Abre los ojos

Relatos de Madrid

21.01.2015 | 0 Comentarios
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Hace pocas semanas y después de más de diez años de cierre intermitente ha reabierto sus puertas el Museo de Historia de Madrid, antiguo Museo Municipal. Instalado en la concurrida y tan de moda calle Fuencarral; ocupa lo que era el Antiguo Hospicio de san Fernando, un edificio de 1721 que nos recibe con una de las más bellas fachadas barrocas de la ciudad obra de Pedro de Ribera. En su interior nos esperan más de cuatrocientos años de nuestra historia más cercana.

El arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade, responsable de la transformación del Arqueológico, ha llevado a cabo una profunda reforma cambiando completamente el interior del edificio. Nada más entrar percibimos un espacio cálido, con mucha madera, y muy luminoso. La zona de información es más bien pequeña y el acceso a las salas un poco confuso. Quizá cuando se creen la tienda y el restaurante cambiará la distribución. Lo que sí es un auténtico acierto es el gran patio interior que se ha construído para ganar espacio y al que te puedes asomar desde todas las plantas. Es muy original su techo de láminas de pan de oro y el perímetro de cristal que reflejan la luz y permiten ver los antiguos cipreses.

Las colecciones se han reorganizado con una puesta en escena muy cuidada. El director Eduardo Salas y su equipo han querido crear un discurso innovador dentro de los cánones clásicos. ¿Comenzamos?

La visita está distribuída en cuatro plantas. El sótano está íntegramente dedicado a la cartografía. Los visitantes se arremolinan alrededor del “Modelo de Madrid” de 1830, la detallada maqueta histórica de León Gil de Palacio, una de las estrellas del museo y fuente de información primordial para conocer la geografía histórica de la capital. Muestra una ciudad cerrada al norte por la glorieta de Quevedo, al sur por  Nstra Sra de Atocha, al este por el paseo del Prado y al oeste por el palacio Real. Todo el mundo quiere identificar lugares y edificios, algunos son fácilmente reconocibles, otros han desaparecido, por eso es muy acertada la proyección audivisual.

Volviendo a la planta de acceso entramos a la colección permanente. Se trata del Madrid de 1561 a 1700. Felipe II, del que hay un busto en bronce, la eligió como capital del reino. Para saber cómo era entonces basta mirar la “Topographia de la villa de Madrid” descrita por Pedro Texeira en 1656 o los bellos aguafuertes de lugares emblemáticos: “La cárcel de la corte”, “La plaza de la Cebada”, “La puerta del Sol” o “La plaza de Sto Domingo” de Louis Maunier. Junto a las pinturas, en el espacio central, se exponen baúles, bargueños, espejos y sillones de la época. Debido al aluvión de gentes que recibe la capital son necesarias ciertas reformas urbanísticas. Se construyen palacios y conventos donde hay sitio para el ocio como lo demuestra “Fiesta en la plaza mayor” de Juan de la Corte y para el recogimiento  en “La virgen de Atocha” de Juan Carreño de Miranda. También el rey se divierte, no os perdáis la maqueta del estanque del Buen Retiro durante la representación de una comedia de Calderón.


Subiendo las escaleras llegamos a la planta 1que nos habla del Madrid del siglo XVIII. La ciudad barroca se disfraza para ocasiones especiales como en “Ornato de la puerta del sol” de Lorenzo de Quirós y se adorna con fuentes: la de Cibeles, Apolo o la de Neptuno dibujadas aquí por Ventura Rodríguez. En las vitrinas vemos objetos relacionados con el ocio: abanicos, barajas de cartas, una curiosa “Cocarda con lente” –especie de escarapela- hecha con gasa y hueso. De la Real Fábrica de porcelana del Buen Retiro hay abundantes piezas de vajilla y, más allá, consolas, un piano de mesa, un reloj, espejos... Acabamos con una de las joyas del museo: “Alegoría de la villa de Madrid”  el famoso cuadro de Goya donde la protagonista, una figura femenina vestida con manto y corona de oro, se apoya en el escudo con el oso y el madroño.

La última planta está dedicada al sueño de una ciudad nueva: Madrid como capital decimónica. Hay aquí pinturas de más calidad. De Eugenio Lucas y su “Juicio de la Inquisición” pasamos a lienzos más amables como “La puerta del sol” de Martínez Cubells con su aire francés. Francisco Pradilla pinta “El viernes santo en Madrid. Paseo de mantillas”, donde las mujeres son protagonistas, como también lo son en retrato de “María Hahn” o “En el patio” de los hermanos Madrazo. Con ellas la moda se vuelve importante y se exhiben: mantones de Manila, sombrillas, unos maravillosos abanicos de plumas, guantes, ceñidores o polisones. También hay objetos de la vida moderna como cámaras fotográficas, máquinas de coser o incluso un faetón ómnibus en perfecto estado. Todo forma parte de una ciudad cuyos rincones son llevados al lienzo por Beruete en su colorista “Asilo de san Bernardino” o por Sorolla en “Portada del Hospital de la Latina” y “Caserío de los barrios bajos madrileños”. Me gustaría acabar con el preciosista cuadro de José Franco y Cordero cuya “Fachada del Hospicio” es la misma por la que hace un rato hemos entrado y que ha permanecido como testigo inalterable de los vaivenes de nuestra ciudad.

Twitter: María Vera
 

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He sido siempre una apasionada del mundo del arte, me recuerdo adolescente comprándome en el kiosko unos coleccionables sobre museos del mundo que todavía conservo en casa. Cuando me licencié en la facultad me dediqué al arte moderno,  centrándome en Dalí, protagonista de mi tesis y de alguna de mis publicaciones. Ahora, en este blog, me apetece compartir con vosotros mis visitas a  las más interesantes exposiciones de Madrid, a sus museos y sus galerías, y teneros al tanto de la actualidad artística. ¿Os animáis a patear la ciudad conmigo?

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