Abre los ojos

Manchas de color

12.11.2013 | 6 Comentarios
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Pues es verdad que Madrid no es Florencia, pero nuestros cielos azules nada tienen que envidiar a los italianos. Si aún así echamos de menos la Toscana, qué mejor plan que visitar la exposición “Macchiaioli”, organizada por la Fundación Cultural Mapfre, para recibir un baño de luz y color.

La muestra, coproducida con los museos d’Orsay y l’Orangerie de París, reúne cerca de cien obras de Giovanni Fattori, Silvestro Lega, Telemaco Signorini, Giuseppe Abbati, Giovanni Boldini u Odoardo Borrani, todos ellos unidos en torno al crítico y mecenas Diego Martelli cuyo retrato de Federico Zandomeneghi nos da la bienvenida en la entrada.

Pero, ¿dónde empieza todo? Florencia,1855. Un grupo de jóvenes pintores emprende la búsqueda de un arte nuevo opuesto a la pintura académica y al romanticismo del que venían. Un reservado del caffè Michelangiolo será el lugar de encuentro donde discuten de arte y política. Les interesa, sobre todo, la pintura al aire libre. Los paisajes, al principio románticos, se transforman en cuadros de pequeño formato con fuertes contrastes lumínicos resultado de la aproximación de manchas de color. Y, precisamente, serán estas macchie las que les darán nombre. Macchiaiol,i o sea “manchistas”, es el término despectivo con el que el grupo será bautizado por la crítica y que pasará a la historia por su papel en la modernización de la pintura europea.

¿Qué temas tratan? Demos un paseo por las salas. En la planta de arriba hay paisajes de Cabianci, Fattori, Borrani o Abbatti quienes, a menudo, salían a pintar del natural juntos, como en la Escuela de Barbizon. Los cuadros se caracterizan por la inmediatez fotográfica, recrean un lugar preciso en un momento concreto como harán más tarde los impresionistas, a los que les une su interés por la óptica y el color. Pero los italianos, a diferencia de los franceses, introducen en sus cuadros la reflexión. Sus paisajes están habitados por campesinos, monjas o presos, no persiguen la denuncia social como en el realismo; se trata de una mirada idealista de la vida sencilla del campo. Un ejemplo son “Las aguadoras de Livorno”(1865) de Giovanni Fattori.

Pero lo más característico y original del grupo son sus pinturas sobre pequeñas tablas de formato rectangular muy apaisado –como en el Trecento y el Quattrocento- de no más de quince centímetros de alto. Muchas proceden de embalajes reciclados sobre los que se pinta directamente al óleo sin imprimación dejando a la vista las vetas de la madera. El resultado son paisajes donde todo está muy concentrado, la minuciosidad descriptiva deja paso a composiciones donde sólo hay masas de color como en “La rotonda de Palmieri” (1866) de Giovanni Fattori.

Los macchiaioli fueron también cronistas políticos. Durante la primera mitad del siglo XIX surge en Italia un gran movimiento nacional patriótico y los jóvenes pintores se comprometen con la causa y participan en las distintas guerras y campañas por la Unificación. Los cuadros se llenan entonces de soldados luchando o heridos que son un homenaje a la soledad y el desencanto -como en “De guardia” de Fattori (1871)- más que un canto al belicismo.

En la planta baja y, dejando atrás el periodo más novedoso de la macchia, los artistas abordan otros temas. La localidad de Piagentina se convierte en el nuevo refugio del grupo y allí se dedican a retratar a la tranquila y elegante burguesía. Abundan las escenas de intimidad femenina, como “El canto de una copla” (1867) de Silvestro Lega. La experimentación parece haber dado paso a la serenidad.

La última sala está dedicada al pintor español Mariano Fortuny (1838-1874) que, después de abandonar el preciosismo, encaminó su obra hacia la pintura al aire libre, acercándose a los presupuestos estilísticos de los macchiaioli. Maravillosa es su “Playa de Portici” (1872-1873), una mínima tabla rectangular donde el pintor de Reus demuestra su fascinación por la luz y el claroscuro.

Además de con una cronología y las biografías de los artistas, la muestra se complementa con fotografías y la proyección de una selección de escenas de las películas de Luciano Visconti “Senso” (1954) y “Il Gattopardo” (1963). Vestuario, personajes o encuadres parecen salir directamente de las pinturas.

Hemos llegado al final. La exposición es, sin duda, amable, intimista y llena de una poesía que, como ansiaban los macchiaioli, consigue que todo se reduzca al color. Luces y sombras. Todo lo demás desaparece.

Si queréis ampliar información os sugiero la monografía clásica del historiador Albert Boime  y un par de presentaciones más didácticas


http://est.indire.it/upload/06-ITA01-S2G01-00354-2-prod-009.pdf

http://www.ilsaggio.it/lezioni/macchiaioli.pdf

María Vera


 

  • Me ha gustado mucho tu reseña, enhorabuena!
    19.11.2013
  • He tenido la oportunidad de visitar esta esplendida exposicion. No me defraudo, las pinturas son como las describes y trasmiten mucha serenidad. El uso del color y las sombras lo mejor. Aun tengo en mi bolso el triptico. Muy recomendable, si ademas preparas tiempo para le exposicion de fotografías de la España, una visita muy gratificante.
    13.11.2013
  • Después de esta reseña apetece ver la exposición !!!
    12.11.2013
  • Muy interesante para los que no somos expertos en arte
    12.11.2013
  • Estupenda e interesante recomendación !!.
    12.11.2013
  • Muchas gracias. Espero seguir así.
    12.11.2013
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He sido siempre una apasionada del mundo del arte, me recuerdo adolescente comprándome en el kiosko unos coleccionables sobre museos del mundo que todavía conservo en casa. Cuando me licencié en la facultad me dediqué al arte moderno,  centrándome en Dalí, protagonista de mi tesis y de alguna de mis publicaciones. Ahora, en este blog, me apetece compartir con vosotros mis visitas a  las más interesantes exposiciones de Madrid, a sus museos y sus galerías, y teneros al tanto de la actualidad artística. ¿Os animáis a patear la ciudad conmigo?

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