El año de "Blancanieves" puede ser el del Goya para Sacristán y Ángela Molina

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La entrega de los XXVII Premios Goya se celebra mañana con una película muda y en blanco y negro que parte como favorita, "Blancanieves", y con la posibilidad de que se solventen dos olvidos importantes: José Sacristán y Ángela Molina, dos "grandes" del cine español, que aún no tienen "cabezón".

Parece mentira, pero la realidad es que Sacristán debuta en los Goya a los 75 años, tras cinco décadas de oficio, cerca de 150 películas y series de televisión y varias decenas de obras de teatro, desde el prestigioso "Estudio 1" a los musicales en los que su voz de tenor le ha llevado por el mundo.

Y lo hace sin pestañear gracias a "El muerto y ser feliz", una arriesgada y estupenda propuesta de Javier Rebollo, donde el actor saca para la cámara todos esos años de aprendizaje: toda esa maestría que, a estas alturas, le debe disputar a un viejo escultor (Jean Rochefort), a un torero mudo (Daniel Giménez-Cacho) y a un policía de métodos cuestionables, su rendido admirador Antonio de la Torre.

No menos llamativo es el caso de Ángela Molina, mito erótico de finales de los años 70, tardía "chica Almodóvar" cinco veces nominada para los Goya y nunca ganadora.

Molina, hija, hermana y madre de artistas es, a sus 57 años y su decisión de presumir canas, grande hasta en papeles pequeños, como es su "Doña Concha", bellísima en blanco y negro, y auténtica "robaplanos" en la diferente "Blancanieves".

La actriz, madrileña como Sacristán, compite por el Goya como mejor secundaria con la octogenaria Chus Lampreave (otra actriz con seis nominaciones y un sólo premio, también como secundaria, en "Belle epoque", 1992); María León y Candela Peña.

Podría ser igualmente el año de Pablo Berger, cuya paciencia sacó adelante un proyecto rarísimo (tardó ocho años en poder rodar "Blancanieves" y, cuando lo consiguió, la francesa "The Artist" le pisa la idea, aunque muy apreciado por la crítica y el público.

El año de la subida más brutal de los impuestos al cine, y del éxito supertaquillero de producciones españolas que parecen americanas, y de actores americanos, australianos, escoceses italianos y franceses que podrían pasar por españoles, pero también el año con la "cosecha" de cintas más variada y, según los expertos, de más calidad en mucho tiempo.

La crisis, los recortes en los presupuestos, las decisiones económicas y políticas que ponen cada día en un brete a los ciudadanos "están en la calle", como dice el actor doblemente nominado en esta edición Antonio de la Torre, y la gente del cine no deja de ser más que eso, ciudadanos, pero con altavoces para decir cosas.

Aún así, el presidente de la Academia de Cine, Enrique González Macho, advirtió en una entrevista con Efe que no quiere una gala "no a la crisis" aunque haya razones suficientes, para no dar motivos a quienes quieren, decía, "acabar con nosotros".

No ve el presidente de la Academia que este sea foro para la queja y menos desea que se repita la gala de 2003, con la protesta más que airada del mundo del cine contra la guerra de Irak.

Entonces, desde la presidenta Marisa Paredes a los presentadores Alberto Sanjuán y Guillermo Toledo, y la gran mayoría de los premiados, lucieron pegatinas con el lema "No a la guerra" e introdujeron en sus discursos frases reivindicativas.

Este año, sin llegar a hacer sonar "tambores de guerra", el sindicato Unión de Actores ha invitado "a la reflexión" a todos los que participen en la gala y les sugieren que hablen de "lo que sucede".

Aún así, González Macho -comprometido hasta la médula con el cine español y famoso por no "morderse la lengua"- pondrá las cosas en su sitio con su discurso, que, asegura, no terminará hasta el último momento, y "por supuesto, la realidad estará en el mismo guión de la gala".

Y Eva Hache, que conducirá la gala por segundo año consecutivo, ya ha dicho que si el año pasado "fue muy elegante", este año será "más divertida".

"Este año han cambiado mucho las cosas. Tanto la política como el estado de la población y el cine...", comentaba la cómica, muy capaz de lanzar los dardos más envenenados entre grandes sonrisas.

Y no hay que olvidar que este es también el año de Concha Velasco, Goya de Honor a toda una carrera de cine votada por la unanimidad de los académicos y, si hubieran preguntado en la calle, de todos los amantes del cine.