El "espontáneo" Tomasito recupera su inquieta carrera con 'Ciudadano gitano'

cultura

| 23.03.2017 - 19:57 h
REDACCIÓN

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Tomasito no para. Hace percusión en su pecho mientras "reza" por bulerías, "posa" bailando para las fotos y responde a borbotones preguntas sobre una carrera que empezó al lado de Lola Flores y cuya memoria, tan inquieta como su cuerpo de 52 kilos, ha decidido recuperar en el disco "Ciudadano gitano".

Cantante, bailarín y rey de la empatía, Tomasito presenta mañana en Valladolid -sala Porta Caeli- y pasado en Madrid -sala Joy Eslava- "Ciudadano gitano", quince canciones que son casi "arqueología" del mundo "hippie", ya que reúne material descatalogado del que apenas hay constancia porque, cuando él empezó, "nadie se preocupaba de 'ná' más que de vivir", sostiene en una entrevista con Efe.

"Me metí en lo de la música de rebote, porque Lola Flores -con la que trabajaba en su cuerpo de baile- me dijo, cuando tenía veinte años, que fuera a grabar a Barcelona un disco y lo hice, pero yo ni pensé en maquetas ni en derechos ni en firmar papeles ni en nada, solo en grabar. Antes estábamos en la música, no en los números, y ahora es al revés", dice.

Abre la boca y es un no parar de ocurrencias: que si fue "monganillo", como decía su abuela, en la iglesia jerezana de San Miguel hasta que le echaron por comerse las hostias un día que no había merendado; que si se matriculó en clases de adultos y tenía a todos revolucionados con sus cantes y bailes; que si "amenaza" a sus tres hijos con ponerse el "body" de leopardo de la portada de "Azalvajao" cuando no quieren levantarse...

Tomás Moreno Romero (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1969) lleva toda su vida "espontaneando", el verbo que se ha inventado para definir el "tomasismo", es decir, hacer lo que se le pasa por la cabeza y convencer a los demás de que eso no es malo, como cuando les "anunció" a sus padres con 11 años que él a la escuela no iba más, porque se aburría.

Con 14 se instaló en Madrid, en casa de una familia amiga de la suya, y bailó y dio palmas en Los Canasteros, donde le llevó Diego Carrasco, para demostrar a sus padres que podía "comer de aquello": "Les mandaba todo el dinero. Solo gastaba en una blusa o unos zapatos para actuar o en algún 'donut'", se ríe.

Su madre está "muy orgullosa" de él, porque "el demostramiento", dice en su libérrimo idioma, de su éxito "está ahí": "La música es muy difícil, pero no se me ha dado mal", presume.

El inventor del "breackdance por bulerías", de los molinetes y pasos de rodillas del "torrotrotón"", reúne en "Ciudadano gitano" lo "mejor" y "más curioso" de sus seis discos: "Torrotrón" (1993), "Tomasito" (1996), "Castaña" (1999), "Cositas de la realidad" (2002), "Y de lo mío ¿qué?" (2009), "Los hombres de las praderas y sus bordones calientes" (2010) y "Azalvajao" (2013).

"Ha sido complicado de producir, porque ha habido que hablar con todas las compañías, ponerlas de acuerdo, pero es que, además, la mitad de las cosas que he hecho no están ni en internet ni casi en ninguna parte", detalla.

En estos "grandes éxitos" -de "Resaca" a "Camino del hoyo", "El abandono" o "La cacerola", pasando por "Back in Black" o "Agradecido"- está todo lo que él quería y sabe que ha acertado en la selección, porque "está gustando mucho".

¿Qué le queda por hacer?. "'Ná'. Tengo la carrera hecha. Llegar, ya he llegado. Lo más difícil fue convencer a mis padres con 11 años. Soy un asilvestrado, un 'gippitano' con suerte que solo piensa en no defraudar a los que le siguen, en vivir la vida y 'espontanear'", resume.

Con todo, reconoce que tiene "muy buenas canciones guardadas" y que habrá pronto otro disco y que, mientras tanto, estará siempre abierto a las "colaboraciones", como las que ha hecho ya con Chick Corea, Rosendo o Gilberto Gil. Tomasito tiene previsto actuar el próximo día 31 en Jerez de la Frontera (Cádiz), el 5 de abril en Barcelona, el 7 en Albacete y el 8 en Valencia, y el 20 de mayo en Mont de Marsen (Francia).