Los jugadores del Racing cumplen con su amenaza

Los jugadores del Racing de Santander se unieron abrazados junto al círculo central nada más darse el pitido inicial del partido de vuelta de los cuartos de final de la Copa del Rey contra la Real Sociedad, que finalmente no se juega. La Real Sociedad jugará por tanto las semifinales de la Copa del Rey donde tendrá que enfrentarse al FC Barcelona.

La plantilla del Racing, equipo de Segunda B, comunicó hace tres días su decisión irrevocable de no jugar esta noche si el Consejo de Administración del club, con su presidente, Ángel Lavín, a la cabeza, no dimitía.

Así, nada más sonar el pitido inicial, los jugadores se reunieron abrazos junto al círculo central para dejar clara su intención de no jugar, como anunciaron. Segundos después, el árbitro señaló la suspensión del partido.

Hace tres días los jugadores recordaron que desde hace varios meses no cobran su salario, "pese a las promesas de pago llevadas a cabo por el presidente".

La incógnita se desveló en el arranque del partido, en el que el Racing cedió el saque a Almería, con cuyos jugadores habían pactado que jugaran el balón hacia campo del Racing. El esférico salió por la banda derecha sin que ningún jugador del Racing se moviera de su posición inicial.

El escaso público que ha acudido a este partido de ida de los octavos de final de la Copa del Rey aplaudió la acción de los jugadores y se volvió contra el palco para pedir, una vez más, que se vayan los actuales dirigentes del Racing.

EL PLANTÓN DEL BARÇA EN EL 2000, FUE PERDONADO

El plantón que el FC Barcelona dio al Atlético de Madrid en la vuelta de las semifinales del 2000 es el precedente más sonado de incomparecencias a partidos, que fue sancionada con la exclusión del club de la siguiente edición copera y luego perdonada por la Real Federación Española de Fútbol (RFEF).

El Barcelona, que había perdido 3-0 en el partido de ida en el Vicente Calderón, se negó a jugar aquel encuentro, el 24 de abril del año 2000 en el Camp Nou, por no disponer de jugadores suficientes al coincidir el encuentro con una jornada reservada a las selecciones nacionales.

Al no conseguir que la RFEF retrasara la fecha, el Barça saltó al campo con diez jugadores y un único suplente, momentos antes de que su capitán, Pep Guardiola, comunicase al árbitro, el asturiano Manuel Díaz Vega, que su equipo no iba a jugar.

El Barcelona intentó evitar sin éxito la sanción que estipula el régimen disciplinario de la RFEF, con recursos en todos los comités federativos y el Comité Español de Disciplina Deportiva (CEDD), que tampoco estimó la reclamación del club azulgrana, entrenado entonces por el holandés Louis van Gaal y presidido por Josep Luis Núñez.

El CEDD confirmó la decisión de los otros comités de dar por perdida la eliminatoria al Barcelona y excluir al club de la siguiente edición de la Copa, además de imponerle una multa de dos millones de pesetas.

Pero el Barça volvió a entrar en el sorteo copero de la temporada siguiente, ya que el presidente de la RFEF, Ángel María Villar, anunció la concesión de medidas de gracia como ha hecho siempre que ha sido reelegido en el cargo, como ocurrió hace catorce años cuando inició su cuarto mandato.

Además del Barça, en la nómina de incomparecientes coperos figuran otros equipos más modestos como el Vecindario y L'Hospitalet, que fueron sancionados por su ausencia en los partidos que debían disputar ante el Real Unión de Irún y el Deportivo.