Abre los ojos

Roger Van Der Weyden: Belleza y pasión

14.04.2015 | 0 Comentarios
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La exposición sobre la que hoy escribo exige una atención concentrada, un análisis cuidadoso, por eso os recomiendo una visita pausada en la que podáis saborear los sutiles y exquisitos detalles que encierra. Son sólo diecinueve las obras reunidas en las salas del museo del Prado en la primera muestra monográfica de Roger van der Weyden que se celebra en nuestro país. Además de las tablas hay esculturas, un tapiz o libros miniados, algunos son de su taller y de otros maestros flamencos. Merece la pena concentrarnos en tres de ellas que, aunque no estén firmadas, son las únicas que pueden atribuírsele con absoluta seguridad gracias a las evidencias documentales. Se trata de:  “El Descendimiento”, “El tríptico de Miraflores” y “El Calvario”. Nunca antes habían sido vistas juntas, ni siquiera por el propio artista. Seguro que no lográis escapar de su hipnótica fascinación.

EL DESCENDIMIENTO

Fue pintado, antes de 1443, para la capilla de Nuestra Señora Extramuros de Lovaina fundada en el siglo XIV por el gremio de los ballesteros, por eso dos pequeñas ballestas cuelgan en la tracería de las esquinas mayores de la tabla.

Lo primero que nos llama la atención es el espacio claustrofóbico que aloja a unas figuras casi escultóricas que podrían estar talladas. La caja dorada tiene tan poco fondo que se producen ciertas incoherencias espaciales. Un ejemplo es la cruz con un travesaño demasiado corto para sujetar el cuerpo de Cristo.  

En total hay diez personajes maravillosamente dibujados. El cuerpo desnudo de Cristo ocupa el lugar central, su cabeza cae para apoyarse en el hombro y los ojos cerrados dejan escapar unas lágrimas. El paño de pureza es tan transparente que se ve por debajo fluir la sangre sin llegar a mancharlo. Es espléndida cómo está pintada la mano que casi roza a la de la Virgen en un increíble duelo de blancos. Bajan el cuerpo tres hombres. El mayor es Nicodemo, el más joven, de impolutas medias y casaca celeste, parece un criado. La figura que viste de dorado es, probablemente, José de Arimatea en cuya frente se transparentan las venas hinchadas por la pena contenida. Pero, sin duda, mi favorita es la Magdalena. Sus manos enlazadas en un gesto de ensimismamiento y crispación están a la altura de los pies de Cristo que ungirá con el perfume del tarro que sostiene el criado de detrás. Sus ropajes, más ceñidos, se adornan con un cinturón en el que aparece la inscripción “Ihesus Maria”. A la izquierda está el grupo de la Virgen cuyo cuerpo, desvanecido y abandonado al dolor, presenta una postura paralela a la de su hijo. Unas lágrimas atraviesan un rostro de un blanco apergaminado. La sujetan san Juan Evangelista y, probablemente, María Salomé y María Cleofás.

Ninguna de las figuras parece estar firmemente apoyada sobre sus pies. Precisamente junto al de san Juan hay una calavera que descansa sobre un suelo donde crecen unas florecillas que son, sin duda, un signo de vida y esperanza.

TRÍPTICO DE MIRAFLORES


 
 El tríptico fue donado en 1445 por el rey Juan II de Castilla a la cartuja de Miraflores, cercana a Burgos; hoy en día está en la Gemäldegalerie de Berlín. Consta de tres paneles en los que se narran escenas de la vida Cristo y la Virgen. En la primera tabla María, vestida con un manto blanco, adora al niño que juguetón descansa en su regazo. En el panel central la madre, con el rostro desolado, acoge de nuevo en su seno al hijo, pero esta vez muerto. Al acercarnos vemos cómo las lágrimas de la Virgen, vestida con el rojo de la pasión, se funden con las gotas de sangre del rostro del Salvador. En la tabla de la derecha Cristo se aparece a María, ahora con túnica azul, que le contempla perpleja. Al fondo un delicado paisaje con las escenas de la Resurrección y las tres Marías. Todas las representaciones están enmarcadas en arquitecturas góticas en cuyas arquivoltas se narran, con esculturas simuladas, escenas religiosas que van desde la Anunciación hasta la Asunción.

EL CALVARIO

Llegó al Escorial, procedente de la cartuja de Scheut, cerca de Bruselas, a la que el propio van der Weyden la había donado en fechas cercanas a su muerte. Es propiedad de Patrimonio Nacional quien ha llevado a cabo, con la colaboración del museo del Prado, una completa restauración que ha durado cuatro años. Se trata, sin duda, de la obra más sobria y quizá también, a pesar de su simplicidad, de la más monumental. Estamos ante una Crucifixión reducida a su esencia más absoluta. Sólo hay tres figuras pero todas son imponentes por su tamaño casi natural y por su dramatismo escultórico. El espacio es muy pequeño y la cruz se levanta junto a un muro y delante de un paño color sangre que hace las veces de fondo y que contrasta con el blanco de las otras telas. Los rostros de dolor contenido en san Juan o del llanto de la Virgen se acompañan pictóricamente con el predominio de la línea recta: las dobleces del fondo y los drapeados quebrados de sus túnicas. Sin duda os conmoverá el dramatismo de la escena en la que parece podamos notar el silencio.

Salgo de las salas del museo todavía ensimismada y cuando reflexiono sobre las tres tablas me doy cuenta de que, a pesar de la claridad de sus temas, tienen algo enigmático y ambiguo. Las imágenes son de tal perfección estética, llenas de contornos definidos y detalles microscópicos, que parece increíble que, al mismo tiempo, resulten tan plenas de sentimiento y posean una sensibilidad casi excesivamente exaltada.

MARÍA VERA


https://www.museodelprado.es/exposiciones/info/en-el-museo/rogier-van-der-weyden-y-los-reinos-peninsulares/?gclid=CIv71oWr8cQ
http://www.patrimonionacional.es/colecciones-reales/restauracion/detalles/8405/%22El%20Calvario%22%20de%20Rogier%20van%20der%20Weyden
 

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He sido siempre una apasionada del mundo del arte, me recuerdo adolescente comprándome en el kiosko unos coleccionables sobre museos del mundo que todavía conservo en casa. Cuando me licencié en la facultad me dediqué al arte moderno,  centrándome en Dalí, protagonista de mi tesis y de alguna de mis publicaciones. Ahora, en este blog, me apetece compartir con vosotros mis visitas a  las más interesantes exposiciones de Madrid, a sus museos y sus galerías, y teneros al tanto de la actualidad artística. ¿Os animáis a patear la ciudad conmigo?

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