La Opinión de Hermann Tertsch

Sectarismo

10.03.2011 | 0 Comentarios
Chacon

Diez años se cumplían este miércoles desde que quedó oficialmente suspendido en España el servicio militar obligatorio. Muchos celebraron aquella medida, tomada por un gobierno de José María Aznar, como un gran salto a la modernidad. En general parece hay consenso en que un ejército moderno exije un grado de profesionalidad que no puede ofrecer una tropa de conscripción. Que un ejército profesional de expertos, mucho más reducido, puede asumir mucho más adecuadamente los nuevos retos para la seguridad y defensa. Debe de ser cierto.

En todo caso la evolución en este sentido parecía inevitable. Alemania es el último gran país europeo que mantiene aun la conscripción. Quedará en suspenso, que no abolida, el 1 de julio de este año 2011. Pero no sin haber generado un intenso debate en la sociedad alemana. Entre los argumentos en defensa del servicio militar algunos que merecían haber sido debatidos aquí entonces. No lo fueron porque nadie estaba interesado en ello. La suspensión de cualquier obligatoriedad es siempre muy popular. Pero el servicio militar obligatorio tenía sus efectos positivos. No solo para generar una cultura de defensa, aquí hoy inexistente. También tenía unos efectos formativos para una juventud que en su inmensa mayoría no había salido de sus lugares de origen. Y creaba lazos de afecto entre españoles y una mayor cohesión nacional.

Hoy los españoles son educados en sus diversas regiones en la absoluta ignorancia de la realidad nacional fuera de su comunidad autónoma. La experiencia en común servía para la cohesión y el fomento de la unidad y el interés común. Pero reflexionar hoy sobre ello solo produce melancolía. Lo cierto es que este miércoles la ministra de Defensa Carmen Chacón convocó un acto para celebrar el décimo aniversario. Invitó a Butragueño y al sindicalista Méndez. Pero no invitó al ministro que defensa bajo el que se suspendió el servicio militar obligatorio, que era Federico Trillo. En un manifiesto desprecio precisamente a la unidad suprapartidista imprescindible en materia de defensa y exigible en un acto de Estado. Sin ningún pudor, la señora Chacón se adueño del ejército para celebrarse a sí misma. Es de suponer que para chupar cámara para mayor gloria propia. Y como ayuda en su lucha por el liderazgo del partido socialista. La ministra ha utilizado a la institución mejor valorada por los españoles, símbolo de la unidad nacional, para una pugna ni siquiera partidista, sino sectaria.

Pero a estas alturas ¿por qué esperar respeto de la ministra al principal valor de la unidad en la defensa nacional? Si un día antes, el presidente hacía chistes con Dios, en palmario desprecio hacia las creencias de media España? ¿Para qué hablar de unidad, cohesión y respeto? Desprecian todo lo que no entienden. El sectarismo es decididamente su signo de identidad.

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