Los mansos y descastados cinqueños de José Luis Pereda

cultura

| 13.05.2013 - 15:57 h
REDACCIÓN

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FICHA DEL FESTEJO: Seis toros de José Luis Pereda, de buena presencia pero muy dispares de hechuras y volúmenes. Corrida, en conjunto, descastada y mansa, sin apenas juego en ningún tercio.

Diego Urdiales: delantera contraria y descabello (silencio tras aviso); pinchazo, delantera perpendicular y descabello (silencio tras aviso).

Leandro: dos pinchazos y media caída (silencio tras aviso); estocada baja y descabello (silencio).

Morenito de Aranda: pinchazo y bajonazo (silencio); cuatro pinchazos y descabello (silencio).

Saludaron en banderillas Miguel Martín, Luis Carlos Aranda y Pascual Mellinas. Buenos puyazos de Óscar Bernal y Héctor Piña.

MANSOS

Seis mansos seis, en mayor o menor grado, salieron al ruedo de Las Ventas para hacer que, ya en la apertura del abono isidril se hiciera presente un visitante habitual de Las Ventas: el tedio.

Aunque los hubo con cierta nobleza y alguna, pero muy escasa, prestación, a los seis cinqueños onubenses les faltó algo tan importante como es la raza para emplearse en la pelea y tomar los engaños con entrega, y no huir o intentar defenderse de ellos, que fue lo que todos hicieron sin excepción.

Alguien, en cambio, pudo llamarse a engaño por la forma en que varios de ellos acudieron a la llamada de los picadores, con prontitud y fuerza, pero los mismos toros deshacían la posible confusión en cuanto salían sueltos o huidos tras ese mentiroso arreón con el que alguno incluso consiguió derribar a la cabalgadura.

Al riojano Diego Urdiales le tocó abrir la feria con un colorado de muy prometedoras hechuras, pero que de inmediato mostró su falta de raza acudiendo probón y al paso a la muleta. Se deslució así el a veces dubitativo empeño del matador, visiblemente incómodo también por el molesto viento.

El cuarto demostró su mansedumbre desde que se encontró con los caballos, de los que salió siempre de estampida. Y aunque tomó inicialmente la muleta en una buena serie de derechazos de Urdiales, lo hizo desganadamente antes de empezar a desentenderse de todo.

LEANDRO PLANTÓ CARA

Similar condición de manso en retirada tuvo el segundo de la tarde, al que Leandro plantó cara en las tablas de los tendidos cuatro o cinco, el lugar de Las Ventas preferido por los toros rajados.

Tuvieron cierta vibración algunos muletazos del vallisoletano, que aprovechó la inercia hacia los adentros del de Pereda, pero poco a poco el manso empezó a arrollar buscando la salida, cortando así toda posibilidad de que se pudiera redondear la faena.

El quinto, en cambio, pareció tener menos problemas. Al menos, no huyó de las suertes y mostró cierta nobleza, aunque Leandro estuvo esta vez más inseguro, sin llegar a meterse a fondo con el animal.

Fue Morenito de Aranda quien puso más decisión de la terna. Lo evidenció ya con el tercero, otro de los toros que dejó algún resquicio, breve, de lucimiento, aunque siempre con una actitud defensiva. A menos el toro hasta desfondarse, el burgalés puso mucho de su parte para resolver la papeleta con suficiencia.

Con la tarde en caída libre, Morenito quiso remontar el ambiente con el sexto, al que recibió con unas decididas verónicas que calentaron el tendido, al igual que el torero tercio de banderillas que cuajó Luis Carlos Aranda.

Pero el de Pereda, un hondo y gordo burraco, no quiso desmerecer a sus hermanos y pasó a defenderse, incluso con cierto peligro, en cuanto su matador tomó la muleta. Y al final el tedio ganó la partida.