La Opinión de Hermann Tertsch

Vergüenza

17.03.2011 | 0 Comentarios
Los trabajadores de Fukushima abandonan por unas horas la planta por el alto riesgo de radiación

Otro día ha pasado en el que el mundo mira con pánico a Japón. Otro día en el que los heróicos equipos de emergencia japoneses han luchado desesperadamente por evitar la gran catástrofe nuclear. Y otro día en que por lo menos hasta ahora, lo han logrado.

En Europa, a muchísimos miles de kilómetros de la tragedia, cunde la histeria. Gracias en gran parte a unos líderes que están quedando en evidencia. Y a la altura del betún. Baste decir que desde Japón, que nos da lecciones de entereza, coraje y dignidad todos los días, nos piden sangre fría.

Si, Japón pide calma a los occidentales. Creo que nos debiera dar a todos bastante vergüenza. Mientras, aquí todos los dirigentes políticos anuncian que van a revisar los cimientos de las centrales nucleares. Algunos especulan sobre los tsunamis sobre Garoña en la provincia de Burgos. Todos han olvidado a los muertos del terremoto y del tsunami. Y lloran con histeria por los muertos no existentes de una catástrofe nuclear que aun no se ha producido. Y nadie escucha, nadie derrama una lágrima por los miles de libios que, aquí al lado, están muriendo y los que, esos sí con seguridad, van a morir en los próximos dias.

Gadafi, con las manos totalmente libres, con toda su maquinaria militar y su aviación ha machacado este miércoles las últimas defensas de los rebeldes en las afueras de Bengasi. Ya ha comenzado el bombardeo sobre su periferia. Las fuerzas de Gadafi han prometido exterminar como ratas a todo sospechoso de haber estado implicado en los levantamientos. En las ciudades tomadas a los rebeldes ya lo están cumpliendo. Cuando caiga Bengasi, el régimen de Gadafi tendrá practicamente el control sobre todas las ciudades libias.

El caudillo sanguinario ha dicho que dentro de 48 horas todo habrá terminado. Las fuerzas rebeldes, en continua retirada hacia su último reducto han lanzado llamamientos desesperados a la comunidad Internacional. Por internet, ante los periodistas que quedan, en llamadas aterrorizadas. Suplican no se les deje caer en manos de Gadafi. Porque saben que será la muerte segura para muchos miles. Y el terror para todos los demás.

Nos suplican que no los dejemos solos. Que ellos luchan por los mismos derechos que tenemos nosotros. Los que decimos defender. Por la democracia. Contra la tiranía. Nadie les escucha porque todos estamos pendientes de algún burócrata de la Unión Europea que nos anuncia el apocalipsis en Japón.

Los europeos, a los que se les llena la boca de grandes principios sobre la democracia y los derechos humanos, están paralizados por el miedo nuclear que se produce al otro lado del globo. Los libios no van a recibir ayuda. Los va a aplastar Gadafi. Los tiranos en otros países ya saben lo que hacer. Los pueblos saben que no pueden esperar nada de las democracias. Cuántos motivos de vergüenza, señores, en estos dias. Cuánta vergüenza.

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