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Made in Spain

30.10.2012 | 0 Comentarios
Made in Spain

 Todo en la vida es cuestión de perspectiva. China también. Uno contempla el mapa de China, con su extensión infinita y sus fronteras milenarias, y piensa: “esto no es un país; es un continente…”. Esta aparente verdad es, desde luego, bien cierta si se compara a China con Portugal o Suiza, pero no lo es si se coteja a China con Brasil, Rusia o Estados Unidos. Otro ejemplo; abre uno un atlas actualizado, mira la estadística y repara en que China ha sobrepasado con creces los 1300 millones de habitantes, mientras nosotros, España, sólo somos 48 millones de ciudadanos. Entonces, uno dice: “cuánta razón tenía aquel francés mayúsculo, Napoleón, cuando pronosticó que cuando China despertara el mundo temblaría”.

Ahora, digo yo, desde mis dimensiones de español minúsculo: como todo en la vida es cuestión de óptica ¿y si Napoleón se equivocaba en el enfoque de la perspectiva?

Me explicaré mejor.

Hace no mucho escuché en una entrevista radiofónica al célebre periodista y escritor Javier Sierra, que hablaba acerca de su última novela, “El ángel perdido”. Explicaba Sierra que tenía que viajar hacia China para emprender una extenuante ruta con el fin de promocionar su libro a lo largo y ancho del país asiático; según Sierra, era ésta una gran responsabilidad, porque el simple hecho de que su novela hubiera sido traducida al idioma chino era ya un triunfo; si gustaba el libro, sus potenciales lectores podían contarse por decenas de millones. Como mínimo.

Desde entonces, he dado vueltas en la cabeza a aquella reflexión de Javier Sierra y he llegado a una conclusión, la conclusión con la que comenzaba este post: todo es cuestión de perspectiva. A menudo, a la manera napoleónica, percibimos el modelo de expansión económico chino como una potencial amenaza; es decir: tememos el omnipresente “made in China” porque observamos que los chinos, esos 1300 millones largos de almas, son capaces de producir bienes de manera rápida y eficiente, en progresión casi geométrica. O sin casi: en progresión geométrica. ¿Cómo podremos competir con esto?, decimos. Contemplamos esta realidad y nos asusta; nos asusta porque somos la vieja Europa, la Europa que está inmersa en una crisis de identidad que nos tiene empantanados, aparentemente, en un irreversible sino de decadencia y fatalidad.

Pero, como digo, todo es cuestión de cómo observemos el mapa, y de la perspectiva que adoptemos al mirar: Javier Sierra, cuya editorial está plenamente convencida de la bondad del producto que escribe el autor de “La cena secreta”, de la potencial fascinación que puede desplegar su ficción allá donde ésta se exporte, apuestan por China, porque observan al gigante asiático como un fabuloso mercado deseoso de consumir literatura. ¡Bien por la editorial y por Sierra, que lo han sabido ver y han decidido apostado por ello!

Pensemos ahora en todos y cada uno de los ciudadanos chinos que residen y trabajan en España. Más de 200.000, según las últimas estadísticas.

Podemos ver a esas 200.000 personas que hablan un idioma extraño como ciudadanos encriptados en una cultura que no comprendemos y que no nos comprende. Podemos pensar que son impermeables, que no tienen más interés que trabajar y que mirar por el espejo retrovisor emocional la patria natal que han dejado atrás, a la que anhelan volver en cuanto hagan fortuna en nuestro país.

Podemos verles así, pero también podemos estar equivocados al hacerlo. Podemos confundir la perspectiva.

Porque, en lugar de esto, podemos verles también como a 200.000 embajadores de ida y vuelta, embajadores bidireccionales, de un país que tiene 1300 millones (largos) de potenciales clientes capaces de apasionarse con las mil y una variedades “made in Spain” que conforman lo que ahora ha venido en denominarse “Marca España”.

No tengamos estrechez de miras. Los españoles, digo. Ningún país, por exótico que sea, por lejana y diferente que nos parezca su cultura, por impenetrable que nos resulte su psicología colectiva como pueblo, ya sea China, India o Kazajstán, es absolutamente impermeable a la seducción de las cosas bien hechas.

Si China –o buena parte de los chinos- han quedado fascinados por la oferta de Javier Sierra, creo que es posible hacer otro tanto con las enésimas manifestaciones de la “Marca España”.

Les pondré otro ejemplo bien fácil de comprender: hace bien poquito, apenas un mes, la chocolatería San Ginés abrió su primera sucursal… ¡en China! De nuevo, es sólo el comienzo.

O sea: que algo tan castizo como un chocolate con churros es capaz de cautivar no sólo a los de aquí, a los convencidos, sino que también ha fascinado también a los exóticos paladares de millones de personas que jamás han probado el jamón ibérico, la tortilla de patatas o la paella. ¡Vaya! Nos parece éste un prodigo, una pirueta gastronómica, una cabriola sin red en el vacío. Pero no lo es. Es otra cosa: se llama apuesta. Se llama tener fe en las cosas buenas, en las cosas bien hechas; se llama tener fe en lo nuestro, en nosotros mismos; se llama confiar en la idea de que  funcionará con otros, con los semejantes lejanos, lo que antes nos ha hecho tanto bien a nosotros mismos durante muchos siglos. Hablo de chocolate con churros, de paella o de literatura como quien podría hablar de guitarras flamencas, del AVE, del TALGO, o de los zapatos levantinos.

Pongan ahora, queridos lectores, los ejemplos que ustedes quieran. Seguro que hay tantos como españoles campamos por la piel de toro. Sólo es cuestión de reparar en ellos y de reivindicarnos a nosotros mismos. Lo cual, dicho sea de paso, no es empresa fácil. Por ser nosotros quienes somos. Ya me entienden. 

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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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