Diego Ventura abre la undécima Puerta Grande de Las Ventas de su carrera

Al cortar tres orejas

cultura

| 12.05.2013 - 13:15 h
REDACCIÓN

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El rejoneador Diego Ventura protagonizó un gran triunfo en el primer festejo de la especialidad de la Feria de San Isidro, celebrado hoy en Las Ventas, al cortar tres orejas y abrir así por undécima vez en su carrera la Puerta Grande de la Monumental madrileña.

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Carmen Lorenzo, reglamentariamente despuntados y de juego variado. El mejor, el primero; "se dejó" también el segundo; el resto, mansurrones, sosos y parados.

Diego Ventura: rejón contrario (oreja con petición de la segunda); y rejón (dos orejas).

Mariano Rojo, que confirmaba alternativa: pinchazo y rejón caído (ovación); y rejón (oreja).

Leonardo Hernández: rejón trasero y descabello (silencio); y pinchazo, rejón y descabello (silencio).

La plaza se llenó en tarde espléndida.

UNA ÉPOCA LLAMADA VENTURA

Hay rejoneadores llamados a marcar una época por su innata maestría a la hora de ejecutar todas y cada una de la suertes, por su claridad de ideas, su innegable afición y, por supuesto, por poseer una cuadra valiente y espectacular como pocas.

Diego Ventura reúne todas y cada una esas premisas para que sea considerado todo un número uno del rejoneo actual. Poco a poco está relevando a otro maestro como Hermoso de Mendoza, en cuyo tejado tiene ahora la pelota para no ser sobrepasado por completo por este ciclón hispano-luso.

Un Ventura que mostró las dos caras de su rejoneo. A su primero lo paró de manera magistral y muy en corto con "Maletilla", para, a continuación, calentar los tendidos con templados galopes a dos pistas sobre "Nazarí", llevando al animal cosido a milímetros de la grupa, y en dos pares al quiebro citando de frente y dejándose llegar una barbaridad al de Carmen Lorenzo.

El cénit de la faena llegó montando a "Milagro", yegua valiente y arrogante, con la que pegó un quiebro casi en parado de mucho riesgo y emoción. Una rueda de cortas "al violín" fue perfecto corolario para que la plaza se convirtiera en manicomio.

Por eso no se entiende que, tras matar de forma eficiente, le concedieran una sola oreja, premio, no obstante, de mucho peso después de una faena basada en los cánones de la ortodoxia y sin ningún tipo de concesión.

Con el cuarto ya fue otra cosa. Tras un inicio elegante montando a "Pegaso", con el que quebró también de maravilla, lo que realmente hizo que la gente se entregara por completo fueron los "efectos especiales".

Con "Ordóñez" cuarteó Ventura en dos pares también de mucho riesgo ante un animal soso y parado; pero con las batidas de pitón a pitón, las piruetas a la salida de los embroques, y, sobre todo, con los consabidos mordiscos de "Morante", se metió al público en el bolsillo.

Esta vez al presidente no le quedó más remedio que darle las dos orejas, quizás para compensar su exigencia anterior, pues debe quedar claro que estuvo mucho mejor en su primera labor.

Otro nombre destacado en la tarde fue Mariano Rojo, que confirmó alternativa con el mejor toro del envío, con el que estuvo correcto pero sin calentar lo suficiente. Lo mejor, las banderillas al quiebro con "Mozart", clavando reunido y arriba. Pero el pinchazo previo al rejón final restó enjundia a su labor.

Cortó una oreja del quinto por otra labor entonada. Estuvo bien Rojo montando nuevamente a "Mozart" en banderillas, consiguiendo conectar más con un público entregada después de lo de Ventura. Esta vez agarró un rejón fulminante y vio recompensada su tarde de confirmación de alternativa.

Leonardo Hernández acudía a su cita con Madrid con el contratiempo de no poder echar mano de su cuadra estrella, inmovilizada en México por problemas burocráticos.

Pero solventó la papeleta el joven jinete intercalando algunos caballos veteranos que se dejó en España como "Amatista" y "Olé" con otros muy noveles, con los que, no obstante, sorprendió y gustó.

Perdió premio en las dos faenas por sus fallos en la suerte suprema, pues con ambos toros estuvo muy bien Leonardo, con un estilo sobrio y elegante, brillando sobremanera con los cambios por los adentro de "Amatista" y los quiebros de "Olé " en su primero; y con un par a dos manos y una rueda de cortas "al violín" sobre "Navegante" en el sexto. Pero hay que matar bien.