Libros que merecen la pena

Por qué fracasan los países. Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza.

16.06.2014 | 0 Comentarios
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Título: Por qué fracasan los países. Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza.
Autores: Daron Acemoglu y James A. Robinson.
Editorial: Deusto (Centro Libros PAPF, Grupo Planeta). Barcelona, 2012.
Puntuación: 5.

Los autores de este libro, alabado por numerosas críticas, son profesores del Instituto Tecnológico de Massachussets (Acemoglu) y de la Universidad de Harvard (Robinson), es decir, de dos centros universitarios considerados entre los mejores del mundo. El tema de su obra, publicada casi al mismo tiempo en España que en Estados Unidos y que analiza incluso el impacto de la “Primavera Árabe”, es de indudable atractivo.

Y sin embargo, la tesis que proclaman no termina de cuajar. Se basa en distinguir entre sistemas con instituciones “extractivas”, en los cuales una minoría explota al resto mediante diversos artificios –desde una legalidad impuesta al uso de la fuerza-, y sistemas con instituciones “inclusivas”, que conceden derechos y por tanto oportunidades a la mayoría. Este planteamiento es parte de la realidad, pero no es suficiente y ni siquiera es muchas veces lo más relevante.

Acemoglu y Robinson aciertan cuando citan entre los factores positivos el Estado de Derecho y algunos de sus elementos fundamentales, como el derecho de propiedad, base de la economía libre de mercado. También cuando enumeran entre los negativos la corrupción y el carácter absolutista de ideologías como la comunista. O al citar el efecto positivo de la centralización política. Pero dejan de lado otros factores que resultan ajenos, y por ello difíciles de comprender, desde la perspectiva de las universidades elitistas de los Estados Unidos. También cometen algunos errores históricos: la caída del Imperio Otomano no se produjo después de la Segunda Guerra Mundial, sino de la Primera. El golpe de estado bolchevique de noviembre de 1917 (no de octubre) no destronó al Zar Nicolás II, sino que éste había sido expulsado del poder por la revolución de marzo de ese mismo año.

Como suele ocurrir con muchos autores norteamericanos, dependen demasiado de una concepción histórica de mentalidad anglosajona, que si resulta en principio limitada para entender otras realidades, está además muy vinculada a la perspectiva imperial británica, de marcado carácter narcisista.

Esta limitación y dependencia resultan evidentes al analizar el imperio español en América, cuya fuente principal –casi cinco siglos después- son los textos del padre Las Casas. El sistema de la Encomienda, por supuesto, resulta muy criticable, pero la pretendida superioridad del marco colonial británico carece de fundamento. En primer lugar, porque el progreso de los Estados Unidos sólo se hizo patente tras la independencia americana, no antes, y luego porque dicho progreso se basó en el recurso masivo a la esclavitud en la mitad del territorio norteamericano y en una prolongada guerra contra los indios nativos, para desposeerles de sus tierras ancestrales en favor de los colonos europeos.

Ante esta contradicción, los autores utilizan un argumento tan peregrino que les descalifica: la esclavitud promovida por Gran Bretaña tuvo efectos positivos, mientras que en el resto del mundo los tuvo negativos.

En todo el libro no hay referencia alguna a las aportaciones del Derecho Romano, la filosofía griega o el Cristianismo. Tampoco se menciona el liderazgo. Por el contrario, utilizan en su favor experiencias sin trascendencia, como los natufienses de Palestina o pequeñas tribus africanas. Algunas tesis son difíciles de aceptar, como que la toma del poder en Roma por Julio César (año 49 antes de Cristo) condujo de forma casi inevitable a la caída del Imperio más de cinco siglos después. La crítica generalizada a la colonización europea carece asimismo de sentido. Durante su medio siglo en Marruecos, el Estado español aportó siempre más de la mitad del presupuesto, destinado a la modernización del país: Sanidad, Educación, Infraestructuras… ¿Dónde estaba la extracción?

Carece de fundamento histórico, asimismo, afirmar que los ingleses destruyeron a la mayor parte de la Gran Armada española en 1588, cuando en realidad no presentaron batalla y se ampararon en el viento a favor. Por supuesto, ni la menor cita de las tres expediciones fracasadas de Drake contra España en los años siguientes (La Coruña, Tenerife y Puerto Rico), la última de las cuales le costó la vida. Gran Bretaña sólo estuvo en parte de los Estados Unidos durante siglo y medio, mientras que el Imperio español duró más de tres siglos y el 98 por 100 de sus navíos mercantes, organizados en convoyes, llegaron a su destino en la Península.

El principal defecto de Acemoglu y Robinson es que confunden las instituciones con las políticas. El Partido Comunista continúa ocupando la hegemonía del poder en China, pero al aplicar una diferente política económica ha logrado, en los últimos treinta años, el mayor y más rápido aumento de prosperidad que ha conseguido sociedad alguna en la historia. Si esto es válido para una dictadura, lo mismo ocurre con una democracia formal como la India, cuyo progreso reciente no es producto de un cambio de instituciones, sino de política. En España el factor de cambio económico, social y poco después político fue el Plan de Estabilización de 1959, en un marco de continuidad institucional.

Este argumento, por cierto, sirve también para rebatir la reciente afirmación simplista del Papa Francisco, según el cual “el sistema económico descarta a una generación”. Este mismo sistema económico permitió durante la presidencia de José María Aznar crear en España cinco millones de puestos de trabajo, para que a continuación el socialista José Luis Rodríguez Zapatero destruyera tres. Ni las instituciones (la democracia) ni el sistema (el mercado) son responsables, sino las políticas.  

“¿Por qué fracasan los países?”, en definitiva, tiene un evidente interés, pero no supera a obras como “Armas, gérmenes y acero”, de Jared Diamond, o “La sociedad postcapitalista”, de Peter Drucker. Sólo su relativa antigüedad (fueron escritas hace unos veinte años) las excluye de este Blog.  

Miguel Platón

 

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Periodista y autor de una decena de libros sobre historia contemporánea, es director de Multimedia en Radiotelevisión Madrid. En este blog lleva a cabo un seguimiento puntual de los ensayos más interesantes (no necesariamente los más vendidos) publicados en España.

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