Roma, la ciudad eterna

Madrileños por el Mundo visita Roma, una ciudad histórica y monumental pero, sobre todo, llena de amor. También es el lugar del mundo donde más monumentos hay por metro cuadrado. Es por ello que más de 12 millones de turistas visitan sus calles cada año. Nuestras cinco madrileñas en Roma nos enseñaron todo esto:

Estefanía, del barrio de Salamanca, es hija de diplomáticos y muy joven se fue a estudiar a Roma. Allí, además de los estudios, se casó y tuvo una hija. Ahora es maquilladora de artistas.

Con ella visitamos el Guetto, el barrio judío de Roma. El Papa Juan Pablo IV creó el primer gueto judío de Roma en 1555. También nos enseñó la Plaza de Venecia, en el centro moderno de la ciudad.Por último, pudimos ver El Coliseo, o lo que es lo mismo: el anfiteatro más grande del mundo.

Clara, madrileña de Alcalá de Henares, es una arquitecto con suerte. A sus 34 años no paran de encargarle proyectos. Nos enseñó el barrio donde ella vive actualmente en Roma: Testaccio, que marca el límite del centro de Roma. De ahí nos llevó al Aventino, el barrio más caro de Roma. Allí una casa puede llegar a costar perfectamente hasta 6 millones de euros.

Desde el jardín de los naranjos apreciamos unas bellas vistas romanas. Del centro histórico, Clara nos llevó a otro paraje distinto, al barrio de Trastevere, un barrio medieval romano separado del centro de la ciudad por el río Tíber.

Desde que era niña, Nuria, madrileña de Colmenar Viejo, siempre soñó con vivir en Italia. Ya lleva viviendo allí 21 años. Con ella visitamos El Vaticano, el estado más pequeño del mundo. Y tuvimos la suerte de presenciar el saludo del Papa Francisco desde el balcón. El Vaticano es el único país del mundo cuya lengua oficial es el latín. Por supuesto, visitamos Castel Gandolfo, la residencia de verano de Su Santidad. Por último, nos mostró la zona EUR: Exposición Universal de Roma. Un barrio creado por Mussolini en los años 40.

A sus 37 años Pilar, madrileña de Chamartín, aún no se cree que después de unas vacaciones en Cerdeña llegara un romano y la conquistara de esa manera. Empezamos la visita en la zona norte romana viendo un popular mercado en el que si estás a última hora de la mañana puedes encontrarte con que bajan todos los precios a tan sólo un euro. Luego nos llevó a ver el Palacio del Quirinal, la residencia del presidente de la República italiana.

En la iglesia de Santa María in Cosmedin nos encontramos una larga cola de turistas esperando para poder introducir la mano en la mítica Boca de la Verdad. Cuenta la leyenda que quien mete la mano en la boca y miente, la pierde. El Circo Máximo fue nuestro siguiente objetivo, y es el primer estadio construido por el hombre para celebrar carreras de caballos. Ahora sirve de lugar de celebración de los principales equipos de fútbol de la ciudad: La Roma y el Lazio. Terminamos dando un paseo en barco por el río Tíber.

Almudena, madrileña del barrio de Moncloa, nos enseñó Ostia, el antiguo puerto de Roma por el que entraban todos los productos a la ciudad. De allí nos fuimos a Campo di Fiori, una plaza construida por el Papa Calixto III que sirvió de lugar para ejecuciones públicas allá por el siglo XVI. Ahora es una plaza muy frecuentada y con muchos puestos comerciales. Luego fuimos a la Plaza Navona. También nos llevó a degustar, según ella, el mejor café de Roma. Nuestra siguiente parada fue el Panteón de Agripa. Nos despedimos de Almudena bailando la pizzica, un baile tradicional italiano que nació para venerar a la diosa Dionisia.

RECOMENDACIONES DE VIAJE

Documentación: DNI (para ciudadanos de la UE)

Vacunas: No son obligatorias

Moneda: Euro

Seguridad: Florencia no presenta mayores problemas de seguridad.

Transporte: En los traslados a Aeropuertos se recomienda acordar el precio del trayecto previamente para evitar sorpresas desagradables. Atención a la hora de realizar los cambios a la circulación de billetes falsos. Los billetes en trenes y autobuses deben validarse. Hay que adquirir los billetes antes de subir al medio de transporte y, además, hay que validarlos. En los autobuses se pueden validar los billetes en su interior mientras que, en los trenes la validación tendrá que efectuarse en las máquinas correspondientes, de color amarillo, que se encuentran en la cabecera de las vías del tren, antes de subir a los mismos.