Enrique Iglesias premia las ganas de bailar de Madrid con un show efectivo

En un Palacio de los Deportes lleno hasta la bandera

cultura

| 16.11.2014 - 15:58 h
REDACCIÓN

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Dice Enrique Iglesias que se pone "nervioso" cuando actúa en Madrid, donde nació, pero esta noche ha respondido a las ganas de bailar del público madrileño con un concierto efectivo, más vistoso y eficaz que musical, en un Palacio de los Deportes lleno hasta la bandera.

Dos años llevaba sin visitar su ciudad natal e Iglesias la ha escogido como una de las dos paradas españolas del tramo europeo de "Sex and Love Tour", dentro de un año redondo para el artista con disco nuevo ("Sex and Love"), un éxito descomunal con "Bailando" y con cinco nominaciones a los Grammy Latino.

La carrera del cantante dura ya cerca de dos décadas (pese a su pretendido aspecto juvenil ya roza la cuarentena) y, sin embargo, el artista confesaba a Efe en enero que sigue poniéndose "nervioso" cuando actúa en lugares especiales para él, como Madrid.

"Son lugares en los que sientes un poco más de cosquilleo y mariposas en el estómago. Y el público nota tu estado de ánimo. Igual que, si un día no estás de buen humor, se dan cuenta", explicaba.

Más de quince mil personas, según la organización, han acudido a su concierto en Madrid, entre las cuales estaba la madre del artista, Isabel Preysler. El ambiente era propicio para la fiesta: incluso antes de que saltara Iglesias al escenario, la gente ya bailaba sin parar y, obviamente, las sillas de las gradas quedaron luego como un adorno más.

Con media hora de retraso (luego se disculpó), Enrique Iglesias ha surgido de debajo del escenario y ha arrancado el concierto con energía gracias a "I'm a Freak" y "I Like How it Feels".

Iglesias no tiene la mejor voz de su generación y tampoco es un artista especialmente carismático, pero su facilidad para encadenar éxitos es indiscutible. Sobre el escenario, no han faltado los "selfies", los guiños a los espectadores, las invitaciones al karaoke y las carreras y saltos al foso, porque si algo ha quedado claro es que está en un estupendo estado de forma.

Pero musicalmente sí hubo ciertos reproches, aunque el público se mostrara encantado con el concierto. El sonido fue en ocasiones apelotonado, a veces confuso: costaba distinguir la voz de Iglesias en bastantes ratos, culpa de un eco mayor del deseable.

Aun así, su pop musculoso con toques latinos y electrónicos, empaquetado con lazo y directo a las discotecas, fue una baza ganadora en el concierto. "¡Esas manos al cielo, Madrid!", ha dicho nada más comenzar y la gente ha respondido sin dudar.

Sin presentaciones, sin comentarios, enlazando canciones sin pausa, ha llegado "Bailamos", la primera concesión romántica de la noche. El montaje era digno de una estrella: diez músicos sobre el escenario, una pantalla gigante y una pasarela central, ideal para cultivar el fervor de los fans.

Hacia la mitad de la velada, Iglesias se ha trasladado a un escenario más pequeño para afrontar un irregular tramo acústico con temas como "El perdedor" o "Como me enamoro". La notable aportación del músico cubano Descemer Bueno ha salvado a Enrique Iglesias, mucho más cómodo jugando a lo grande que en las distancias cortas.

En ese paréntesis ha sucedido uno de los momentos más simpáticos y desconcertantes de la noche, tal vez porque se ha apartado del guión previsto, cuando un espectador ha sido invitado a cantar y, entre la vergüenza y los ánimos del pabellón, se ha animado con "Stand By Me" de Ben E. King.

De vuelta al escenario principal, la segunda parte ha recurrido (aún más) a las canciones más potentes y enérgicas de su repertorio como "Tonight (I'm Lovin' You)". El momento más coreado, sin embargo, ha sido cuando ha cantado "La chica de ayer", de Nacha Pop, que ha asegurado siempre le ayudó cuando se fue a vivir a Estados Unidos.

En la traca final, cargada de adrenalina, han sonado "Bailando", celebradísima por el público (por algo fue la canción del verano), y la enésima ración de discoteca de "I Like It", con Gente de Zona como invitados.

Con una grandilocuente "Experiencia religiosa", Iglesias se ha despedido de Madrid en un concierto eficaz aunque sin brillo, que ha satisfecho las ganas de bailar del público, que para eso era la noche.