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Volver a casa

13.01.2012 | 0 Comentarios
Sueños de Haiti, 30 minutos
El frame corresponde a la joven Chantale, una de las protagonistas anónimas de “Sueños de Haití”, un documental de Miguel Ángel Tobías que ha emitido esta semana Treinta Minutos. Este trabajo fue grabado tan sólo un mes después del terremoto que el 12 de enero de 2010 causó en Haití una de las mayores tragedias humanitarias de la Historia.
¿Qué es lo que más anhela Chantale después de sobrevivir al desastre? Pueden imaginárselo. Ni más ni menos que lo que desearíamos cualquiera de nosotros en su situación: poder regresar a su casa de Puerto Príncipe; una casa, por otra parte, en situación de ruina técnica tras el seísmo.
Volver a casa.
¿Qué tienen el hogar, el domicilio, la vivienda natal, que, aún después de un desastre natural, aún arrasados o reducidos a escombros, tiran de uno con la atracción de un imán irresistible?
Ponemos como ejemplo el caso de Haití, pero lo mismo podríamos hablar de Lorca, de Fukushima o de la reciente amenaza en la Isla del Hierro.
El ser humano, sea haitiano, español o japonés, prefiere afrontar la adversidad, incluso el peligro más inminente, desde la perspectiva conocida del entorno cercano, de los objetos propios, de lo familiar; esto es: desde su patria, su ciudad, su barrio, su calle, su hogar, su cama.
Interesantísimo rasgo éste del carácter humano.
El domicilio donde nacemos –entendido éste en su acepción concreta, como edificio físico, pero también en su concepto más amplio, como patria, como país natal- se marca a fuego en el corazón, se horada como una impronta en la memoria y forma parte indisociable de nosotros hasta el día de nuestra muerte.
Recuerdo una secuencia bellísima de “Dersu Uzala” (Akira Kurosawa, 1975) en la que el protagonista, Dersu, se cruza en su camino con un anciano chino que ha emprendido un largo viaje de regreso a pie desde la taiga siberiana hasta su lejana patria. Ese viaje de vuelta al origen, invernal, penoso, imposible –varios miles de kilómetros le separan de su hogar- tal vez le quite al anciano meses e incluso años de su vida. Pero el anciano chino sólo quiere regresar a su hogar para morir en paz en la tierra que le vio nacer. Por encima de todo. (una secuencia igualmente emocionante alrededor del mismo concepto la pueden localizar ustedes en “Volver a empezar”, de José Luis Garci, en aquella escena en que Antonio Ferrandis le explica a José Bódalo la razón verdadera por la que ha regresado a España).
No sólo experimentamos nostalgia del hogar cuando envejecemos o cuando sentimos la certera del final de la vida. También se hace presente esta fuerza de atracción hacia las raíces originales cuando experimentamos dificultades económicas, o cuando nos falta la temporalmente salud, o cuando sufrimos un exilio forzoso por las razones que sea.
Volver, volver a casa.
 Es un fenómeno sociológico conocido el hecho de que en medio de esta crisis económica monstruosa que todo lo devora decenas de miles de jóvenes y no tan jóvenes están teniendo que retornar al hogar de sus padres para sobrevivir después de un desahucio o de un paro prolongado. Es esta una vuelta al hogar artificial, forzosa, y, en no pocos casos, humillante y desesperada. Pero de algún modo se trata también de un regreso instintivo y primordial, un regreso donde la familia vuelve a cobrar la importancia que nunca debió perder, como pilar, como referente y como refugio. Que yo sepa, ante las dificultades extremas de esta crisis que ahoga a tantos náufragos, no se han constituido comunas solidarias de convivencia entre amigos, conocidos o entre ex compañeros de trabajo afectados por los ERE. No. Son las familias originales de cada uno de los afectados las que asumen el regreso de los hijos a casa. No estoy sugiriendo, ni mucho menos, que sean estos retornos obligados situaciones deseables por el reencuentro de la familia: lo que quiero decir es que cuando arrecian las tempestades es cuando miramos nuestras brújulas; y las brújulas, como es bien sabido, cuando están bien calibradas, qué cosas, siempre señalan el norte hacia el mismo sitio.
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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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