Las buenas palabras

Soy leyenda

13.05.2013 | 1 Comentarios
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La radio española ha alumbrado muchas estrellas a lo largo de su historia, pero sólo una supernova que hiciera explosión en menos de una década. Antonio Herrero llegó a El Primero de la Mañana de Antena 3 a mediados de los ochenta y a primeros de los noventa era una figura tan polémica como imprescindible para explicar la sociedad española. Nadie vivió tan deprisa.

Antonio decía “son las seis de la mañana” con tanta energía que parecía que estaba dando la exclusiva de la hora, como dijo Víctor Márquez Reviriego durante el décimo quinto aniversario de su muerte. La segunda característica de la leyenda fue la independencia: tras muchos años a su lado no llegué a saber de qué pie cojeaba, aunque parece que otros sí. Ante las elecciones generales del 89 hablamos casualmente en privado de la posibilidad de votar y me dijo: “Eso no tiene que ver con nosotros; nos dedicamos al periodismo”. Lo dijo como si no hablara de votar sino de cabalgar sobre el cometa Halley. Tenía treinta y cuatro años y yo veinticuatro, y el mundo era nuestro.

Esa independencia incómoda le permitió entender lo que hoy hemos olvidado: que las tertulias no son coros. Antonio contrató discrepantes y de ahí dimanó el éxito. Cuando con veinte años sustituías a Antonio moderando a Lluch, Carrillo y Herrero de Miñón, te deslumbraba aquella pléyade de tendencias y experiencias que eran pura historia de España esculpida en la piedra y en el tiempo. Ernest, Santiago y Miguel eran libros vivientes que te hacían olvidar si eras de izquierdas o de derechas.

Pocas veces en la vida tienes la certeza desde el primer instante de estar ante alguien especial. Con Antonio Herrero lo sabías por tres razones: por cómo  te miraba, porque siempre te escuchaba si se te ocurría algo y porque sistemáticamente sabía qué iba a interesar a la gente. Si Antonio  programaba algo, eso calaba, germinaba y tarde o temprano terminabas oyéndolo en la calle. Desde primeros de los ochenta empezamos a emitir ecología, que entonces era poco menos que un arcano en España, y también radio de motor. Otro factor de éxito de Antena 3 fue que lo que contábamos era verdad y uno más, que muchas cosas noticias ocurrían directamente allí, especialmente en territorio de García. Un producto tan distinto no se podía combatir con una programación paralela mejor, lo que hizo necesario el tiro en la nuca:  eliminar esa radio y emitir música clásica.

El 25 de enero de 1987, Antena 3 de Radio fue la última emisora en dar la gran noticia: un helicóptero quedó destrozado en un accidente terrible en Barajas. Para colmo de males, toda la ciudad sabía que ese helicóptero rojo y blanco que estábamos ignorando era el nuestro. Si la primera radio se tragó la noticia fue porque quien volaba en el aparato era yo y porque Antonio sabía que mi abuela nos escuchaba siempre y estaba delicada. Jamás lo olvidaré.

Ésta es la instantánea de una estrella que emitía una luz de otro espectro. Como todos, tenía defectos; los atemperó Miguel Pérez Pla, que consiguió que todos encajáramos en la radio de la nueva era. García alentó esta leyenda en lugar de proteger la propia y competir. José María casi lloró el otro día en Periodismo de la Complutense porque a los estudiantes les resbaló un poco lo que hicimos y prefirieron ir a clase antes que aprender de él. Chicos, seguro que podéis hacer radios mejores que la generación de Antonio Herrero, pero el futuro no se construye sin escuchar el pasado. Tenéis que estudiar lo que hicieron las gentes de Manuel Martín Ferrand: inventaron la radio moderna.

Rafael Cerro Merinero
@rafaelcerro

  • Totalmente de acuerdo contigo. Antonio era pura sensibilidad, para saber donde estaba la noticia y cómo contarla y para tratar a las personas.
    16.05.2013
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El periodista de Onda Madrid Rafael Cerro intenta demostrar que hablar correctamente puede, a veces, no ser cuestión de cultura sino de mera lógica. Estamos obligados a hacernos entender. Lázaro Carreter explicaba que el buen hablante no es el que practica el habla de la clase culta, sino el que domina más registros. “El lenguaje sirve para pensar; hablando mejor somos más libres”.

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