Las buenas palabras

Políticamente correcto

01.06.2012 | 0 Comentarios
Cadenas, buenas palabras

El Artículo 14 de la Constitución, incluido en el capítulo de derechos y libertades, reza así: “Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. La definición de discriminación positiva del Diccionario de la Academia es ésta: “Protección de carácter extraordinario que se da a un grupo históricamente discriminado, especialmente por razón de sexo, raza, lengua o religión, para lograr su plena integración social”.

 
 
El ministerio de Desigualdad.
La distorsión política del español no es nueva. En 1938, nuestro ministerio de la Guerra pasó a denominarse ministerio de Defensa. En el mismo ámbito gubernamental, pero en 2008, el ministerio de la Mujer se denominó ministerio de Igualdad. Lo que realmente quiso igualar la ministra de la época fue la terminación de los sustantivos epicenos, los nombres comunes animados que, con un solo género gramatical, pueden designar a los seres de uno y otro sexo. La ministra pronunció el término miembras nada menos que en una comparecencia en el Congreso. Después, la Cámara Baja suprimió el barbarismo de la transcripción textual de su comparecencia. La expresión de la antigua titular de Igualdad es morfológica y semánticamente equivalente a “gorilo”, “especialisto” o “víctimo”.
 
Además de en torno a las mujeres, el pensamiento de la España políticamente correcta se estructura alrededor de otros dos grupos de personas: los homosexuales y los inmigrantes. Aquéllos sienten y exhiben el orgullo gay. A partir de aquí, si los heterosexuales no pueden sentirse orgullosos de su condición ni exhibirla por miedo a que alguien los considere homófobos, volvemos al terreno de la discriminación, pero en esta ocasión la del heterosexual. Como en el caso anterior, ni la ideología de la ortodoxia ni su lenguaje de hierro persiguen la igualdad, sino la sumisión del grupo antes dominante; sustituir una injusticia secular por otra más joven. El término heterófobo no existe. Por supuesto, tampoco se utiliza la expresión orgullo heterosexual.
 
Negros, gitanos, rumanos.
El pensamiento políticamente correcto suele referirse, en lugar de a negro, a hombre de color, pero no especifica de qué color es el hombre. ¿Alguien le ha preguntado al negro si prefiere llamarse negro, quizá porque no le avergüenza serlo y, en consecuencia, rechaza el eufemismo? Como éstos se emplean para edulcorar una realidad desagradable, quizá ese hablante instalado en la ortodoxia sea racista sin saberlo, quién sabe si por culpa de los medios de comunicación. Para muchos periodistas españoles, el negro es efectivamente un hombre de raza negra; el gitano, un ciudadano de etnia gitana; y el rumano, un ciudadano de origen rumano. (Si el gitano tiene la osadía de ser también rumano, la cosa se complica mucho). En cambio, el murciano sólo es un murciano. 
 
@rafaelcerro
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El periodista de Onda Madrid Rafael Cerro intenta demostrar que hablar correctamente puede, a veces, no ser cuestión de cultura sino de mera lógica. Estamos obligados a hacernos entender. Lázaro Carreter explicaba que el buen hablante no es el que practica el habla de la clase culta, sino el que domina más registros. “El lenguaje sirve para pensar; hablando mejor somos más libres”.

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