Abre los ojos

Sorolla: Tipos y paisajes

28.03.2014 | 0 Comentarios
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A finales del año 1911 la familia Sorolla se traslada al palacete del paseo del General Martínez Campos 37 que se convertirá desde entonces en residencia y estudio del artista. Después de su muerte Clotilde, su mujer, dona al estado todos sus bienes para que se haga aquí su museo que es, sin duda, uno de los rincones con más encanto de Madrid. Y una buena excusa para redescubrirlo es la visita a la pequeña exposición  “Fiesta y color. La mirada etnográfica de Sorolla” que hasta el 25 de mayo se ha instalado en sus salas.
El jardín con un gran naranjo, las fuentes y el pequeño estanque, el emparrado y los parterres salpicados de camelias, jazmines o lirios nos reciben a nuestra llegada. La entrada se hace por el lateral de la primera planta donde está instalada la colección en el que fue su taller y en otras estancias de la casa. La muestra nos espera en el segundo piso. Es breve en el tiempo, la mayoría de las obras están fechadas entre 1912 y 1914 y en número de piezas, hay un total de 25 pinturas y 9 conjuntos de indumentaria. La completa una selección de fotografías y cartas en las que el pintor cuenta a su esposa los descubrimientos de la España más ancestral.

El interés de Sorolla por las costumbres, gentes y tradiciones populares le ocupa en dos momentos de su carrera y con dos estilos completamente diferentes que aparecen aquí representados. Por un lado están los cuadritos de género, de pequeño formato y tema amable que cultivó en su juventud. Por otro los trabajos americanos con óleos enormes de una gran soltura técnica. Fue Archer Hilton Huntington, uno de sus mecenas, quien le encargó la famosa serie “Regiones de España” para decorar la biblioteca de la Hispanic Society de Nueva York. Aceptó encantando el proyecto que constaría de catorce obras que encajaban  muy bien con la concepción estadounidense de lo español, una imagen profundamente romántica y pintoresca.

Para llevar a cabo esta labor desde 1912 y durante ocho años, se dedicó a pintar, fotografiar, recopilar  y coleccionar piezas que le fueran útiles: trajes de hombre y de mujer, de fiesta y de trabajo, joyas y otros complementos como sombreros, mantas, alforjas… Hizo un magnífico trabajo de campo que aquí se centra en cuatro puntos de la geografía española.

En Castilla, atraído por su melancolía y austeridad, trabajó los dos primeros años. Su primera excursión fue al pueblo toledano de Lagartera donde pinta “Tipos de Lagartera o Novia lagarterana” ; la joven con el vestido típico –expuesto al lado- aparece acompañada por hombres ataviados con el calzón negro, la camisa blanca y un llamativo sombrero de ala ancha. Su siguiente parada fue Salamanca donde pinta “Tipos de Salamanca” con un equilibrado juego de blancos y negros sólo roto por el rojo y dorado de las faldas y mantoncillos. A su lado tenemos un precioso traje de charra que perteneció a Isabel de Borbón. La búsqueda de lo más pintoresco le lleva a  los lugares más apartados como La Alberca. En sus   “Novios salmantinos” la triste novia luce un engalanado traje decorado con largos collares. Son las brazaleras: cadenas repletas de cruces, medallas, relicarios y amuletos como el corazón de novia que, según decían, afianzaba el amor conyugal y que se exponen en una vitrina. La sala se completa con unas coloristas vistas de Toledo y de Ávila.

Pese a vivir en Madrid Sorolla nunca olvidó su Valencia natal inspiración de muchos de sus cuadros como el nostálgico paisaje “Naranjos, Alcira”, recuerdo de la estancia del joven matrimonio en la casa familiar. En esta sala cuelgan algunos ejemplos de sus primeros obras preciosistas como la tablita “Guitarrista, costumbres valencianas” o “Fiesta valenciana de la huerta” en la que entre naranjos, un grupo de jóvenes bailan al son de la música vestidos con trajes tradicionales. Uno de ellos, que pertenecía a María, hija del pintor, se enseña aquí junto a los pendientes y aderezos típicos que lo completaban.

Desde San Sebastián, donde veraneaba la familia, Sorolla fue a los valles pirenaicos con la idea de conocer las prendas antiguas que seguían usándose en sus pueblos. Pasó unos días en el Roncal (Navarra) y el Ansó (Huesca) donde tomó muchas fotografías e hizo varios estudios. Pintó “Tipo del Roncal” y compró el sobrio traje de alcalde roncalés. En su estancia en Ansó descubrió unos vestidos femeninos poco habituales como indumentaria popular. Caían desde el cuello en una sola pieza ocultando completamente las formas, solo destacan las mangas abullonadas y las gorgueras. Menos sobrio es “Tipos del Valle de Ansó” donde una de las mujeres luce más festiva con una escarapela de cintas de seda con varias imágenes religiosas.

La última sala de la exposición está dedicada a Sevilla donde trabajó entre 1914-1915.  Sorolla trata el tema del baile andaluz en varias ocasiones y para diferentes encargos porque lo flamenco era un tópico imprescindible en una visión de España dedicada al público americano. Aquí está “Bailaora flamenca” , una gitana envuelta en un colorido mantón de Manila , boceto de una obra mayor. Junto a ella, un traje que perteneció a la famosa  Encarnación López, Argentinita, que fascinó al pintor cuando la vio actuar.
Una exposición llena de vida y color que nos descubre una personal mirada de España en la que el pueblo y sus costumbres son los protagonistas. Etnografía y arte se dan la mano enriqueciendo al artista y al espectador.


http://museosorolla.mcu.es/bibliografia.html
https://www.museodelprado.es/exposiciones/info/en-el-museo/joaquin-sorolla-1863-1923/la-exposicion/secciones/ix/
 

María Vera

 

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He sido siempre una apasionada del mundo del arte, me recuerdo adolescente comprándome en el kiosko unos coleccionables sobre museos del mundo que todavía conservo en casa. Cuando me licencié en la facultad me dediqué al arte moderno,  centrándome en Dalí, protagonista de mi tesis y de alguna de mis publicaciones. Ahora, en este blog, me apetece compartir con vosotros mis visitas a  las más interesantes exposiciones de Madrid, a sus museos y sus galerías, y teneros al tanto de la actualidad artística. ¿Os animáis a patear la ciudad conmigo?

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