Ethan Hawke recoge el Premio Donostia: "El cine es mi religión"

Ángela Molina: "Expresaré hasta la vejez la vulnerabilidad del alma humana"

En la 64 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián

cultura

| 18.09.2016 - Actualizado: 11:13 h
REDACCIÓN

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El actor, escritor y director Ethan Hawke ha recogido esta noche el primer Premio Donostia de la 64 edición del Festival de Cine de San Sebastián en una gala en la que ha reafirmado su "fe, amor y esperanza" en el poder del cine.

"Para mi el cine es la iglesia que he elegido y festivales como éste son instituciones sagradas. Estamos aquí reafirmando nuestra fe, amor y esperanza en el poder del cine", ha asegurado en el escenario del Kursaal en su discurso de agradecimiento.

Hawke ha comenzado saludando en castellano y expresando su admiración por la historia de este festival, que ha entregado premios como el suyo a grandes mitos del cine, desde Glenn Ford a Robert Mitchum, y desde Al Pacino a Anthony Hopkins.

"El cine no está restringido por fronteras, no pertenece a nadie y puede alcanzar a todos", ha afirmado. "Y cuanto más compartimos historias, mejor nos entendemos unos a otros y la cura de heridas es posible", ha añadido antes de rematar con un "gracias con amor" de nuevo en castellano.

La entrega del premio honorífico ha estado precedida de una breve presentación de la trayectoria de Hawke, a cargo de la presentadora Edurne Ormazábal, que ha destacado especialmente sus trabajos con el realizador Richard Linklater.

A continuación el director del festival, José Luis Rebordinos, ha recordado que el año pasado Hawke no pudo estar en Sebastián durante la presentación de "Regresión" de Alejandro Amenábar y ha presentado un vídeo con extractos de sus películas, desde "Training day" a su última producción sobre Chet Baker.

En esta edición del festival el actor de "El club de los poetas muertos" ha presentado fuera de concurso su última película, una nueva versión del wéstern "Los siete magníficos" dirigida por Antoine Fuqua, con quien ya trabajó en "Training Day" y "Los amos de Brooklyn".

El segundo y último Premio Donostia de este año lo recogerá el próximo miércoles la actriz Sigourney Weaver, una de las protagonistas de la última película de Juan Antonio Bayona, "Un monstruo viene a verme", que se proyectará fuera de concurso.

ANGELA MOLINA

Por otro lado, una emocionada Ángela Molina ha recibido el Premio Nacional de Cinematografía por su vida dedicada al cine, una vida que "repetiría tal cual" y que seguirá dedicando a expresar, "hasta que la vejez" se lo permita, "la vulnerabilidad y el arrojo del alma humana".

La actriz ha recibido el galardón de manos del ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, en un acto que ha tenido lugar en el Museo San Telmo, en el marco de la 64 edición del Festival de Cine de San Sebastián.

De "espontánea, auténtica, arriesgada y original" calificó el jurado de este galardón que concede el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales a la actriz, que en la ceremonia ha dado buena cuenta de ello.

No ha dudado en ponerse una "txapela", más al estilo parisino que al vasco, que le han lanzado desde el público y ha cantado a dúo con el ministro unos versos de la canción "Más cine por favor" que ambos han dedicado a su autor, Luis Eduardo Aute, ingresado tras un infarto que padeció el pasado 8 de agosto.

Como buena heredera de un clan de artistas, Molina ha iniciado su discurso, que ha preparado en los camerinos durante su último rodaje en Roma, con un recuerdo a sus padres, porque "con su amor hicieron que no distinguiera la vida del amor".

Aunque ella tampoco ha aprendido "a separar la vida del cine", ha explicado.

"Amo a mi oficio como se ama un misterio, sobrepasada y conmovida por la niña que fui", que su padre, el cantante Antonio Molina, cogía en brazos cuando iba a recibir los aplausos aunque en ese tiempo "no sabía que estaba dando los primeros pasos de lo que iba a ser" su vida, "una vida tan maravillosa", que la repetiría "entera tal cual, con sus errores".

Si le volvieran a preguntar "por qué se hace una película, por qué se amasa el pan, por qué se tienen recuerdos", la respuesta de Ángela Molina sería: "Por los demás, por los otros, por el espejo vivo que es la mirada del otro ser humano".

Por ello le gustaría "seguir dejando una huella que llene de vida a los otros" y espera "seguir expresando la huella de la vulnerabilidad del alma humana y la melancolía de la vejez con ese aliento de amor que nunca se rinde".

Poco después, la actriz ha reconocido a los periodistas que el premio le ha "trastocado las fuerzas" porque desde el primer instante en que recibió la noticia ha sufrido ataques de llanto.

"Es un premio que el cine se merece, porque el cine es la vida y la vida es nuestra y la amamos", ha subrayado.

Méndez de Vigo ha recordado que Molina, a los 19 años, llamó la atención de Luis Buñuel, que vio en ella un "auténtico animal cinematográfico" y la incluyó en la película "El discreto encanto de la burguesía", y ha destacado que ha trabajado "con los mejores directores" de cine nacional e internacional.

Los espectadores "siempre han podido sentir el latido de la vida en sus interpretaciones", ha concluido el ministro.

Con más de 200 películas en su carrera, Ángela Molina cuenta en su haber con la Medalla de Oro de la Academia de Cine, el Gran Premio de la Crítica de Nueva York (1985) el David de Donatello de la Academia de Cine de Italia (1986), y la Medalla de Oro de la Academia de Cine Española, entre otros.