"The Cranberries", en Madrid como en casa

Los irlandeses presentaron en Vistalegre ante 5000 personas su primer álbum de estudio en diez años

The Cranberries es una banda irlandesa de rock, formada en Limerick en 1989 bajo el nombre de The Cranberry Saw Us; más tarde cambiado por la vocalista Dolores O'Riordan. El sonido de la banda también incorpora elementos de post-punk y rock celta

cultura

| 06.10.2012 - 10:20 h
REDACCIÓN

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Casi una hora han tardado The Cranberries en arrancar los primeros aplausos sinceros de los madrileños que han acudido esta noche a su concierto, un espectáculo amable y más que correcto en el que al cuarteto irlandés se le ha visto tan cómodo como si tocara en el salón de su casa, quizá demasiado.

Un día después de su actuación en Barcelona, Dolores O'Riordan y los suyos han presentado en el Palacio Vistalegre ante unas 5.000 personas su primer disco de estudio en diez años, "Roses", un trabajo que pese a la posible expectación por su regreso ha pasado sin pena ni gloria por reseñas y estanterías de comercios.

Tan lánguido y en parte anodino como este álbum, en el que los "arándonos amargos" resultan insípidos, ha sonado el primer tramo de su concierto de esta noche, que ha comenzado con puntualidad británica, pese a su origen irlandés, de Limerick concretamente.

No era fácil encontrar algún veinteañero entre las miles de personas que han asistido a su cita y que no han sido suficientes para llenar el aforo de este coso taurino que, hace solo dos años, fue escenario de su último concierto en la ciudad, un show que ellos mismos inmortalizaron recientemente en un DVD.

La mayoría de ellos, gente que vivió en primera persona los tiempos álgidos de los autores de "Zombie" o "Salvation", han venido a aplaudir los éxitos de aquella etapa, lo que ha quedado plasmado en las dos diferentes energías del show.

"Hola, Madrid", gritaba O'Riordan en castellano durante los primeros acordes de "Analyse", el primer tema de la noche, ante una sencilla puesta en escena basada en un fondo gigante con una trama de óxido que cambiaba de color según el juego de luces.

Esa modestia en los medios, casi espartanos, ha sido solo uno más de los aspectos que han hecho que este concierto pareciera como de andar por casa, carente de esfuerzo.

El otro, el fundamental, ha sido la actitud de los músicos, empeñados en mirarse los zapatos, con O'Riordan llevando claramente la batuta de un conjunto con la relajación de quien toca y canta en su garaje sin la necesidad de probar nada, después de vender más de 30 millones de discos en todo el mundo.

La artista del falsete tirolés se ha paseado por el escenario con la calma y parsimonia de quien se presenta en una función de amigos, en un pequeño pub o en la intimidad de su cuarto, parlanchina a ratos e incluso traviesa, con un decálogo de bailes que han ido del robot al karateka, pasando por la marcha marcial y la gaviota.

Entre tanto, en el público mucho movimiento suave de cabeza -sobre todo con los temas nuevos y los de O'Riordan en solitario- y algún amago de explosión con "Animal Instinct", "Just My Imagination" o "Ridiculous Thoughts", que no lograban insuflar la efervescencia evaporada por falta de presión.

Ha sido así hasta que la cantante se ha enfundado la guitarra, se ha cambiado el vestido negro por uno corto plateado y han empezado a sonar una lista de grandes éxitos que los han redimido completamente a ojos de sus seguidores, entregados a un pasado glorioso que ahora sí sonaba vivo y presente.

Al primero, "Linger", que ha desatado el primer auténtico clamor del pabellón, le han seguido el single "Tomorrow", "Show me the way", "Salvation", "Be with you" y la potente "Promises" justo antes de llegar a los bises.

Y menudos bises: "Zombie" y "Dreams", dos temas antológicos y paradigmáticos de esa producción suya que hasta hace años oscilaba entre la oscuridad del rock guitarrero y el canto etéreo y optimista y que esta noche han puesto al respetable a agitar los brazos en alto en una comunión que celebraba el recuerdo de los mejores años 90.