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Poliedros somos, que no esferas

12.09.2011 | 0 Comentarios
30 Minutos, doble vida
Sacerdote y piloto; taxista y astrónomo; teclista de rock e ingeniero; enfermera y actriz. Son ejemplos de algunas dobles profesiones que ejercen los protagonistas del último Treinta Minutos, titulado “Gente de doble vida”. Choca encontrar –y mucho- en este ortodoxo mundo de ceros y unos, de categorías en negro y blanco, a personas polifacéticas, multidisciplinares, ricas en matices y vertientes.
Yo, por mi parte, estoy cada vez más convencido de que los seres humanos nos parecemos más a poliedros que a esferas. Un poliedro, como saben, abunda en lados y aristas, en perspectivas insólitas, en facetas. En cambio, una esfera, por más vueltas que uno le dé, es lo que es: redonda; al igual que le ocurre a la luna, una esfera ofrece sólo una cara u otra, luminosa u oculta, visible o invisible, pero una sola.
Lo que les decía: somos polifacéticos, aunque no lo sepamos.
Sin embargo, cuidado con esta verdad; porque de la mano de los parapsicólogos de guardia, a mediados de los años 70 se popularizó la seductora teoría pseudocientífica que afirmaba que la mente sólo es utilizada por el ser humano al 10 por ciento de sus capacidades. Desde entonces, ya sea en una charla entre amigos, en una revista de divulgación o en una tertulia de radio, ustedes y yo hemos oído repetir hasta el hastío esta leyenda urbana, que pronto se convirtió en la perfecta coartada argumental para explicar hipotéticas capacidades ocultas como la telepatía o la telequinesia; según esta idea rocambolesca, esas capacidades permanecerían “latentes” en nuestro cerebro a la espera de ser despertadas por medio de la correspondiente iniciación.
Miren: yo no sé si la telepatía o la telequinesia existen, ni siquiera sé si sería especialmente conveniente o deseable que existieran; lo que sí sé es lo que afirman los neurólogos y psicólogos que han estudiado la inteligencia humana: en principio, mientras que la pereza no haya echado raíces profundas en nuestro entendimiento hasta el punto de atrofiarle, cada persona usa su cerebro todo cuanto le da de sí. No sé si esto es mucho o poco, pero es lo que hay. Podemos estimular, sí, nuestras capacidades (especialmente podemos potenciarlas en las fases tempranas de la infancia donde el cerebro es más dúctil); de adultos podemos también, claro, ejercitar la mente para hacer que nuestras potencias brillen con mayor intensidad; y podemos, por último, cultivar el más amplio espectro de facetas intelectuales (matemáticas, memorísticas, visuales, artísticas) para que resplandezca en nosotros una mayor riqueza cultural, humana y espiritual.
En este último sentido digo que somos poliedros y no esferas: en el sentido de que todos, a poco que nos lo propongamos, podemos hacer varias cosas enriquecedoras; y las podemos hacer medianamente bien. Otra cuestión es que tengamos tiempo o ganas de hacerlas. Dicho de otro modo: un médico, por muy vocacional y absorbente que sea su trabajo, no es sólo un médico. Es mucho más. Como tampoco un taxista es sólo un taxista. Ni un músico, ni un arquitecto, ni un camarero son únicamente la profesión que desempeñan. Y así, con todo. Y con todos.
Más allá de los hobbies de fin de semana, más allá del pluriempleo por imperativos pecuniarios, los seres humanos podemos desenvolvernos con éxito en ámbitos profesionales dispares. Sólo hay un secreto para ello: descubrir en qué podemos destacar, qué se nos da bien, y hacerlo con gusto, con devoción y con pasión.
En esta misma línea, el psicólogo e investigador Howard Gardner, autor de la teoría de las Inteligencias Múltiples (y próximo Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales), ha revolucionado la forma de entender el concepto de inteligencia y las diversas capacidades del ser humano: según Gardner, la inteligencia no sería cuantificable con una herramienta tan rudimentaria (y polémica) como hasta ahora ha sido el “cociente intelectual”; esto sucede así porque los seres humanos no disponemos de una única inteligencia, sino de “varias” inteligencias: lingüística, matemática, corporal, espacial, musical… Quiere esto decir que todos, ustedes y yo por ejemplo, sobresalimos en áreas diversas del conocimiento, tenemos potencialmente abiertos distintos campos profesionales y vitales. Otra cosa es que se nos presenten  oportunidades para desarrollarlos. O que podamos o queramos meternos en camisas de once varas; después de todo, como antes mencionaba, el ánimo humano es propenso a la pereza y a la ley del mínimo esfuerzo.
En cualquier caso, todos los protagonistas del reportaje “Gente de doble vida” confirman la teoría de Gardner: todos destacan con éxito en ámbitos tan dispares como la práctica de la medicina y la interpretación teatral. Son sólo dos ejemplos, pero son pertinentes.
Poliedros somos y no esferas mondas y lirondas; y lo somos para bien, porque servimos para ser útiles y múltiples, para aprender y poner en práctica lo aprendido, aún en estos convulsos tiempo de conocimiento fragmentado y súper específico.
Entiéndaseme bien: tampoco es que les proponga yo a ustedes convertirse de la noche a la mañana en unos Zelig, fabulosos camaleones humanos como el protagonista de la célebre cinta de Woody Allen, el cual, embebido de amor propio y empatía hacia sus semejantes y enajenado por un afán mal entendido de emulación, se convertía en todos y en ninguno.
Tampoco es eso. Pero, vaya…
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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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