La Opinión de Hermann Tertsch

Sáhara Occidental

17.11.2010 | 0 Comentarios
hermann_rubalcaba

Hemos tenido visita del ministro del interior marroquí en Madrid. Él sí sabe lo que realmente ha pasado y está pasando en el Sáhara Occidental. Pueden estar seguros que no le ha contado todo a nuestro vicepresidente Pérez Rubalcaba. Y éste desde luego no nos ha contado nada que no supiéramos.

 

Sabíamos que hay un muerto español. Según el ministro marroquí, ha muerto en accidente. Aquí es donde surge el problema. Siempre volvemos a la cuestión de la maldita confianza. Rubalcaba aparenta fiarse plenamente del ministro marroquí. Y nos dice muy serio que espera con interés a que la policía marroquí le informe de lo que pasó en el Aaiún. El problema es que la inmensa mayoría de la opinión pública española, al ministro marroquí le cree muchísimo menos aun que a Rubalcaba.

 

Este tiene toda la razón al intentar limitar daños. Y tienen razón todos los que dicen, entre ellos el Gobierno, que la indignación ante las tropelías marroquíes no deben llevarnos a confundir nuestros intereses con los intereses o deseos saharahuis. Por dignidad y probidad democrática debemos hacer todo lo posible para disuadir a Marruecos de continuar con su política de brutalidad. Y no puede haber abandono de la defensa de los derechos humanos. Porque eso no es ni siquiera realpolitik. Es asentimiento cobarde a la prevalencia de intereses ajenos. Que aleja las posibilidades de una solución pacífica que todos necesitamos. Nosotros no tenemos por qué hacer favores a Marruecos. Tampoco tenemos que hacérselos a Argelia, apoyando independencias unilaterales irreales.

 

Rubalcaba siempre tiene una ventaja respecto a sus compañeros de Gobierno. Y es que no infunde pena, como este martes una vez más hacía la ministra Trinidad Jiménez en el Senado, que poco menos que se quería desentender totalmente del Sahara. La política de obsequiosidad y entreguismo de este Gobierno hacia Marruecos tiene, hoy se ve, consecuencias nefastas. Nuestra capacidad de influir en Rabat o disuadir a los marroquíes de una política de represión es inexistente. Y paradójicamente perjudica también a Marruecos.

 

Limitar los daños no va a ser fácil, porque este Gobierno carecería de credibilidad incluso si optara para una política de firmeza. Pero esta es absolutamente necesaria. Marruecos debe saber que sus desprecios y ataques a intereses españoles tendrán un coste serio para Rabat. España tiene los medios. Tiene que estar dispuesta a utilizarlos y advertirlo con credibilidad. Es cuestionable que este Gobierno en semidisolución y retirada se lo sepa hacer saber al Rey de Marruecos. Pero a España le urge poner fin al esperpento de estos días, con sus dos caras, la humanitaria, sangrienta y la política, vergonzosa.

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