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Los triunfadores

17.02.2012 | 0 Comentarios
Estatua viviente
Hay triunfos y triunfos, ustedes, ustedes ya saben.
 
Por ejemplo: triunfo es, para mí, colgarse al cuello una vieja Fender de imitación y un ampli de 10 watios enchufado a una batería de coche y dejarse los dedos en el mástil de una guitarra ingrata, tocando blues en un rinconcito de Ópera o de Calle Mayor con la esperanza de que algún día, quizá, a fuerza de dar ejemplo, el género de B.B King levante el vuelo en España, y, entretanto, no digo que no, que caiga alguna que otra monedilla para poder cenar caliente.
 
Triunfo, para mí, es tener treinta años, o cuarenta, y seguir cantando swing o cabaret o soul o jazz a pleno pulmón y a la intemperie, garganta al viento de enero, y no desistir, en la confianza de que la suerte sonreirá mañana, a la vuelta de la esquina, encarnada en el mecenazgo de un productor cazatalentos con sensibilidad de gourmet.
 
Triunfo es, para mí, ser un actor inquieto que se queda forzosamente quieto, muy quieto, dos o tres horas, o cuatro, en medio de una plaza, quieto como estatua de hielo congelada en el tiempo, congelado de frío, de pasmo, de asombro, quieto como para congelar la atención del transeúnte que, por un instante, se detiene a mirar y mira y sonríe y rasca alguna calderilla, aunque sean los últimos céntimos del cambio olvidado de un billete de autobús.
 
Es triunfo, para mí, ser malabarista o acróbata y aguantar el tipo y ver, desde un semáforo de la Glorieta de Pirámides, de lejos, que llega a Madrid el Circo del Sol y el Circo Mundial y el Circo Ruso, u otros tantos, y que todos los circos izan sus carpas y se llenan de público, y que, tras llenar, repliegan los circos sus velas y migran de ciudad, año tras año, sin que nada cambie, sin que el verde, el amarillo y el rojo del semáforo prolonguen un solo segundo sus perpetuos intervalos.
 
Para mí, triunfo es haber sido maestro violinista en una orquesta de San Petersburgo o de Kiev y haber cumplido los cincuenta y cinco y haber perdido hace ya no recuerdo cuántos años el empleo y haber tenido que venir a España con un billete de ida para interpretar una partita de Bach en Callao con un violín recauchutado de tercera mano; triunfo es que, a pesar de todo esto, se alce la música de Bach en la noche estrellada como si Menuhin o Perlman la acariciaran.
 
Triunfo es, para mí, llamarse Yuki o Koyi, ser guitarrista clásico y, por amor a España y al Quijote, coger un avión desde el país del sol naciente para arribarse hasta la Plaza Mayor con la ilusión de que Sor, Tárrega o Rodrigo, en armonía con el empedrado, los arcos y el cielo azul de Madrid, puedan sonar tan espléndidos como si les interpretara un gaditano o un oriundo de Graná.
 
Triunfo, para mí, es no avergonzarse de haber completado estudios de arte dramático en Buenos Aires y trabajar ahora como mimo, como monologuista, como trovador, y verte obligado a ofrecer lo mejor de tus tablas y de tu arte en un escenario de asfalto, con el único auditorio de gentes noctámbulas que recalan por las terrazas sempiternas del centro, volteado el sombrero en la mano, la voluntad, que no pido para mí, se lo aseguro, que no lo necesito, que solicito tan sólo una ayudita pecuniaria para mi personaje, el cual, a estas horas intempestivas, el pobre, empieza a pasar hambre de tantas horas en pie.
 
Triunfan todos estos artistas, para mí, y me llegan al alma, directamente, sin necesidad de operaciones catódicas, sin factores cosméticos ni prótesis publicitarias. Sin algarabía ni pataleta, sin frivolidades gratuitas y sin aspavientos, sin espaldarazos ni golpes de talentazo “tú–sí-que-vales”.  
 
Triunfan estos sin hacer más ruido que el ruido de su arte, el verdadero arte, esa música callada que, de tan discreta y suave, se eleva hacia el éter rápido, rápido, y sube y sube hasta alcanzar las mismísimas esferas.
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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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