Cuéllar: "No pretendo gustar a nadie"

Pichu Cuéllar
Pichu Cuéllar |Telemadrid

Pocos conocen ya a Iván Cuéllar (Mérida, 1984) en el mundo del fútbol por su nombre de pila. Con el apodo de Pichu se ha labrado una destacada carrera profesional que arrancó en el Atlético de Madrid. Allí compartió vestuario con el Simeone que ya pensaba en los banquillos y el Torres que pedía paso, la génesis de lo que son hoy los rojiblancos. A ellos se mide por primera vez como visitante lejos del Vicente Calderón.

Coincidió en el vestuario durante sus primeros años con Simeone y Mono Burgos. ¿Se imaginaba que llegarían tan lejos como entrenadores?

Yo no pensaba en ese momento que su carrera iba a ser dirigida para ser entrenadores. A Simeone se le veían dotes de poder dirigir un vestuario. Y tiene en su cuerpo técnico al Mono, que fue también compañero. Si hay algo que destacar es que son muy competitivos y que intentan sacar el máximo rendimiento a sus jugadores.

¿Ve a sus futbolistas reflejados en ellos?

Está claro. El modo en el que Simeone vivía el fútbol, y lo sigue viviendo, intenta que sus jugadores lo transmitan en el campo. El Atlético de hoy en día es un reflejo de lo que él era individualmente como jugador pero a nivel grupal.

También compartió momentos con Fernando Torres. ¿Debe quedarse en el club hasta que él quiera o nadie está por encima del escudo?

No soy a quien tiene que ir dirigida esa pregunta. Como no me gusta contestar a cosas que no debo, y soy muy respetuoso, no creo que deba hacerlo.

Lo que está claro es que es un mito del Atlético, ¿no?

Eso sí. Siempre hay que agradecer el trabajo y la implicación que uno ha hecho por los colores que ha mamado durante toda su vida. Eso debe ser respetado y de alguna forma valorado. Son palabras mayores, el Atlético y el Niño tienen un nexo de unión. Yo no soy quien para tomar ese tipo de decisiones, ni para juzgarlas, pero es evidente que la unión debe existir siempre.

¿Cree que el Atlético tendrá opciones de luchar por el título liguero con el Barcelona hasta el final?

Tal como esta el Barcelona hoy en día tratar de competir contra ellos es complicado. Pero ha habido años que también era así y se lo han disputado, incluso el año que llegaron al último partido de liga pudiendo ganarla y la ganaron. No hay que descartar al Atlético de Madrid para nada, pero si el Barcelona sigue así es muy complicado que tenga ese nivel. No porque no pueda, sino porque hay una diferencia que no creo que pueda alcanzarla.

Jugar contra el Atlético y no poder hacerlo en el Calderón... ¿Se le hará raro?

Sí, lo llevo tiempo comentando con gente de mi entorno. Yo debuté en el Calderón y siempre que he jugado contra el Atlético ha sido allí. Se hará raro pero a la vez esta vida está llena de cambios y hay que estar preparado para ellos. Todo se intenta hacer por el bien de todos y porque uno tiene que crecer. El cambio ha sido para crecer. Me han hablado auténticas maravillas del Wanda y estoy deseando poder disfrutarlo.

¿Por qué el Calderón era especial?

Rugía, temblaban hasta las aguas del Manzanares cuando el fondo alentaba. He vivido momentos muy bonitos, inolvidables en mi carrera. Pero todo cambia y uno tiene que estar preparado para esos cambios. Cuanto antes se adapten, mejor.

Afrontan el partido en un momento delicado de resultados. ¿Es el precio a pagar por soñar en la Copa del Rey?

En cierto modo somos un equipo que a priori no se marcaba esa meta. Uno va logrando pequeños objetivos conforme van pasando los partidos y en ese sentido nos lo fuimos creyendo hasta que nos eliminaron. Vivimos con esa ilusión, nos ganamos a pulso el respeto y eso nos hizo ser importantes de cierto modo en ciertos momentos de la temporada por lo que estábamos logrando.

Poder no ponernos metas era para nosotros algo impensable. Ahora tenemos otra vez los pies en el suelo y debemos centrarnos en lo que realmente importa para nosotros, que es la permanencia. Creo que puede que nos haya pasado un poco factura en ciertos momentos de partidos por el cansancio.

¿Hubiera cambiado esas semifinales por tener algunos puntos más y gozar de mayor tranquilidad en la liga?

Sí, claramente. El objetivo principal del Leganés era mantener la categoría. ¿Si cambias una semifinal por tener más puntos y casi la permanencia? Desde el punto de vista sensato digo que sí porque el objetivo marcado de este equipo era poder seguir otro año en Primera, que es muy difícil hoy en día.

En las redes sociales defiende la necesidad de ser uno mismo. ¿Hay mucha gente que quiere cambiar al Pichu Cuéllar?

No lo sé y no me importa. No pretendo llevarle la contraria a nadie, ni buscar gente que se una a mi forma de entender la vida. Soy como soy, puedo gustar más o menos. No pretendo gustar a nadie. Simplemente intento hacer mi trabajo lo mejor posible y seguir con los principios que me han hecho ser lo que soy hoy en día y llegar a lo que he llegado porque creo que no me ha ido mal.

¿Hay demasiado postureo en el mundo del fútbol?

En todos y más ahora con el tema de las redes sociales. Creo que el bis a bis se ha perdido bastante y eso lo hace el saber gestionar las redes sociales y la tecnología en general. En cierto modo hay que saber gestionar eso y potenciarlo, que creo que no nos damos cuenta todavía.

¿Eso hace al joven más insolente? ¿Se sigue respetando al veterano?

Yo creo que sí. pero los tiempos cambian y te tienes que adaptar a ellos. Yo todo lo llevo a la educación y creo que parte de ahí. El respeto es fundamental y sigue existiendo. El entorno en el que los chavales viven es fundamental para que esa educación siga intacta.

¿Hay algún gol que vuelva de repente a su cabeza, que le persiga?

No especialmente. Todos los goles van en contra mía, son enemigos. Intento olvidarlos porque no concibo el gol como un amigo, sino como mi enemigo.

¿Cuánto le duran los cabreos por un tanto encajado?

Soy una persona que le da mucha importancia al trabajo. Intento separarlo de la vida personal, pero muchas veces poder gestionarlo es complicado, te lo llevas y lo arrastras durante un tiempo. Arrastras un poco el poder describir en tu mente qué ha sucedido y el poder mejorar todo, las acciones y la toma de decisiones. Normalmente, te persigue ese mismo día y a la mañana siguiente intentas marcarte otros objetivos.