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No te olvides de Wisdom

12.01.2011 | 0 Comentarios
Wisdom
Para el título de este nuevo post, tomo prestada la leyenda con que, invariablemente y durante todo el último año, el humorista gráfico Forges ha acompañado cada una de sus viñetas diarias en El país: “no te olvides de Haití”, nos recordaba Forges. Pido yo ahora, querido lector de este blog, que, si puedes, tampoco te olvides, de Wisdom Exantus, nuestro frame de esta semana. Él también es Haití; y también podría ser yo, también podrías  ser tú: Wisdom Exantus, estudiante de 24 años que trabajaba en un supermercado de Puerto Príncipe en el momento en que la tierra tembló, rescatado por los bomberos después de permanecer 12 días enterrado bajo escombros.
 
El frame de Wisdom es muchas cosas en una: es un ejemplo de supervivencia, es la fotografía de un milagro, es una instantánea de un renacimiento; es gratitud, es esperanza, es recuperación de la fe en el ser humano que lucha, que no se rinde, que quiere vivir, que quiere rescatar a otros, que quiere ser rescatado.
 
Como ocurriera con los mineros chilenos arrancados de las fauces de Atacama por sus compatriotas de la superficie después de meses de sepultura en vida, Wisdom y sus rescatadores revelan también un misterio en el que me detendré durante las líneas de este post.
 
Un ser humano salva la vida a otro ser humano. “¡Vaya misterio!”, dirán algunos. Ocurre todos los días. Ocurre todos los días, sí, y es un hecho sencillo, benigno, silencioso, que sucede en todas partes; que sucede, con toda seguridad, desde que el mundo es mundo, desde que este planeta nuestro que en cientos de milenios no se ha detenido ni un segundo en su girar ante los holocaustos y las calamidades, ante las guerras y los genocidios, ante los enésimos crímenes y atrocidades que por culpa del hombre han sido, son y serán. Después de decir esto, de sumar y hacer balance, que pobre y qué insignificante parece el hecho de salvar la vida a un semejante, ¿verdad? Se lo comentaba más arriba: esos salvamentos ocurren todos los días y, a menos que esos hechos hayan sido registrados por una cámara de video que acredite la espectacularidad de la imagen, rara vez son recogidos por las televisiones, por los periódicos, por la red, por la aldea global.
 
Sé que puede parecer que me pongo estupendo si afirmo categóricamente que no hay acontecimiento más valioso, más precioso, que mejor refleje lo que de bueno tiene el ser humano, que el panorama de contemplar a alguien arriesgando la vida por salvar a otro.
 
Vemos a Wisdom, desde el abismo, salvado por un desconocido que le ofrece su mano.
 
Ahora, quítenle si lo desean, señores antropólogos, señores biólogos, genetistas, psicólogos, filósofos, escépticos, expertos todos, quítenle todo el hierro que quieran al asunto; digan, pontifiquen, expliquen, razonen magistralmente que todo se debe a una reacción instintiva, a un impulso programado en los cromosomas, a una reacción empática de supervivencia de la especie humana. Lo siento, me perdonarán ustedes: si me dan una explicación tan pobre que sólo se base en esos argumentos, me parece que, de momento y mientras no me den mejores razones, no me voy a fiar de ustedes.
 
Creo -y lo creo firmemente- que el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Y lo es porque es capaz de elegir, de optar entre su propio beneficio y el de los otros semejantes. Creo que el ser humano, aún condicionado, es, finalmente, libre.
 
He dicho “creo”, y no “sé”. Y, por lo mismo, porque sólo lo creo, no puedo probarles que lo que afirmo sea una verdad irrefutable y eterna. Opino, ya lo sé: como ustedes. Y es que este debate imaginario que mantenemos ustedes y yo es tan viejo como vieja es la historia humana.
 
El rescate de Wisdom (nombre que en inglés significa “sabiduría”), el rescate de cada uno de los Wisdom que han existido y existirán, vale más para mí que la quinta sinfonía de Mahler, que el Duomo de Milán, que La fragua de Vulcano de Velázquez o que el Hamlet de Shakespeare.
 
No es que no valore yo estas y otras manifestaciones excelsas del espíritu humano, por supuesto; sería un necio si no lo hiciera. Lo que quiero decir es que, comparadas con un acto de sacrificio heroico, son más bien poquita cosa.
 
Por ello, ¿qué les parece crear una categoría de Nobel que premiase esto mismo, es decir, el heroísmo auténtico, con ejemplos concretitos pero universalmente inteligibles, evidentes, una categoría que se dejara de abstracciones y proclamara bien alto, al menos una vez al año, que la abnegación, no sólo la cultura, las ciencias y la economía, es también uno de los motores que mueven el mundo?
 
 
 
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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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