Abre los ojos

San Antonio y la ronda de pan y huevo

11.03.2014 | 1 Comentarios
sanantoni01

A medio camino entre Malasaña y Chueca aparece la zona llamada Triball, actualmente una de las más dinámicas de Madrid. Comprende el triángulo de calles enmarcadas por Fuencarral, Corredera Baja de San Pablo y Gran Vía. Toda ella se ha saneado y remozado y en cada esquina descubrimos modernos locales relacionadas con el arte, la moda o la gastronomía. Abundan los edificios históricos , instituciones como la “Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales”, el legendario teatro Lara o la iglesia de San Antonio de los Alemanes que hoy es nuestra protagonista. Está exactamente en el número veinte de la calle de la Puebla, haciendo esquina con la Corredera Baja y a tan sólo doscientos metros de la plaza de Callao. Hace unos años, exceptuando las horas de culto, era difícil visitarla, ahora podemos hacerlo todos los días, entre las diez y media y las dos de la tarde, pagando una pequeña entrada como donativo.


Nos sorprende la sobriedad del exterior que no desentona nada con el resto de la calle. Las paredes siguen la tradición madrileña combinando el ladrillo rojo sobre zócalo de granito en los muros. La fachada barroca, que hace esquina, es obra de Juan Gómez de Mora. Lo más destacable es su sencillez, una puerta de granito, a modo de dintel y sobre ella una hornacina flanqueada por pilastras y coronada por un frontón curvo que cobija la imagen de san Antonio de Padua con el Niño obra de Manuel Pereira. La techumbre está rematada por el cuerpo octogonal que envuelve la cúpula interior, cerrado por un chapitel terminado en aguja piramidal con bola y cruz. En realidad es tan poco llamativa que podríamos pasar de largo sin imaginar lo sorprendente de su interior.

Hagamos primero un poco de historia. Fue Felipe III quien a comienzos del siglo XVII crea un Real Hospital para los portugueses residentes en Madrid con una capilla dedicada a san Antonio. En 1624 comienza la construcción del templo, siendo maestro de obras Francisco Seseña ayudado por Juan Gómez de Mora y se termina en 1633. Tras la independencia de Portugal se abandonó hasta que, en 1689, Mariana de Austria, segunda mujer de Felipe IV, lo cedió a la comunidad de católicos alemanes cambiando su nombre aunque no su advocación.

Y ahora pasemos dentro. Lo que encontramos es un apabullante ejemplo de ilusionismo barroco, la pintura ocupa todo el templo, no hay un solo hueco libre, parece que nos hemos metido en un decorado gigante que nos envuelve por completo. Contribuye a este efecto la pequeña planta elíptica completamente diáfana sin una columna que entorpezcan la visión. Arquitectura, pintura y escultura se dan la mano para crear un maravilloso efecto de movimiento y colorido.

Justo frente a la puerta está el retablo neoclásico formado por dos grandes columnas corintias rematadas por una gloria de ángeles. En el centro la excelente escultura de “San Antonio con el Niño”, obra maestra de Manuel Pereira. Todo ello está dentro de una gran hornacina que sigue el ritmo impuesto por el conjunto.

Enseguida nuestra mirada se va al techo; el edificio está coronado por una bóveda de lunetas, que descansa sobre una cornisa y se extiende por todo el perímetro. Es mejor que nos sentemos para disfrutar de los maravillosos frescos del centro de la cúpula que narran la “Apoteosis de San Antonio”, es decir cómo el santo portugués, rodeado de ángeles, asciende a los cielos donde le espera la Virgen. Esta parte es obra de Juan Carreño de Miranda ayudado por  Luca Giordano y se sitúa encima de una rica arquitectura fingida a modo de basamento o tambor, obra de Francisco Rizi. Las  columnas salomónicas, pilastras, frontones y todo tipo de ornamentos  producen un trampantojo: parece mármol lo que sólo es pintura. También son obra suya los santos portugueses que invaden el primer anillo de la cúpula. 

En los muros curvos  se describen varios milagros: “El milagro de la mula” o “San Antonio curando la pierna de un joven”, y una serie de reyes santos todos de Giordano.  En la parte más baja hay seis altares cada uno dentro de una hornacina coronada por un arco de medio punto. Uno aloja un magnífico “Calvario” con la imagen de la Virgen de los Dolores delante. Otros están dedicados  a “Santa Engracia” o a “Santa Ana y San Joaquín con la Virgen Niña”.  En el lado opuesto otras escenas religiosas como “La Santísima Trinidad” o “San Carlos Borromeo curando a los enfermos”. Y encima de cada uno, coronándolos,  hay siempre  un retrato oval de los diferentes reyes o reinas.


Para completar la visita es interesante que bajemos por la estrecha escalera que nos conduce a la cripta. En ella descansan los restos de dos infantas de Castilla prueba de la vinculación con la corona.

Tanto la iglesia como el hospital pasaron a pertenecer desde 1700, bajo el mandato de Felipe V, a la “Hermandad del Refugio”. Salía “la ronda de pan y huevo”, formada por un sacerdote, dos seglares ayudantes y numerosos criados con camillas y sillas de mano que iban por la calles, con un farol y haciendo sonar las campanillas, ofreciendo a los mendigos agua, pan blanco y un huevo duro. Lo curioso es que llevaban una plantilla de madera cuyo agujero servía para medir el tamaño del huevo, si entraba por él se desechaba con la frase : “Si pasa, no pasa”, es decir que era demasiado pequeño incluso para los pobres. ¿verdad o leyenda de nuestro Madrid más castizo?
La Hermandad sigue existiendo y mantiene múltiples actividades benéficas.


www.realhermandaddelrefugio.org/

María Vera



 

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He sido siempre una apasionada del mundo del arte, me recuerdo adolescente comprándome en el kiosko unos coleccionables sobre museos del mundo que todavía conservo en casa. Cuando me licencié en la facultad me dediqué al arte moderno,  centrándome en Dalí, protagonista de mi tesis y de alguna de mis publicaciones. Ahora, en este blog, me apetece compartir con vosotros mis visitas a  las más interesantes exposiciones de Madrid, a sus museos y sus galerías, y teneros al tanto de la actualidad artística. ¿Os animáis a patear la ciudad conmigo?

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