que se ha dejado mucho brío al emplearse con gran celo en varas, ha tomado la muleta con una diáfana y profunda calidad.

Pero el más bravo y completo de los seis toros del encierro ha sido el que ha abierto plaza, un precioso castaño con el que David Mora se ha empleado lo justo y necesario, en un trasteo tan correcto en las formas como falto de intensidad en el fondo y sin apurar la muy buena condición del de Jandilla.

Ya con el cuarto, que, muy castigado en el caballo, tuvo aún menos fondo que el primero de Jiménez, Mora ha pasado pronto desapercibido.