Las buenas palabras

Mentiras sobre la crisis

10.05.2012 | 0 Comentarios
Ilustración alusiva a la guerra

Las palabras más peligrosas son las que condicionan nuestro pensamiento de manera subliminal influyendo en nuestra conducta sin que nos demos cuenta. En el caso de la información política y económica, buena parte de la culpa la tiene el periodista que no cuestiona nada de lo que lee. El que se limita al famoso copia y pega.

El ataque de los mercados
Es una mentira. No hay ningún ataque de ningún mercado. Lo que hay es un subterfugio del político para echarle a entidades extranjeras evanescentes la culpa de errores económicos cometidos por él o heredados del anterior gestor. Cuando pedimos dinero al exterior y nos lo cobran muy caro, hablamos de El ataque de los mercados. Esto exonera a nuestros gerifaltes económicos de responsabilidad ante un hecho innegable: que los inversores nos cobran el dinero cada vez más caro porque no se fían de que se lo vayamos a devolver. A Alemania el dinero le cuesta mucho más barato, pero no porque un escudo antimisiles la proteja del ataque monetario de ningún agente siniestro, sino porque los inversores creen que es muy probable que lo devuelva. Si los periodistas nos referimos a la estrategia de nuestros acreedores, el culpable de que el país esté hasta el cuello es el que pidió el dinero prestado o el que administra mal el que todavía nos queda. Pero si escribimos sobre el imaginario ataque de los mercados le echamos la culpa a alguien ubicado no se sabe dónde, escondido en un mercado que ignoramos qué es exactamente y con intenciones antiespañolas alumbradas quién sabe por qué tenebrosos motivos. Alguien a quien no se le pueden pedir responsabilidades porque está lejos y oculto. Pero, realmente, el único ataque es el del gobernante que ha hecho con nuestro dinero lo que jamás habría hecho con el suyo: gastar mucho más de lo ingresado.

Austeridad contra crecimiento
Los medios informamos sobre la oposición entre políticas de crecimiento y políticas de austeridad. Una sutil encerrona de falsos antónimos; crecimiento no es contrario a austeridad sino a decrecimiento, como pequeño es contrario a grande y no a mayor. Quien se orienta dice más grande; quien se pierde dice más mayor.

Ahorro suena positivo y es el término oficial ideal; austeridad, feo, es lo que utilizará el opositor bien asesorado. Es un disfemismo, una expresión que nombra una realidad con una expresión peyorativa. Pero ambos quieren decir lo mismo. Por otra parte, el político que decide seguir consumiendo recursos en plena crisis dice inversión. El que no quiere dice gasto. Vuelve a ser lo mismo con dos fachadas diferentes que se utilizan a gusto del consumidor para confundir a la gente.

Según la Real Academia Española, recortar significa “cortar o cercenar” lo que sobra de algo, y normalmente nadie quiere que le amputen nada. Por eso, unos hablan de ahorrar y otros, de recortar. Pero para señalar al mismo referente y, a veces, para manipular a los mismos ciudadanos. Cuando los políticos que hablan así intercambien los papeles, intercambiarán los verbos. Lo harán bien.

Bancos envenenados
Decir que el banco al que nosotros le regalamos dinero para que se salve porque alguien se lo ha cargado “está lastrado por activos hipotecarios tóxicos” no significa nada, pero constituye un eufemismo útil. Un buen intento. Más claro es el mensaje de que el banco “está pagando el haber concedido préstamos imprudentemente”. Lo malo es que se entiende.

@rafaelcerro

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El periodista de Onda Madrid Rafael Cerro intenta demostrar que hablar correctamente puede, a veces, no ser cuestión de cultura sino de mera lógica. Estamos obligados a hacernos entender. Lázaro Carreter explicaba que el buen hablante no es el que practica el habla de la clase culta, sino el que domina más registros. “El lenguaje sirve para pensar; hablando mejor somos más libres”.

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