Palabra de meteo

Si le digo: ciclogénesis explosiva, ¿usted qué entiende?

21.05.2012 | 0 Comentarios

Imagen de satélite de la llamada "ciclogénesis explosiva"

Nimboestrato, viento geostrófico, isotacas, ciclogénesis explosiva, viento catabático, isohipsa, así podría estar un rato y nombrar un sinfín de tecnicismos meteorológicos más, obteniendo como resultado directamente proporcional unas caras de póker. Los comunicadores de la información relativa al tiempo encontramos incredulidad porque muchos ciudadanos motu propio los “traducen” y se convencen de que si el término suena raro, lo que va a pasar tiene que ser malo o como poco, anormal. Hace unas semanas tuve esa experiencia cuando intentaba explicar que una “ciclogénesis explosiva” haría una visita express por gran parte de nuestra Península. Fue nombrar ciclogénesis explosiva y la retahíla de deducciones fatalistas y catastrofistas no se hizo esperar. Sin intención de ‘sensacionalizar’ el vocablo, muchos acabaron por hacerlo: “Uy, exploxiva, ciclogénesis, ¿eso qué es?, ¿muy malo no?, si le llaman explosiva nada bueno puede traer”. Pues bien, voy a romper una lanza a favor de los meteorólogos que, en un esfuerzo de hacerse entender, explican el término y logran ser comprendidos.

La ciclogénesis explosiva es un fenómeno que se corresponde con una brusca caída de la presión atmosférica y, por regla general, cuando las bajadas de presión son muy violentas generan una elevada inestabilidad atmosférica. Al igual que las precipitaciones se miden en litros por metro cuadrado o las temperaturas en grados, la intensidad de las borrascas tiene como modo de medición, los hectopascales. Cuanto más baja es la cifra, mayor es la inestabilidad que puede provocar y más intenso es el ciclón o borrasca. Todo ello se manifiesta con fuertes vientos y también, en ocasiones, va acompañado de lluvia. En una jornada anticiclónica, de tiempo estable, la presión atmosférica está por encima de los 1013 mb (1 milibar= 1hectopascal). Ese dato contrasta con la cifra que podemos encontrar cuando hay una ciclogénesis explosiva. Para que se dé este fenómeno, es indispensable que la presión atmosférica caiga más de 22 hpa en menos de 24 horas. La palabra ‘explosiva’, a pesar de lo que muchos piensen, no es sinónimo de catástrofe y se incluye en el tecnicismo para indicar que la creación del fenómeno es intensa y se produce en un período de tiempo breve.

En la última década hemos vivido más de una ciclogénesis explosiva en España y, efectivamente, no todas han sido igual de intensas. El 23 de enero de 2009 el oeste de la península Ibérica se vio afectado por este fenómeno que, como consecuencia, dejó fuertes vientos. A su paso por comunidades como Cataluña dejó varios destrozos, tumbó más de un millar de árboles, hubo importantes apagones de luz, pero su mayor consecuencia fue el derrumbamiento de un techo en un pabellón deportivo de Sant Boi de Llobregat provocando el fallecimiento de 4 niños.

Sin embargo, en el pasado mes de abril, la trayectoria de otra ciclogénesis explosiva afectó nuestra península, Petra fue el nombre con el que Instituto de Meteorología de la Universidad libre de Berlín bautizó esta perturbación atmosférica (realiza esta tarea desde 1954). Esta vez el fenómeno no tuvo tanta repercusión, tan sólo dejó fuertes vientos y como mayor complicación alteró la normalidad en aeropuertos. En este caso, la Agencia Estatal de Meteorología señaló que la velocidad de desplazamiento de la borrasca fue lenta.

Y es que ningún fenómeno meteorológico es igual que el anterior, las perturbaciones atmosféricas se pronostican, pero no se pueden calcular las consecuencias milimétricamente. Los dos casos anteriores, son ejemplos de dos ciclogénesis explosivas que en los últimos años afectaron a España, y la primera nada tuvo que ver con la segunda.

Por todo ello, a la primera impresión acerca de un término no debería seguirle una deducción, porque a la deducción a veces le sigue la palabra error. Extrapolando esta cuestión a otros campos de la ciencia, como podría ser la medicina, ¿qué se les vendría a la cabeza si les dijeran que padecen una gastralgia, o una cefalea? ¿O quizás blefaritis? Alguno que otro seguro que se ha puesto en lo peor, y sin embargo lo primero es un dolor de estómago, lo segundo un típico dolor de cabeza y lo último una inflamación de los párpados.

En definitiva, de una malinterpretación, aunque sea inconsciente, se puede incurrir en el alarmismo. Por eso, desde este espacio revindicamos que asumir el significado de un tecnicismo meteorológico sin documentarse previamente, está abocado al fracaso informativo y la confusión.

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