Gran tarde de Escribano, a hombros con Mora en Valdemorillo

cultura

| 09.02.2014 - 15:25 h
REDACCIÓN

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Manuel Escribano cortó hoy dos orejas en el segundo festejo de la feria madrileña de Valdemorillo, en el que hizo lo más destacado y lucido, y salió a hombros junto a David Mora, que paseó un apéndice de cada toro de su lote.

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Luis Algarra. Corrida cinqueña y con cuajo, baja de raza y de juego desigual. Los mejores, los dos primeros. Tercero y sexto, los más deslucidos.

Manuel Escribano: pinchazo, estocada tendida y trasera (ovación tras petición); y estocada (dos orejas).

David Mora: estocada (oreja); y estocada (oreja).

Arturo Saldívar: estocada (silencio); y pinchazo y estocada corta (silencio).

La plaza tuvo dos tercios de entrada.

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JUSTICIA TAURINA

En la dura profesión de torero hay nombres modélicos por poseer una afición desmedida, una vocación y un amor incondicional por lo que hacen que les llevan a no desistir nunca y aguantar el chaparrón de muchos años de lucha en el ostracismo, pero con la fe de que algún día les llegará la oportunidad.

Un ejemplo claro de esto es Manuel Escribano, torero que de por vida le estará agradecido a Miura y Sevilla, ya que gracias a ambas el pasado año su carrera empezó a funcionar. De la nada a la cumbre. Justicia taurina.

Un Escribano que reaparecía hoy tras el grave percance del pasado septiembre en Sotillo de la Adrada, y que mostró sus credenciales para la presente campaña con una tarde sensacional, en la que también destacó David Mora.

Escribano exprimió al máximo al que abrió plaza, toro un punto bajo de raza pero muy toreable, al que saludó a portagayola y, posteriormente, con cadenciosas verónicas, y con el que firmó un buen tercio de banderillas, destacando un tercer par de la moviola resuelto con un arriesgado y muy afinado violín.

Muleta en mano, y tras un precioso inicio por abajo, se puso Escribano a torear sobre la diestra con mucho gusto, parsimonia y naturalidad. Por el izquierdo se quedaba más corto el animal, pero así y todo extrajo el hombre naturales de impecable ejecución. Se le vio muy seguro en todo momento al de Gerena en la cara de su antagonista.

El pinchazo previo a la estocada restaron pañuelos en la petición de oreja, que el presidente decidió finalmente no conceder, por lo que tuvo que conformarse con una merecidísima ovación.

Volvió a la puerta de toriles Escribano para recibir al cuarto, en el que volvió a rayar a gran altura con los rehiletes y en el que mostró nuevamente una notable capacidad para corregir el molesto y constante cabeceo del astado en el inicio de faena, y acabar corriendo la mano con limpieza y soltura, en lo que fue la antesala de otra labor de altas cotas.

Especialmente bueno fue el toreo al natural, a base de mucho temple y hondura. Todo por abajo. Muy de verdad. ¡Qué bien toreó Escribano!

La pena fue que al toro no se prestó tanto como el anterior, pues le faltó clase y, sobre todo, cuerda para que aquello hubiera adquirido la rotundidad de una obra grande. Pero, ya está dicho, que el compromiso y la entrega del hombre fue total y crucial para que, tras una fulminante estocada, cortara las dos orejas. Soberbia tarde de Escribano en su debut en Valdemorillo.

A David Mora se le vio disfrutar mucho en la cara de su primero, un animal medido de fuerzas y desrazadito, pero que "se dejó" mucho en el último tercio, lo que aprovechó el torero para deleitar a los tendidos con un toreo de distancia, limpieza, media altura y trazo largo, pero un tanto desajustado y con poquita hondura.

No obstante, y a pesar de estos lunares, conectó mucho con la gente, que al fin y al cabo es lo que al final cuenta, sobre todo manejando la mano izquierda, por donde brotaron los mejores pases de una labor perfectamente coronada con la espada. Cortó una oreja.

Otro apéndice arrancó Mora del quinto, toro con movilidad pero un punto pegajoso al que instrumentó una faena eléctrica, de las que llegan rápido al respetable. Hubo más reposo al natural, pero cuando más a gusto se le veía al torero surgió un inoportuno desarme, contratiempo que resolvió a base de alardes y un proyecto de arrimón con el animal ya pidiendo la hora al hilo de las tablas.

El primer toro de Saldívar fue el que menos aportó del festejo por lo mucho que se defendió y lo rápido que se paró, sin embargo, a base de aguante y querer mucho logró el mexicano algún que otro muletazo aislado estimable dentro de un conjunto que nunca llegó a despegar.

El sexto se movió algo más pero sin clase alguna, y aquí Saldívar lo intentó de mil formas para, al menos, justificar su paso por Valdemorillo. No tuvo suerte el azteca con el lote.