Libros que merecen la pena

Sin ti no hay nosotros

04.09.2015 | 0 Comentarios
Sin-ti-no-hay-nosotros

Título: Sin ti no hay nosotros.
Autora: Suki Kim.
Editorial: Blackie Books. Barcelona, 2015.
Puntuación: 8.

La promoción de este libro resulta engañosa. Se presenta, en la portada, como “Una infiltrada entre la élite de Corea del Norte”, cuando la realidad es que ni una cosa ni la otra. “Sin ti no hay nosotros” es el relato de varios meses del año 2011, durante los cuales la autora estuvo legalmente contratada como profesora de inglés para un grupo de jóvenes norcoreanos, los cuales eran, con mucha probabilidad, hijos de la nomenclatura del régimen comunista.

A pesar de ello, el libro tiene un evidente interés. En primer lugar por la duración de la estancia –no son las impresiones de un viaje turístico-, pero también por el continuo contacto con el funcionamiento del régimen y el origen de la autora: nacida en la capital de Corea del Sur, emigró a los 13 años con su familia a los Estados Unidos, por lo que domina tanto el coreano como el inglés.

La descripción de la realidad opresora del régimen norcoreano es muy viva y lo que presenta es una realidad de pesadilla, basada en el continuo adoctrinamiento de una población que ignora casi todo sobre el resto del mundo. Ni siquiera Orwell, en su 1984, imaginó tanto horror. A pesar de tener muy limitadas y controladas las salidas fuera del recinto educativo, alguna vez los profesores pudieron observar las condiciones de vida que sufre la gente:

“El autobús circulaba próximo al borde  de la carretera, y vi a algunas de las personas que caminaban junto a ella. Tenían todos una cara espantosa, como si no hubieran comido en años. Una mujer esquelética tendió un paquete de cigarrillos, ofreciéndoselo a cualquier autobús que pasara por allí, aunque no había más autobús que el nuestro. Cerca de una de las zonas de obras pudimos ver a los trabajadores: ojos vacuos, mejillas hundidas, la ropa hecha harapos y la cabeza rapada. Parecían víctimas en un campo de concentración nazi. El espectáculo era tan sobrecogedor que tanto Katie como yo tuvimos que respirar hondo. No podíamos comentar nada, ni expresar nuestras emociones, pero cruzamos una mirada y Katie musitó en silencio la misma palabra que me estaba pasando a mí por la cabeza: “Esclavos”.

La traducción es correcta, aunque con algún fallo inexplicable, como traducir a veces “misionarios”, en lugar de misioneros.


 

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Periodista y autor de una decena de libros sobre historia contemporánea, es director de Multimedia en Radiotelevisión Madrid. En este blog lleva a cabo un seguimiento puntual de los ensayos más interesantes (no necesariamente los más vendidos) publicados en España.

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