La Opinión de Hermann Tertsch

Lengua castellana

08.09.2011 | 0 Comentarios
Artur Mas

Cómo se han puesto, señores. Oyéndoles sus proclamas incendiarias, cualquiera diría que se quiere prohibir el catalán. O imponer la lengua oficial de todos los españoles en todos los rincones de Cataluña de los que ha sido expulsada. Qué va. Ni mucho menos. Tan sólo se les ha dicho que cumplan con una sentencia del Tribunal Supremo. Que si destaca por algo es por su timidez. Pide tan sólo que se permita a las familias catalanas que lo pidan, que sus hijos tengan más asignaturas en lengua española. ¡Qué horror! ¡Qué ofensa! ¡Qué agresión! En fin, ahí lo tenemos.

El despliegue total del victimismo proverbial de los nacionalistas. Y el alarde de su capacidad de manipulación. Oigan, que nadie les quita ningún derecho. Incluso el derecho a estudiar todo el bachillerato entero sólo en catalán. Y tienen perfecta libertad para lograr que sus hijos, cuando lleguen a adultos, no sepan nada de castellano, esa lengua que hablan 400 millones. Son libres de mutilar la cultura y el desarrollo de sus propios hijos. Impidiéndoles que crezcan bilingües dominando correctamente ambas lenguas. Y pueden libremente decidirse porque sus hijos hablen si acaso un castellano zarrapastroso. Repleto de faltas como ya se sucede en las últimas generaciones. Tienen toda la libertad para su propia inmersión. Pero por favor permitan que aquellos catalanes que quieren aprovechar las dos lenguas que se desarrollen libremente en ellas.

Entre demócratas, entre partidos que defienden la libertad de elección en todos los campos de la vida, no debería ser un problema. Pues es un problema y es un drama. El Gobierno de la Generalidad defiende la expulsión total del castellano en las escuelas caiga quien caiga. La inmersión lingüistica, ese eufemismo para hablar de la persecución sistemática del español, es dogma, es religión para los nacionalistas. Que en Cataluña son todos menos el Partido Popular y Ciudadanos por Cataluña, un pequeño partido que se bate con coraje por la libertad.

El presidente de la Generalidad Artur Mas cuyos hijos van a un colegio privado de élite, trilingue y por supuesto sin inmersión, dice que "no le toquen las narices". Su antecesor y líder socialista, Montilla, que tiene buen cuidado de llevar a sus hijos a otro colegio privado de élite, el Alemán, se adhiere a la defensa numantina de una imposición que no afecta a los hijos de ambos. Ni el fallo del TSJC, ni la amenaza de multa e inhabilitación por desacato les asustan, nos dicen.

En realidad esta sobreactuación tiene más causas que el auto del Supremo de Cataluña que le da a la Generalitat un plazo de dos meses para cumplir la ley.Primero está el miedo a la libertad.Si unos niños consiguen que se cumpla la ley y gozar de un bachillerato auténticamente bilingüe temen que en el curso próximo sean legión los padres que lo pidan. Hoy muchos no lo piden por miedo. Por la inmensa presión social existente. Si no estuviera tan mal visto pronto podrían ser -que horror- hasta una mayoría. Y se desmoronaría la imagen tan conveniente para el nacionalismo de una Cataluña homogénea, toda envuelta en la senyera.

Llega además justo después de un acuerdo de Estado para la reforma constitucional entre el PSOE y el PP. Y en vísperas de una victoria del Partido Popular, el único partido con un concepto claro de la nación española. Después de que el PSOE renunciara con Zapatero definitivamente a ella. Hay pánico a que al nacionalismo se le acaben sus medios de chantaje.Y este plazo para cumplir una ley o afrontar las consecuencias se antoja un terrible despertar para quienes han jugado a ser independientes. Se impone la realidad y para algunos es espantosa.

 

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