La Opinión de Hermann Tertsch

Llorando la propia suerte...

17.06.2011 | 0 Comentarios
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Como todos sabrán ya Grecia se hunde inexorablemente. En la quiebra, en la miseria y mucho hay que temer, en el caos.

Se hunde porque no supo reaccionar ante la crisis. La crisis llegó por igual y al mismo tiemp a los países del norte como a los del sur. Todos lo pasaron mal. Tuvieron que hacer recortes y renunciar a muchas conquistas que ya se creían derechos adquiridos. No lo eran y así se reconoció en muchos.

El resultado está a la vista. Los países cohesionados y desarrollados reaccionaron con madurez, sentido común, solidaridad nacional y conciencia de la gravedad de la situación. Se desmantelaron regulaciones para una mayor flexibilidad. Se aceptaron salarios mínimos realmente mínimos.Se incentivó la creación de autónomos para crear redes hasta entonces desconocida.Y se impulsó al empleo barato en lo que eran bolsas sociales de beneficencia.Hubo protestas por supuesto.

Pero los estados defendieron las leyes y el orden público.En esos países la crisis hoy es historia. Algunos, como Austria, Alemania, Holanda o Dinamarca tienen el índice de desempleo más bajo de los últimos treinta. Crecen a ritmos muy razonables. En otros países sin embargo, véase Grecia, nadie tomó en serio la crisis. Y se siguió viviendo por encima de las posibilidades. Cada vez peor, pero tirando.

Ese gran pacto nacional para la trampa llevaba la corrupción desde la cúpula hasta las capas más humildes.Unos estafaban al Estado con cifras falsas, otros con desviaciones de fondos europeos, todos más o menos con el fisco, con sueldos superiores a la productividad, con subvenciones de mil tipos. Todos acusaban a los demás de corruptos pero nadie quería cambiar su propia actitud.Ni por supuesto admitir recorte ninguno que le afectara. Todas las trabas que protegen intereses adquiridos se mantienen. O se rebajan cosméticamente.

Sólo se estaba de acuerdo con el gobierno en que la pobre sociedad griega no tiene la culpa de nada.Y que al no hacerse responsable de la situación, tampoco se hacían responsable de las consecuencias. Esta actitud infantil de exigir a otros soluciones para los problemas propios llevó a la frustración. Lógico. Y se agravaron y radicalizaron los reproches a todos los que, según ellos, debían solucionarles los problemas. Y convirtieron en enemigos a quienes les prestaban dinero, despreciando el hecho que necesitaban les prestaran más para vivir.

Sin reconocer todos sus problemas, cada vez más agudos.Y siempre autocompadeciéndose. Llorando su suerte. Y encontrando culpables en los países a los que les va mejor, la Unión Europea y quienes aún les prestan. Y creen que si el mundo cambia radicalmente, la culpa es del mundo. Y ellos tienen derechos y derechos. Sobre todo derecho a ignorarlo. Y surgen así los peores instintos. Hay que odiar al que se envidia. Y se buscan chivos expiatorios.Y se recurre a la violencia. Y la vida se hace irrespirable. No se evita ninguno de los sufrimientos. Y las soluciones cada día están más lejos...

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El periodista Hermann Tertsch repasa cada noche la actualidad desde un punto de vista crítico y analítico. De lunes a jueves, en Diario de la Noche.

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