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No podemos conducir por ti

06.06.2011 | 1 Comentarios
30 minutos: coches muy seguros

“No podemos conducir por ti”. ¿Recuerdan? Hace cinco o seis años, fue slogan sonado (y polémico) de una de las campañas de la DGT sobre seguridad vial. De eso va precisamente el frame que están ustedes viendo: de coches que se conducen solos, de tecnologías que conducen por nosotros, que frenan y evitan obstáculos, que arrancan, que corrigen trayectorias, que deciden por nosotros; tal y como rezaba la admonición de la DGT, sólo que a la inversa.

Treinta Minutos acaba de emitir el reportaje titulado “Coches MUY seguros”, un exhaustivo recorrido por los más modernos dispositivos tecnológicos que gobiernan la toma de decisiones en los vehículos de alta gama. Porque no nos engañemos. Por ahí empieza todo: por los coches caros. Coches caros que, bastantes décadas atrás, fueron pioneros en incorporar los primeros cambios automáticos, los primeros cinturones con pretensores, los primeros airbags, los primeros ABS… los primeros salvavidas inteligentes.

Desde entonces, la investigación en seguridad activa y pasiva en el automóvil no ha parado de evolucionar. Y de democratizarse. De las grandes marcas de referencia, Audi, Volvo, Mercedes o BMW, los dispositivos que salvan vidas fueron extendiéndose al resto de los utilitarios.

Control de estabilidad, asistencia a la frenada de emergencia, regulador de velocidad, avisador de cambio involuntario de carril, luces adaptavivas asistidas por GPS, parabrisas automático, neumáticos anti pinchazo, cámara de visión nocturna, radar avisador de vehículos precedentes, arranque automático en atasco, lector de señales… podría seguir, pero la lista es interminable. Suma y sigue, pues.

Dónde quiero yo llegar con todo esto, se preguntarán ustedes.

Quiero llegar a la toma de decisiones óptima, que no es otra cosa que el correcto ejercicio de la libertad mientras conducimos. Hablo de la influencia del factor humano en la conducción, vaya.

Porque, en definitiva, a eso nos estamos refiriendo durante todo este post. ¿Somos los conductores humanos capaces de gestionar con eficacia y seguridad el manejo de nuestro propio vehículo, o, más bien, somos las personas algo así como un estorbo orgánico e inconveniente, por biológico, por impredecible, por impreciso, para el flujo seguro del tráfico rodado.

Si consultamos a cualquier fabricante o desarrollador de tecnologías de seguridad en el automóvil, la respuesta siempre es la misma: por sofisticada que sea la electrónica que implemente un coche, la decisión última siempre la tiene en sus manos el conductor, poseedor de la última soberanía ante cada advertencia, cada corrección o cada alarma automática que se dispare en el vehículo.

Está bien que así sea. Pero me pregunto durante cuánto tiempo seguirá prevaleciendo esta soberanía del conductor. ¿No llegaremos a un punto donde la decisión de la máquina –y el control subsiguiente- primer sobre cualquier consideración?

¿Creen que hablo de ciencia ficción? Imagino que, quienes la hayan visto, tienen en su cabeza ahora mismo las espectaculares imágenes de “Minority Report”, con Tom Cruise delegando la conducción en su bólido.

Ciencia ficción, dice. Ya, ya…

¿Sabían ustedes que Volvo, por poner un ejemplo, ha desarrollado un eficaz prototipo de coche que se conduce solo, con asombrosos resultados? Se trata de un coche que es capaz de circular por carreteras, por ciudades, de interactuar inteligentemente con otros vehículos, sin que esos otros vehículos sean capaces de discriminar si el cochecito en cuestión está siendo guiado por un humano o por un software inteligente, esto es, una computadora.

Es sólo el comienzo.

Nos guste o no, lo cierto es que cada vez hemos delegado más toma de decisiones en el coche: derrapar o no, colisionar con el coche precedente, virar en exceso al tomar una curva, recalentar los frenos, son circunstancias que siguen sucediendo, faltaría más, pero se trata de ocasiones en las cuales tiene cada vez menos intervención la mano del hombre. En todo caso, si aún tiene que ver esa intervención humana es porque, sabedores como somos de la tecnología que incorporan nuestros vehículos, apuramos los márgenes de seguridad. Es lo que los expertos en seguridad bautizaron hace tiempo como “teoría del riesgo constante”.

Pero, a lo que iba. Más nos vale hacernos a la idea de que los coches, poco a poco, van a ir asumiendo mayor control sobre la toma de decisiones. Ocurrirá algo así como con los aviones: artefactos donde los pilotos, aunque imprescindibles, han delegado la seguridad del aparato no tanto en su pericia como humanos sino en el preciso control de la informática, que, en definitiva, hace todo el trabajo duro. Pues los coches de andar por casa que conduciremos dentro de no muchos años, cada vez van a incorporar más elementos de control digital; no lo duden: la implementación del GPS interactivo (con flujo de datos bidireccional) así como del wifi en los vehículos (no tengo duda alguna de que ambas tecnologías vendrán “de serie”, obligatoriamente, en no más de diez años) van a transformar nuestra forma de conducir y de relacionarnos con los coches.

Hablo de la geolocalización milimétrica del vehículo, de la gestión externa de los flujos de tráfico, de la traza que dejaremos en cada trayectoria, de las auto correcciones de la trayectoria mediante radar. Hablo también de los dispositivos de detección de la DGT, que no sólo conocerán nuestra velocidad en tal o cual punto kilométrico, sino que tendrán gobierno y conocimiento sobre nuestros recorridos, siempre y en cada momento.

Sé que especulo; sé, por supuesto, que todos estos y otros dispositivos tendrán que pasar por la correspondiente homologación legislativa, por el control parlamentario y por la validación judicial en caso de que haya una colisión entre derechos y deberes.

Pero el fondo de la cuestión sigue ahí, inquietándome: la delegación voluntaria en nuestra toma de decisiones va a más. El ámbito automovilístico es sólo un territorio más.

Libertad, divino tesoro, ¿recuerdan?

Por eso, me parece más pertinente que nunca que nos planteemos la pregunta que da título a este post: “no podemos conducir por ti”. ¿O si no sí?

  • ¿Qué puedo decir? sólo que "un gran poder conlleva una gran responsabilidad, lo dejo a libre interpretación.
    18.06.2011 alias
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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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