Apenas cuatro agricultores cultivan la fresa de Aranjuez de sabor y aroma únicos

Apenas unas cinco hectáreas y cuatro agricultores cultivan en Aranjuez la fresa autóctona. Un producto delicado que se vende casi a la carta. Telemadrid ha hablado con Fernando Alcázar, uno de los agricultores que cultivan la fresa autóctona quien explica las dificultades y la delicadeza de su cultivo. Con todo esta campaña se recolectarán 1.200 kilos que se venderán a 30 euros el kilo. Esta variedad, pequeña y sabrosa, no tiene nada que ver con el fresón.

La fresa de Aranjuez es uno de los frutos más conocidos de esta huerta. Según la información oficial, es un fruto exquisito, delicado, rico en vitamina C y dotado de un gran aroma. Altamente cotizado y buscado por el consumidor debido a su excelente calidad. Durante los últimos años el cultivo de la fresa de Aranjuez ha ido disminuyendo e includo tendido a desaparecer debido a la gran cantidad de mano de obra que necesita, a su delicadeza, a ser muy vulnerable a las heladas y a problemas graves de virosis lo que supone unas importantes limitaciones para el agricultor.

La Asociación de Productores de la Huerta de Aranjuez quiere proteger este cultivo para invertir esta tendencia y asegurar que en su mesa pueda contar con la presencia de esta excepcional fresa con la calidad que le confiere siglos de tradición en su cultivo. Pocos campos hay tan cuidados, delicados y bellos como los fresales de la Vega de Aranjuez.

La fresa de Aranjuez es una variedad llamada ‘fragania’, que es espontánea en la ribera del Tajo, de fruto pequeño, muy azucarado y aromática, muy apreciada. Es una planta perenne y herbácea. Presenta hojas estipuladas y compuestas por 3 foliolos ovales, dentados y ordinariamente pubescentes en el envés. Tallos rastreros (estolones) que corren a nivel del suelo y producen en cada nudo, yemas y raíces que formarán más adelante plantas independientes. Sus raíces son fibrosas y poco profundas.

Se recolecta desde abril-mayo hasta primeros de junio. Cuando las fresas hayan alcanzado la madurez necesaria se separan de la planta tomándolos por el pedúnculo entre el pulgar y el índice y efectuando con la uña un corte nítido. Las fresas cosechadas se irán depositando en cestos de mimbre o cajones de poca profundidad. Las fresas que han de enviarse a mercados distantes deberán cosecharse 1 ó 2 días antes de que lleguen a su completa madurez.