1 frame de 30

Spielberg, versión española

18.07.2011 | 0 Comentarios
Unos niños judíos durante el holocuasuto

¿El frame? Pocas aclaraciones necesita: el horror del Holocausto judío, una instantánea del infierno en la Tierra, procedente del reportaje “Israel, versión española”, un documental que nos recuerda cómo el antisemitismo está rebrotando en España a pasos agigantados, país, por otra parte, cainita donde los haya. 

 
Aunque no voy a hablar sobre el Holocausto en este post, sí quiero referirme a un judío ilustre que fue capaz de construir, a propósito del Holocausto, una de las más sobrecogedoras películas de la Historia: Steven Spielberg. 
 
Y es que la falta de unanimidad con que en España percibe la crítica especializada a Steven Speilberg constituye para mí un misterio sin resolver sobre el cual me gustaría reflexionar en las siguientes líneas. 
 
Veamos. 
 
Cuando, allá por el 94, se estrenó en nuestro país “La lista de Schindler”, recuerdo que la reacción de la crítica fue bastante similar a la que ha existido ante casi todas sus otras películas: amor u odio. La cinta era impresionante, valiente, ágil, extrema, aniquiladora, casi perfecta. Nada, nada: amor u odio.
 
Siempre me he preguntado qué pasa en este país con Steven Spielberg para que su films no cuenten con el respaldo que merecen por parte de los críticos. 
 
Se me podrá argumentar que lo mismo ocurre con otros popes de la cinematografía contemporánea, David Lynch, Lars Von Trier u Oliver Stone, por poner tres ejemplos cualquiera, que también son adorados o aborrecidos a partes iguales. 
 
Verán. Creo que no es lo mismo: Lynch, por minoritario y rarito, Lars Von Trier, por provocador y deliberadamente excéntrico, y Stone, por epatante e irregular, es lógico que generen sus filias y sus fobias respectivas en la crítica. Sin embargo, pienso que Spielberg, si analizamos el conjunto de su obra como un todo, con sus hallazgos estéticos, sus obsesiones permanentes aunque honestas, y su capacidad para cambiar con éxito de registro una y otra vez, merecería mayor consenso de la inteligencia cinéfila hispana; mayor respeto, vaya. El público español, desde luego, lo tiene claro: salvo patinazos evidentes como “Always” y “Hook”, siempre ha apoyado en la taquilla de manera incondicional al creador de “Tiburón”, “ET” y “El color púrpura”.
 
Hagamos balance: Spielberg, junto con su coetáneo Lucas, reinventó el género de la ciencia ficción cuando nadie apostaba un duro por ella, a mediados de los 70, con “Encuentros en la tercera fase”; Spielberg, ha revisitado en varias ocasiones la Segunda Guerra, siempre “cum laude”, siempre desde distintos registros: “Salvar al soldado Ryan”, “El imperio del Sol”, y la antes citada “La lista de Shindler”; Spielberg nos ha hablado con inteligencia, amargura y emoción sobre segregación racial y esclavitud: “Amistad”, “El color púrpura”; ha redefinido el género fantástico en “Parque jurásico”, “AI”, “Minority Report” o “La guerra de los mundos” y, al hacerlo, ha señalado con el dedo qué nos deparará el futuro de los efectos digitales con precisión de tirador olímpico; ha sido Spielberg quien se metió con equilibro y maestría en el frondoso jardín de tratar de explicar qué sucedió tras la tragedia de los juegos olímpicos de “Munich”. “La terminal”, y “Atrápame si puedes”, nos devuelven –si me lo permiten- reminiscencias del mejor Capra y del mejor Donen, salvando todas las distancias que ustedes quieran. Luego están los Indianas; y la “Loca evasión” y el “Duel”, de los primeros tiempos, magníficas cintas con sabor setentero, pero dos buenas añadas. 
 
Entonces, por qué. ¿Por qué Spielberg no concita unanimidad como cineasta, como Ford, como Houston, como Lean? ¿Por qué el circuito culto cinéfilo –el de la versión original, el de las premieres, el de los festivales, el de los Cahiers- se ha resistido, se resiste y –previsiblemente- se resistirá a reconocer en Spielberg al maestro que es?
 
Sinceramente, no creo que esa falta de aprecio universal se deba a su ascendencia judía, a ese antisemitismo incipiente del que habla el reportaje “Israel, versión española”: cineastas como Woody Allen, genial también, sin duda, pero con una obra en conjunto bastante asimétrica, goza de una especie de bula hispánica que le permite estrenar una película tras otra sin despeinarse.
 
“Sentimentalismo”, me susurra un apuntador desde el foso, tirándome una y otra vez de la pernera del pantalón. “¡Spielberg es un sensiblero; siempre tiende a introducir su toque blandiblú, que estropea sus finales!”. 
 
¿Eso es todo? ¿Son estas todas las acusaciones? 
 
No me haga reír usted, señor apuntador. Puede ser cierto que a Spielberg se le vaya la mano de vez en cuando con el almíbar. Pero, ojo, una inclinación no puede deslegitimar una película. Y menos toda una obra. ¡Sería como descalificar la filmografía de Tarantino por su propensión a la violencia! Uno y otro, Spielberg y Tarantino, claro, tienen su predisposición a moverse cómodamente en su correspondiente registro, pero no por ello sus películas pierden brillo, se contaminan de esa tendencia. Bien mirado, Eastwood también juega a aquello de reblandecer nuestras lagrimitas, y a nadie, que yo sepa, se le ocurre chistarle hasta ahora.
 
La maestría se demuestra andando, y Spielberg, como Easwood, como Allen, a estas alturas, no tiene necesidad de seguir demostrando nada. Aún así, sin tener por qué, lo hace con cada nueva película que estrena, (veremos qué pasa con su “Tintín”).
 
Llegados a este punto del post, seguimos como estábamos: si no es por antisemitismo, y si tampoco es por alergia de los críticos dolorosamente inteligentes a todo cuanto huela a sentimientos, entonces, ¿qué justifica la tirria que se le tiene?
 
¿Y si la clave del misterio Spielberg residiera en un divorcio…?
 
En el divorcio que en España divide endémicamente a los críticos de los espectadores; en el divorcio que distancia desde siempre la sensibilidad cinéfila de unos espectadores respecto a otros; en el divorcio que separa a unos críticos de otros hasta el punto de convertir sus diferencias en irreconciliables diatribas estéticas y éticas.
 
Lo apuntaba hace dos o tres semanas en otro post: es este un país maniqueo, sin grises, sin matices. El conflicto árabe israelí es uno de esos ejemplos, como bien nos recuerda el reportaje “Israel, versión española”: o se está con unos o con otros.
 
El misterio Spielberg, mucho me temo, es otro ejemplo del mismo maniqueísmo hispano.
(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.
17 + 2 =
Para prevenir spam automático, por favor, resuelve esta pregunta de matemáticas.
Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

Artículos anteriores

La Encuesta

¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?