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Rubalcaba despluma el Faisán

05.04.2011 | 0 Comentarios
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He escuchado a Alfredo Pérez Rubalcaba afirmar en una emisora de radio, con tono de voz agrio y retador, que no tolera que nadie cuestione la integridad de los profesionales de las Fuerzas de la Seguridad del Estado en la lucha antiterrorista. El reto del ministro del Interior y vicepresidente del Gobierno respondía a las críticas de la oposición y de los medios de comunicación sobre dos sucios asuntos: el chivatazo a ETA y el contenido de las actas de la banda terrorista sobre sus negociaciones con Zapatero. Está bien que el ministro del ramo ampare a los profesionales de la Policía y la Guardia Civil, pero esa defensa es gratuita porque nadie ha despreciado o minusvalorado a los agentes antiterroristas que, con la ayuda del CNI, ejercen con éxito la lucha anti ETA. Únicamente se ha exigido la responsabilidad  política del Gobierno en esos dos luctuosos asuntos. Ahora bien, si el ministro pretende cubrir las miserias del ejecutivo con el uniforme de las Fuerzas de Seguridad, ese es otro cantar, pero nadie va a caer en la trampa.


Rubalcaba ha negado su implicación en el caso Faisán y ha destacado que así lo han refrendado los altos cargos policiales en sus declaraciones judiciales. Así empezó el caso GAL, todo el mundo negándolo todo, hasta que el ministro del Interior, el secretario de Estado y el director de la Seguridad fueron procesados. En España la falsedad  sale gratis. Aquí se ha mentido hasta la extenuación en casos como los GAL, ocultando pruebas o coaccionando a testigos; la situación económica, negando durante meses la crisis; y la negociación con ETA, ocultando reuniones con la banda tras el atentado de la T-4. Si se ha abusado de la patraña en esos tres grandes asuntos por qué hay que creer que se dice la verdad sobre el bar Faisán, que fue un cruce de camino entre los contactos con ETA y el cobro de la extorsión. 

La responsabilidad de un político – en este caso de un ministro- no tiene por qué ceñirse al conocimiento previo del chivatazo. Supongamos que Rubalcaba no lo sabía y la decisión partió de un peldaño inferior en la línea de mando del ministerio. Tal extremo carece de de interés porque el ministro es, políticamente, igual de responsable tanto en la génesis como en la plasmación del escándalo. Porque su departamento puso los medios, autorizó, ejecutó, consintió y encubrió el chivatazo a ETA, y él era entonces y sigue siendo el jefe de ese negociado. El escritor británico Frederick Forsyth me comentaba hace poco que en su país un ministro del Interior con esa carga del chivatazo ya habría dimitido. Entre tanto, Rubalcaba sigue intentado desplumar el Faisán.
 

 

Manuel Cerdán

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Periodista español de larga trayectoria. Ha pasado por distintos medios de comunicación como el diario El Mundo. Como director de INTERVIu fue responsable de exclusivas como la entrevista a Francisco Paesa mientras estaba oculto en París. Es doctor en  Periodismo por la Universidad Complutense. Es coautor de los libros El Caso Interior, El Origen del GAL y Lobo. También ha escrito Paesa, el espía de las mil caras y su primera novela: El Informe Jano. Ha obtenido, entre otros, los premios León Felipe y Periodista del Año 2005, concedido por ARI. En la actualidad es director del programa de Telemadrid, Objetivo.

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